Diario del Carnaval

El Carnaval se adapta a la pandemia

  • Las agrupaciones deben cumplir con un estricto protocolo de seguridad cada vez que actúan para evitar contagios

La antología de Antonio Martínez Ares actuó en el Gran Teatro Falla el pasado mes de diciembre en la Gala de los Reyes Magos. La antología de Antonio Martínez Ares actuó en el Gran Teatro Falla el pasado mes de diciembre en la Gala de los Reyes Magos.

La antología de Antonio Martínez Ares actuó en el Gran Teatro Falla el pasado mes de diciembre en la Gala de los Reyes Magos. / Jesús Marín

La pandemia del coronavirus lo ha cambiado absolutamente todo. Las restricciones para evitar que se produzcan contagios han trastocado todas las rutinas en cualquier faceta de la vida. El Carnaval, como parte de la cultura, no es ajeno a esta situación. El pasado 8 de marzo, día del Carnaval Chiquito, fue la jornada en la que todo se rompió. Desde esa fecha, el confinamiento obligó a todas las agrupaciones a colgar sus disfraces en sus armarios en un momento del año, junto al verano, en el que se suceden las actuaciones por buena parte de la geografía andaluza y española. Uno a uno, todos los festivales programados para la primavera se fueron cayendo o posponiendo a la espera de que la situación mejorara.

Con la desescalada, se empezó a ver algo de luz, aunque el verano no fue todo lo normal que hubiéramos querido. Todos los actos públicos se celebraron entre restricciones, lo que propició un panorama muy diferente si se quería disfrutar del Carnaval gaditano. Pero ante eso o la nada, los pocos festivales que se han podido celebrar se adaptaron a las medidas de seguridad impuestas para hacer frente al COVID-19. 

Esto ha obligado a cambiar las rutinas de las agrupaciones cada vez que van a cumplir con un contrato. Cambios que van desde el momento en el que los componentes se suben al autobús hasta que salen al escenario a cantar y vuelven a Cádiz tras actuar. 

¿Cómo han cambiado los protocolos para poder llevar el Carnaval a cualquier lugar? Si empezamos desde el inicio de todo, las medidas se implantan desde el propio autobús, siendo impuestas por las autoridades y cumplidas por las empresas de transporte. En los autocares, todos los componentes deben viajar con mascarilla. Además, cuentan con geles hidroalcohólicos para desinfectar las manos, como sucede en cualquier espacio público, y se deben dejar espacios de separación entre los asientos para que exista la oportuna distancia de seguridad. Asimismo, las propias empresas de autobuses deben desinfectar los vehículos antes de su uso. 

Una vez en el lugar de la actuación, los componentes de las agrupaciones cuentan con un camerino de uso exclusivo para prepararse antes del inicio de la actuación. En él quedan aislados para evitar cualquier contacto con el exterior, evitando así posibles contagios. Esto supone un cambio importante en la relación con el público, ya que era normal que antes y después de las actuaciones los componentes de las agrupaciones se hicieran fotos o charlaran con los aficionados. 

Otra medida es tomar la temperatura a los asistentes y los participantes para evitar que en el recinto entre cualquier persona que pueda presentar algún síntoma de tener COVID. Además, se mantiene vigente el uso de la mascarilla y se les proporciona gel hidroalcohólico para desinfectarse las manos. 

En el escenario es el único momento en el que los componentes pueden quitarse la mascarilla para actuar. Por su parte, el público también debe cumplir con una serie de medidas mientras que se celebra el espectáculo. Principalmente, no puede quitarse la mascarilla en ningún momento en el interior del teatro o auditorio en donde se celebre el espectáculo carnavalesco. 

Un aspecto importante es el control del aforo, que se ve reducido para que se puedan respetar las medidas de distanciamiento social. Este aspecto varía en función de la comunidad autónoma en donde se celebre el festival, ya que, con la actual descentralización de la toma de decisiones para combatir la pandemia, cada gobierno regional impone sus propias normas a partir de las líneas generales marcadas por el Ejecutivo central. Así, dependiendo del lugar, se han celebrado espectáculos con aforos de entre 200 y 500 espectadores. Asimismo, si se celebran varias sesiones en un mismo día, estas se deben espaciar para que dé tiempo a desinfectar todo el teatro antes de que vuelva a entrar el público. Según el tamaño del teatro, este lapso de tiempo puede rondar la hora y media desde el fin de la primera función y la apertura de las puertas al público de la segunda sesión.

Un asunto complicado en lo organizativo es la distribución del público en las salas. Así, una de las labores que se realiza a la hora de vender las entradas es controlar los grupos de convivientes para poder colocarlos juntos y repartirlos por los asientos, dejando espacios sin ocupar entre las personas no convivientes. 

Uno de los principales temores de los promotores es que se pueda dar un rebrote originado en un espectáculo cultural. Por ello, como medida adicional se toman los datos de las personas que han accedido al interior del teatro para que, si se diera el caso de que se detectara un positivo entre los asistentes, se pudiera rastrear.

Con todas estas medidas, Rafael Velázquez, director de la comparsa 'La chusma selecta', de Antonio Martínez Ares, reconoce que, aunque estas medidas son oportunas y se están cumpliendo en todas las actuaciones, "todo está siendo un poco más frío, ya que la gente está más cohibida, aunque tiene ganas de Carnaval". Por ello, es importante que sea la propia agrupación la que desde el inicio de la actuación intente transmitir ese calor al público para que se siente cómodo. "Con el transcurso de la actuación, yo ya le voy hablando al público para que se suelte y se vaya metiendo más en el papel de aficionado. Hasta que uno no pega una charla y hay un intercambio entre el público y los componentes de la comparsa, la gente está cohibida porque no sabe si levantarse o estar sentada", apunta.

Por su parte, José Otero, director de 'Oh capitán, my capitán', asegura que "todo es muy frío y muy feo. Parece que estamos haciendo otra cosa diferente a la que conocemos. Al final, en las actuaciones de Carnaval hay cercanía en todos los sentidos y te encuentras con esta historia". Además, la comparsa de Tino Tovar no ha podido disfrutar con normalidad de un primer premio después de un año de descanso, por lo que Otero señala que "nos ha pasado lo peor porque teníamos las ganas de volver y nos hemos quedado a mitad de camino", una sensación que hubiera sido "menos dolorosa" si no hubiera existido ese año de paréntesis antes de 2020.

Una de las chirigotas que más actuaciones durante el año es la de Selu García Cossío. El autor de 'Estrés por cuatro' afirma con rotundidad que "se está mucho más seguro viendo una actuación en un teatro o en una sala que en la calle" por las estrictas medidas de seguridad que hay que cumplir. Selu resalta que "algo tan cercano como relacionarte con el público después de la actuación se ha perdido y eso es de lo más importante. La cercanía del público cuando terminamos de cantar es de las cosas que más echamos de menos ya que vienen a saludarte y a abrazarte". Un aspecto que diferencia a los carnavaleros de los artistas de renombre, ya que "pocos dejan al público acercarse por ser mucho más conocidos".

Otro aspecto clave para que las agrupaciones puedan seguir con sus giras es el ensayo. En este caso, las restricciones no permiten a los grupos reunirse para poder refrescar las letras, además de que muchos de ellos ensayan en colegios de la ciudad, por lo que no consideran apropiado volver a reunirse en los centros educativos cuando en ellos se está teniendo un especial cuidado para evitar contagios con una serie de normas que cumplen a rajatabla para que se mantenga el distanciamiento social a través de los grupos burbuja. Por ello, se las tienen que ingeniar para poder cumplir con profesionalidad con sus compromisos. 

Sobre este asunto, cuenta Rafael Velázquez, director de 'La chusma selecta', que "en este tiempo no hemos ensayado conjuntamente porque no podemos por ley y porque lo hacemos en el Colegio Juan Carlos Aragón. Aunque tengamos acceso al colegio, no sería coherente y sería una irresponsabilidad en un colegio con tantos niños". Por ello, apunta que "yo lo que hago es un planning de lo que vamos a cantar y ya cada componente debe ser lo bastante profesional para repasar en casa. Después, ya en el autobús o en el recinto en donde vayamos a actuar hacemos un repaso, aunque todo está afianzado".

José Otero, de '¡Oh capitán, my capitán!', indica que el sistema que están empleando en la comparsa es similar al del grupo de Martínez Ares. "Las veces anteriores que hemos actuado hemos refrescado el repertorio escuchando el disco cada uno como puede y repasando en camerino antes de salir a cantar", comenta.

Por su parte, Selu García Cossío también apunta que en el Carnaval existe el teletrabajo, como en cualquier otra profesión. "Cada uno trabaja en su casa y después nos reunimos por videoconferencia, ya que es la única manera que tenemos ya que no podemos reunirnos", dice.

Ahora mismo, todo está en manos de la vacuna y la reducción de contagios para que todo pueda volver a la normalidad. Pero si se quiere que la actividad carnavalera comience a crecer tras un año en stand by, es necesario cumplir con las normas para evitar cualquier riesgo y que las actuaciones se desarrollen en entornos seguros siguiendo las medidas que se han impuesto, siendo estas un mal menor ante una situación muy complicada e impredecible. 

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