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Tribuna Económica

gumersindo ruiz

La Bolsa habla gritando

Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo (BCE), recibió la semana pasada presiones de los mercados de capitales para poner fin al programa de compra de deuda pública y privada. Los tipos de interés no tienen ya margen; en España, a un año, están en negativo (-0,16%), y en Alemania, en el -0,63%. No se destaca tanto que el banco ha acumulado 2,6 millones de millones de deuda de países del área del euro, y la va a mantener y reinvertir a medida que vaya venciendo; además, puede comprar y vender deuda de plazos distintos, influyendo en los tipos, a la baja, si hace falta.

¿Qué esperaban las bolsas? En 2018 las europeas están todas en negativo, con el Íbex perdiendo un 13% -aunque el Íbex de pequeñas empresas está casi a la par; subió un 31,4% en 2017 y 8,9% en 2016-. Sin embargo, Draghi señala que la economía europea está bien, crece por encima del 2%, la creación de empleo es sostenida, los precios también, lo que es muy positivo al superar la temida deflación, y tiene un superávit exterior de 480.000 millones de euros. Además, aunque hay diferencias, estos datos son positivos para todos los países. Hay dos ideas destacables de su intervención. Una, que la demanda de consumo interna tiene que crecer, porque descansamos mucho en el sector exterior que sufre las consecuencias del proteccionismo norteamericano, y para ello los salarios han de subir; la idea del incremento del salario mínimo en una economía en crecimiento es buena, y no debería verse como algo negativo para el empleo -la evidencia más fiable es quizás la del Center on Wage and Employment, que encuentra que la ola de subidas de salarios mínimos en ciudades norteamericanas, no reducen empleo-, sino necesario para fortalecer la demanda, y simbólicamente paliar el insoportable incremento en la desigualdad que padecemos. La otra idea es la política fiscal, en la que Alemania marca una nueva tendencia al no bajar impuestos, pese a ingresar más de lo que gasta, y anunciar más inversiones en investigación, desarrollo, y defensa; este camino de impulsar la economía y mantener un razonable equilibrio presupuestario es lo que hoy necesitamos.

Hay que tener la responsabilidad -dice Draghi- de no confundir lo transitorio con lo permanente (Bolsa, y fundamentos de empresas magníficas); lo específico de un país con lo general (Italia, y la UE), la coyuntura de un sector, con su fortaleza real y su futuro (banca y automóvil). Estos años hemos escuchado los gritos de la economía convencional alertando de que la política del BCE generaría inflación, y que la deuda pública -consecuencia, no causa, de la crisis-, llevaba a la ruina; hemos aguantado hasta ahora los populismos nacionalistas, entre ellos el Brexit, y mil conflictos cotidianos. La economía real trabaja en silencio, y los mercados y algunos gritan. Cuando el inspector Gregory le dice a Sherlock Homes, sin darle importancia, que en la noche del crimen no se había oído ladrar al perro guardián de los Barkesville, Homes le contesta que sí es un hecho relevante, a tener en cuenta. Quizás debamos prestar más atención, para lo bueno y también para lo malo, a la ausencia de ciertos hechos, pues en ellos puede estar la explicación silenciosa de los misterios de la economía.

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