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De la sumisión a la autogestión

  • El Madrid, acostumbrado a no dar un paso sin el OK de Mourinho, se la juega 'solo'

José Mourinho no estará en cuerpo en el banquillo madridista en el Camp Nou, aunque sí en alma, dada su obsesión por el detalle.

El clásico Barcelona-Real Madrid mostrará la imagen del técnico luso 40 metros más arriba del campo, contemplando el partido desde un palco. Estará él solo, sin posibilidad de comunicarse con su banquillo, sin teléfonos ni demás artefactos electrónicos, sin poder dar instrucciones ni influir en el control del encuentro desde el área técnica. Y tendrá además una cámara de televisión y un delegado de la UEFA pendientes de cada uno de sus gestos. El niño tiene que aprender a andar sin la ayuda del padre. Es decir: el Real Madrid debe aprender a sobrevivir a la ausencia de Mourinho. Será una noche para la autogestión.

El equipo que sacará el entrenador blanco es, sin embargo, toda una incógnita con muchas preguntas y una sola respuesta en la cabeza de Mourinho, quien a comienzos de temporada blindó el vestuario contra los rumores. Amenazó con despedir del plantel a quien filtrara a la prensa un equipo y ya nadie se atreve a la confidencia. Lo primero fue el trabajo psicológico, en el que Mourinho es un maestro.

Con todo, el trabajo del preparador luso acabará en el momento que ocupe un asiento del palco acristalado, Aitor Karanka asuma la labor de entrenador sobre el césped y los jugadores comiencen a correr tras el pitido de inicio. Ahí Mourinho ya no podrá intervenir durante los 90 minutos de encuentro y los 15 del descanso, si no hay prórroga. Entonces será el turno de los jugadores. Ellos, con ayuda de Karanka, deberán decidir cómo solucionar alguna improvisación de Pep Guardiola desde el banco azulgrana, qué táctica usar si marcan antes que su rival o qué hacer si éste se pone por delante. Será toda una prueba de madurez para un plantel acostumbrado a no dar un paso sin el permiso de su padre, de Mourinho, el hombre que todo lo controla... hasta hoy, cuando se vea obligado a ver solo y en silencio el partido de la temporada.

Tampoco podrá controlar la sanción que le imponga la UEFA por poner en duda la honestidad de los títulos obtenidos por el Barcelona en la competición, cuyo comité rechazó aplicar algún castigo adicional e indicó que ya abrió un expediente y decidirá sobre el caso el próximo viernes. La UEFA decidió rebajar la tensión existente y rechazó tanto las protestas del Real Madrid, por la conducta de algunos jugadores azulgrana en las que fingían alguna agresión, como las del Barcelona por las citadas declaraciones del técnico, si bien el club se sumará al expediente abierto por el organismo continental.

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