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Una vetusta rivalidad

  • Las últimas rondas del campeonato hacen revivir viejas rencillas entre San Petersburgo y Moscú

  • La historia del poder oscila entre las dos ciudades

El estadio Krestovski de San Petersburgo, una de las sedes del Mundial. El estadio Krestovski de San Petersburgo, una de las sedes del Mundial.

El estadio Krestovski de San Petersburgo, una de las sedes del Mundial. / juan herrero / efe

¿moscú o San Petersburgo? ¿Kremlin o Palacio de Invierno? ¿Teatro Bolshoi o Mariinski? ¿Spartak o Zenit? La antigua rivalidad entre las dos mayores ciudades rusas sigue marcando a Rusia hasta la actualidad.

Los habitantes de cada una, a su vez, practican con gusto los prejuicios con respecto a los de la otra. El moscovita es arrogante, hábil para los negocios y siempre está corriendo. Al menos eso piensan en San Petersburgo. ¿Y el petersburgués? Es algo lento y bastante snob culturalmente. Al menos eso consideran en Moscú.

El presidente Putin, peterburgués, se llevó al Kremlin personal de su ciudad natal

El poeta ruso Aleksandr Pushkin (1799-1837) escribió cosas bonitas sobre ambas ciudades. "Moscú... ¡Cuánto yace en ese sonido!", alababa a la ciudad junto al río Moscova. "Te amo, creación de Pedro", señaló, a su vez, sobre San Petersburgo. Claro que esa fue la ciudad en la que le dispararon en un duelo y murió.

En la historia rusa el poder político siempre osciló entre las dos ciudades. Moscú, mencionada por primera vez en el año 1147, se convirtió con los siglos en capital y hasta 1713 fue residencia de los zares. Luego, Pedro el Grande convirtió en capital a San Peterburgo, su "ventana a Europa", fundada poco antes junto al Mar Báltico. En 1918, el líder de la revolución rusa Lenin y los bolcheviques trasladaron la capital otra vez y se mudaron al Kremlin.

Desde entonces, las relaciones son tensas. Moscú, con doce millones de habitantes, es sin dudas la ciudad del poder político y la fuerza económica. San Petersburgo, con 4,8 millones de habitantes, es a su vez la ciudad de la cultura, incomparablemente bella, con sus noches blancas, sus palacios, sus paseos junto a la costa y sus puentes.

De hecho, los turistas europeos se enamoran más fácilmente de la Venecia del norte con sus vistas amplias sobre el agua del río Neva. En cambio, Moscú se ve más desordenada, más dura. Pero está ubicada más en el centro de Rusia y representa la conexión con el sur ruso, con Siberia y el Lejano Oeste.

Y allí donde el dinero está distribuido de forma no equitativa, también la competencia deportiva es limitada. En la Premier League rusa, Moscú está representada con cuatro clubes de fútbol: Spartak, CSKA, Dynamo y Lokomotiv. San Petersburgo sólo tiene al Zenit. En la liga de hockey sobre hielo KHL, Moscú tiene tres clubes y los rivales del norte sólo uno.

El final del Mundial fue distribuido de manera justa entre ambas ciudades. El estadio de San Petersburgo albergará la semifinal entre Francia y Bélgica y el partido por el tercer puesto. El estadio Luzhniki de Moscú la semifinal entre Croacia e Inglaterra y la final.

Culturalmente, el Teatro Bolshoi en Moscú se impone como el mayor escenario de ópera y danza del país. Pero debe esforzarse, porque el Teatro Mariinski de San Petersburgo le está pisando los talones. Y su director, Valeri Gergiev, es una de las figuras más influyentes de Rusia en materia de política cultural por su amistad con el presidente Vladimir Putin.

Y es que eso es lo paradójico de la relación entre las dos ciudades. El poder en Moscú está actualmente en manos de puros petersburgueses. Putin llevó a mucho personal de su ciudad natal: el primer ministro Dmitri Medvedev; la presidenta del Consejo de la Federación, Valentina Matviyenko; el ministro de Finanzas, Alexei Kudrin; el jefe del Sberbank, el mayor banco de Rusia, German Gref, o el jefe de Rosneft, Igor Sechin. Todos provienen del entorno petersburgués de Putin. En una época circulaba una broma según la cual por la mañana en Moscú a cada pasajero de un tren nocturno le preguntaban: "¿Es de San Peterburgo? ¿Quiere un cargo de jefe?".

Putin se ocupa de que San Petersburgo no se quede atrás. Hizo resplandecer a la ciudad para su 300 aniversario en 2003, la cumbre del G8 en 2006 y la del G20 en 2013. El gigante del gas Gazprom, el mayor grupo ruso, traslada actualmente su central con miles de empleados de Moscú a San Petersburgo. Y mientras la capital hasta ahora estaba orgullosa de tener los rascacielos más altos de Rusia y de Europa, San Petersburgo le robó el puesto con el Centro Lakhta, de 462 metros de altura.

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