Opinión

Misión imposible: reindustrializar España. ¿Para cuándo?

Manifestación de trabajadores de Alcoa en La Coruña Manifestación de trabajadores de Alcoa en La Coruña

Manifestación de trabajadores de Alcoa en La Coruña / Archivo

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Las empresas son punteras y las naciones boyantes por la buena gestión de sus ideas. Sin ideas y sin estrategia, no hay progreso, ni industria y sin industria no hay futuro. Dicho esto: ¿posee la economía española suficiente innovación e industria para ser competitiva?

Vivir es experimentar, evolucionar y en lo más hondo, luchar contra las adversidades que quiebran nuestra armonía y economía. Y es que la realidad, como decía Ortega, consiste en: “Actuación de la circunstancia sobre mí y de mí sobre la circunstancia”.

Entre dicha circunstancia y su adversidad, la vida nos impulsa a realizar nuestra vocación, para hacer algo con nuestra subsistencia y para la sociedad. Ese hacer significa fabricar, crear un elemento que dote de bienestar y riqueza al vivir. Para ello, el esfuerzo es vital y en función de cómo gestionemos ese esfuerzo, la vida devendrá en éxito o en fracaso. Anejo al esfuerzo, se necesita un resorte elemental, portador de camino al éxito: las IDEAS. La fábrica de las ideas es el motor de la creatividad, la industria y la raíz del éxito. Un ecosistema económico, exento de ideas, innovación e industria, está condenado a muerte.

Recurrir al inversor extranjero para reindustrializar un país deviene en craso error

Arribados a esta conclusión, ¿qué medidas se están ejecutando para industrializar España?Incrementar la oferta y abaratar el precio del suelo industrial, internacionalizar mercados, diversificación productiva, aumentar el gasto en I +D o atraer a una gran multinacional.

Éstas son algunas de las recetas, cual reiterados mantras sobresalen a diario como dogma único para impulsar la industria y el empleo. Los resultados de tales medidas han cobrado aumentos en exportaciones, así como en aterrizajes de nuevas industrias en ciertas zonas, si bien a escala incipiente y desigual territorialmente. Ahora bien, al margen de ser medidas acertadas, con resultados notables, éstas pecan de insuficientes y archibásicas; la industria tiene hoy 522.622 cotizantes menos que en diciembre de 2007.

Hoy hay medio millón menos de cotizantes en el sector que en diciembre de 2007

De entre tales recetas aplicadas, la llamada al inversor internacional descolla como pócima vociferante para reindustrializar España. Una muestra de ello, ha sido la conquista de Tesla, fabricante norteamericano de coches eléctricos. De esta guisa, en el albor de este año, numerosas ciudades españolas aspiraron a cautivar dicha multinacional, con tal de lograr así un codiciado revulsivo industrial. Aquel alarde de conquistar Tesla, quedó en: “compuesta y sin novio”, ya que el fabricante norteamericano se casó con China. Ahora, otra iniciativa emula igual proceder, esta vez con empresarios chinos, en aras de fabricar en España baterías para coches eléctricos.

A la operación de atraer empresas se suma la deslocalización de otras; caso del sonado y reciente cierre de la planta leonesa de palas eólicas, de la multinacional Vestas. El súbito cierre de dicha factoría ha tenido una fuerte reacción por parte de distintas administraciones, sindicatos y trabajadores. A las peticiones para evitar el cierre, se sumaron viajes institucionales para impedir tal catástrofe. Vestas se mantuvo impertérrita, ha cerrado. Análogo acontecer se repite ahora, en La Coruña y Avilés, con las plantas alumínicas de la americana Alcoa.

La historia se repite. La política pordiosera de captar Teslas o la anunciada, tras el fiasco de Vestas, en buscar un nuevo Mister Marshall, se convierte en la arista de un gigantesco iceberg repleto de casos, donde la mentalidad principal radica en puchero de limosna extranjera, aderezado con subsidios públicos y beneficios fiscales como plato único para impulsar nuestra industria. Resultado: “Fábrica para hoy y deslocalización para mañana”.

Entre esta marea de recaudo limosnero, sería injusto ignorar que sí existen empresas españolas emprendedoras y osadas, dispuestas a invertir, innovar y fabricar en solar ibérico; por ejemplo, baterías para coches eléctricos. Aún así, se recurre a la inversión extranjera como flotador salvavidas.

En suma, recurrir al inversor extranjero, para reindustrializar una nación deviene en craso error. Análogo parecer se puede decir de las recetas fiscales anteriormente mencionadas, meros remiendos, con resultados insuficientes, desiguales, volátiles y anclados en la lógica lineal, en lugar del pensamiento divergente, verdadero embrión de las ideas y por ende, de la industria en mayúsculas. Y es que cuando se acostumbra a una sociedad a que los problemas se arreglan con la llegada de un Rockefeller, se aniquila así la capacidad creativa de un pueblo, de un individuo y de una nación. La atávica cultura de la limosna y del bienvenido Mister Marshall, tan enraizada y aún presente en nuestro ADN, tiene que ser suplantada por una nueva mentalidad. Nuestra industria necesita aplacar la deslocalización e incubar una nueva mentalidad productiva e industrial basada en la responsabilidad, la autoconfianza, el esfuerzo, el impulso emprendedor y en definitiva, en la fábrica de las ideas: la CREATIVIDAD. Las soluciones ante un cierre fabril, desempleo, vacío industrial y menester de oportunidades se hallan en el poder intrínseco de la imaginación creativa.

En un próximo ensayo presentaremos qué es y cómo se aplica la cultura de la CREATIVIDAD, como herramienta fundamental para solucionar problemas y como resultado, promover la industria, la competividad, generar riqueza, valor añadido, empleo de calidad y bienestar.

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