Joaquín Aurioles

Universidad de Málaga

Andalucía no puede seguir así

El documento del Observatorio Económico sobre cuál debería ser el debate electoral en la región trunca el triunfalismo del partido gobernante

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Lo esencial del documento que acaba de difundir el Observatorio Económico de Andalucía (OEA) se refleja en el primero y en el último párrafo. En el primero se señala que la economía andaluza es demasiado pequeña para generar un volumen de empleo acorde con el tamaño de su población, para sostener el sistema de bienestar con sus propios recursos; es decir, con independencia de transferencias de renta desde otros territorios, y para ofrecer un futuro digno a la juventud. En su último párrafo nos invita a rechazar el juego dialectico con el que cada partido intenta llevarnos al terreno en el que tiene ventajas y a exigir un debate electoral en profundidad sobre economía y el largo plazo. No se trata de competir con los escándalos de corrupción, con el añejo debate de las izquierdas y las derechas, o con dramas como la emigración o la violencia de género, sino de impedir que el interesado manejo de los tecnicismos y el impacto mediático de lo inmediato terminen por arrinconar el análisis sobre la deplorable situación de la economía andaluza y sobre las políticas económicas más adecuadas para que en algún momento se pueda comenzar a pensar en el futuro que debemos construir.

Andalucía no puede seguir así, viene a decir el OEA, en abierta y lógica contradicción con el triunfalismo del partido gobernante. Para éste, el comportamiento de la economía andaluza durante los últimos años ha sido ejemplar, tanto en términos de convergencia como de empleo, aunque las estadísticas digan más bien lo contario.

La comunidad debería estar beneficiándose de la recuperación, pero no está siendo así

Una de las reglas más estables desde que existen las autonomías es la asimetría cíclica regional, según la cual las comunidades atrasadas lo suelen pasar peor que las más avanzadas en periodos de crisis, lo que provoca el aumento de las desigualdades, mientras que en los de expansión suele ocurrir lo contrario. El balance a largo plazo es que las diferencias tienden a estabilizarse en el tiempo, que es lo ha ocurrido en España desde el inicio de la democracia. Obviamente, no se trata sólo de una peculiaridad del crecimiento, sino de algo bastante más sustancial que tiene que ver con la fortaleza de las estructuras económicas y la sostenibilidad del sistema de bienestar, así como con la diferente capacidad de las regiones para hacer frente a las dificultades.

Es fácil imaginar que los sistemas de bienestar dependientes de trasferencias del exterior, como el andaluz, se vean especialmente perjudicados en épocas de crisis y que se recuperen en las coyunturas favorables, lo que ayuda a entender que las clases más vulnerables y dependientes del sistema de bienestar sean las más castigadas durante las crisis y las que más notan el retorno a la normalidad. Algunos analistas políticos sostienen que esta capa social es tan amplia en Andalucía que permite sostener un sistema político de base clientelar y decisiva influencia electoral, mientras que algunos economistas coinciden en identificar el fenómeno como el principal causante de su atraso secular respecto de España.

De acuerdo con la regla de la asimetría cíclica, Andalucía debería estar beneficiándose en estos momentos de la recuperación económica iniciada en 2014, lo que, en términos electorales, supondría una ventaja coyuntural para la candidata socialista. El triunfalismo con el que Díaz se refiere a la economía andaluza de los últimos años indica que efectivamente estaría intentando aprovechar los réditos electorales del ciclo económico, pero lo que apuntan las estadísticas es que, por primera vez en cuarenta años, la regla parece no estar cumpliéndose. En esta ocasión, la recuperación no está favoreciendo que Andalucía converja con el resto de España ni que cree más empleo.

En concreto, según la Contabilidad Regional de España (INE), el crecimiento medio anual entre 2014 y 2017 ha sido del 2,5%, frente al 2,8% en el conjunto de España. Tan sólo en 2014 la economía andaluza consiguió crecer más que la española (dos décimas), por lo que se puede afirmar con rotundidad que el aumento de la divergencia entre Andalucía y España durante los peores años de la crisis se ha mantenido durante la recuperación.

Sin euforia en el empleo

Tampoco se sostiene la euforia con los datos de empleo, sobre todo cuando la candidata socialista se congratula en la comparación interesada de la tasa de crecimiento de la ocupación con la Eurozona, porque lo cierto es que su comportamiento ha sido bastante similar al resto de España, mientras los datos de paro son bastante peores.

Los datos señalan la incapacidad para crear empleo en la medida de otros territorios

En efecto, en Andalucía reside, según la última EPA, el 15,5% de los ocupados españoles, que es exactamente el mismo porcentaje que un año antes y una décima superior al comienzo de 2014. El ritmo de creación de empleo ha sido, por lo tanto, elevado, pero tan similar al del resto de España que resulta chocante pretender apropiarse de los méritos de un proceso con tan marcado componente inercial.

Los datos de paro son más decepcionantes, puesto que si a principios de 2014 el 23,7% de los parados españoles eran andaluces, ahora lo son el 27%. Esto quiere decir que, a pesar de que en estos últimos cinco años los parados andaluces han disminuido a una espectacular tasa anual media del 9,1%, en España ha sido todavía más intenso (10,9% de tasa anual media). Paralelamente, el diferencial en tasa de desempleo con España, tradicionalmente en torno a los 10 puntos, se ha reducido, según la última EPA, a 8,3. La aparente contradicción entre el deterioro de los datos de desempleo relativos y la reducción de la diferencia en tasa de paro se explica por el menor ritmo de crecimiento de los activos en Andalucía. Lo que el dato sugiere es que las expectativas de encontrar trabajo para los que abandonaron la búsqueda durante la crisis son mayores en el resto de España, incidiendo todavía más en la alarmante incapacidad de la economía andaluza para crear empleo en condiciones similares a otros territorios.

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