Tribuna Económica

Gestión pública y televisión española

  • La necesidad de definir un modelo de TV pública parece no tener arreglo en nuestro país. Este problema afecta incluso con mayor intensidad a los canales autonómicos.

TODAS las cadenas de TV, públicas y privadas, compiten en la actualidad con nuevos jugadores. El espectacular aumento de los canales temáticos por satélite, en primer lugar, y la proliferación de operadoras por cable y por la línea de teléfono -con la tecnología IPTV- posteriormente, ha producido una gran fragmentación del espacio televisivo, de manera que las operadoras tradicionales por aire han ido perdiendo cuota de mercado en favor de esos nuevos jugadores.

A este panorama se ha añadido, desde hace unos diez años, la distribución de contenidos tradicionalmente televisivos por las redes de internet. El escenario es hoy mucho más complejo y competitivo que el tradicional.

Las grandes cadenas de TV tradicionales han respondido lanzando canales temáticos y distribuyendo éstos por internet. Nuevos y muy potentes jugadores, como HBO y Netflix, preparan su desembarco en España y aumentarán la presión competitiva sobre todos los actuales canales, incluyendo los de RTVE.

Estas transformaciones han revolucionado la estructura de las cadenas tradicionales, tanto en organización como en competencias técnicas de los empleados, y los propios objetivos de las empresas televisivas.

Un informe sobre RTVE publicado estos días en la prensa pone de manifiesto, entre otros aspectos fundamentales, la falta de adaptación de la RTVE al nuevo entorno digital y de distribución de contenidos por internet. No parece, adicionalmente, que existan ni los recursos ni la intención de modificar ese estado de cosas.

La audiencia no es la única variable a considerar cuando se trata de evaluar el papel que juega una cadena de TV no comercial. Pero resulta, al menos, significativo del interés del público. Los canales de Mediaset alcanzan el 31% de la cuota de audiencia, los de Atresmedia el 27%. Los canales de RTVE no llegan al 17%. En particular, La 1 de RTVE tiene una cuota inferior al 10%. Ha caído en la irrelevancia a pesar de contar con un presupuesto notablemente superior al de los canales privados.

La necesidad de definir un modelo de TV pública parece no tener arreglo en nuestro país. Este problema afecta incluso con mayor intensidad a los canales autonómicos, convertidos, sin excepción, en aparatos de propaganda de los ejecutivos regionales.

No se dibuja un buen escenario para el futuro. La elevada edad media de la plantilla de RTVE requeriría nuevas contrataciones de personal joven y muy orientado hacia el mundo de internet. Pero después del escandaloso ERE llevado a cabo el año pasado, no habrá recursos. El ERE afectó a 4.000 empleados, que se han ido con unos sueldos que en 2020 serán superiores a los que tenían en activo, sin trabajar. En total, nos ha costado a los contribuyentes más de 1.700 millones de euros. Adicionalmente, la mayoría de los trabajadores beneficiados están trabajando en canales privados, a pesar de que lo tienen prohibido.

Pese a las críticas que se vertieron en su momento, el gobierno de Zapatero intentó aplicar el modelo de la BBC, con una gestión independiente. El de Rajoy lo hizo saltar por los aires ¿Qué podemos hacer con una TV pública que nos cuesta 1.000 millones de euros al año y que está tan mal y partidistamente dirigida? ¿Y con las autonómicas?

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios