Diario del Carnaval

Antonio Galán Miranda le evoca como "un maestro que nos enseñó mucho, y no solo a cantar""Cantamos en la final un cuplé sobre el Madrid que Paco terminó en los camerinos"

'Los figaros', con Paco Alba en el centro , durante un desfile carnavalesco por la calle Ancha. 'Los figaros', con Paco Alba en el centro , durante un desfile carnavalesco por la calle Ancha.

'Los figaros', con Paco Alba en el centro , durante un desfile carnavalesco por la calle Ancha. / juman

Tenía Antonio Galán 16 años cuando empezó a cantar las coplas de Paco Alba. Estaba interno en Puerto Real, como aprendiz becario de Astilleros, igual que Jesús Monzón y Carlos Brihuega. Uno de sus compañeros se puso malo en Carnaval y vino a Cádiz, donde escuchó a 'Los julianes'. Cuando volvió les cantaba sus pasodobles y se los aprendieron tan bien que después, en vacaciones, se juntaban y los repetían por las esquinas. Eran la cantera de entonces. Algunos años después debutaban en el coro 'La corte del faraón', tras lo cual se repartieron por otras agrupaciones. Antonio se encontró en el 62 con algunos de esos julianes que había imitado y admirado años antes, como Moreno, cuando se fue con la chirigota que, con el nombre de 'Los tratantes de ganado', sacaba su suegro, Eduardo Delgado, al que Paco Alba llamaba El rey del cuplé.

Cuando dos años más tarde ensayara con él para 'Los fígaros' oiría como Paco le decía a su comparsa cuando le pedían "un cuplé buenesito": "Vosotros queréis un cuplé como los de Eduardo y esos los sabe hacer sólo él".

Acababa de aterrizar en el grupo de Paco, después de cantar el año anterior con 'Los dandys negros', de Enrique Villegas, pero fue con 'Los fígaros' cuando, asegura Antonio Galán, "saboreé de verdad por primera vez el Carnaval en comparsa. Fue algo único y lo disfruté mucho".

Carlos Brihuega, su cuñado, que al año siguiente se incorporaría al grupo de Paco con 'Los hombres del mar', estaba en la "competencia", con 'El oro de Andalucía', que al final obtendría en el concurso del Falla el segundo premio. Aquello -recuerda Antonio- era un poco complicado, porque cuando estábamos juntos, con nuestras respectivas novias, que eran hermanas, intentábamos sacarnos uno a otro el secreto de las letras de cada comparsa, que antes se quería mantener hasta el último momento".

Este secretismo era asimismo fomentado por la Comisión de Fiestas, que en el Diario advertía a las agrupaciones que estaban prohibidos los llamados ensayos generales antes de su presentación en el concurso del Falla, bajo amenaza de descalificación.

Antonio forma parte también de la Antología de Paco Alba que mantiene vivas y afinadas las coplas del que fuera y sigue siendo su admirado maestro. "Y es que -asegura- a nosotros nos enseñó mucho, no sólo a cantar, sino que, como leía tanto y nos lo explicaba todo, amplió nuestros conocimientos, nuestra cultura".

Como ejemplo cita el día en que Paco les enseñó el pasodoble que había escrito sobre la bacía de barbero que Don Quijote llevaba a modo de yelmo "y ninguno entendíamos nada. En lugar de ensayar nos explicó la obra de Cervantes y nos leyó el capítulo en el que Don Quijote confunde la bacía de un barbero con el yelmo de Mambrino, porque él lo que quería es que entendiéramos lo que cantábamos, para que pudiéramos interpretarlo Como él lo había imaginado".

Pero Paco Alba se movía de un extremo a otro con la mayor naturalidad y a la hora de improvisar tampoco había quien le ganara. Lo demostró ese mismo año, justo el día de la final, según recuerda Antonio Galán: "Por la tarde jugaba el Madrid creo que era en la Copa de Europa y estábamos oyendo el partido por la radio donde ensayábamos, en la antigua Audiencia del Corralón. Paco, que era madridista acérrimo, nos dijo que tenía el presentimiento de que su equipo iba a ganar, y traía medio cuplé hecho para cantarlo en el teatro si se cumplía su predicción. El partido terminó cuando ya estábamos en el camerino del Falla y efectivamente el Madrid ganó, y por goleada. Allí mismo acabó Paco el cuplé y lo terminamos de meter. Se empeñó en que lo cantáramos en la final, aunque nosotros temíamos que los nervios nos traicionaran y le dijimos que lo dejáramos para otro día. Pero él insistió: "Que no, ahora, lo cantamos ahora en el teatro". Cuando lo hicimos, no puedes imaginar la que se formó en el Falla, porque el partido prácticamente acababa de terminar".

Sin embargo, otras veces le daba el miedo, "como con el pasodoble al periodista catalán que había escrito un artículo hablando mal de Cádiz, que terminaba porque cualquier gaditano tiene dos manos por si hay que dar dos guantá. Habíamos metido ya la letra y él daba vueltas a nuestro alrededor; cuando la oyó cantada le pareció muy fuerte y quería quitar lo de las guantás. Decía: "A ver si viene ese tío y la lía o nos meten presos". "Esa vez ganamos nosotros y el pasodoble se quedó como estaba".

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