Fútbol femenino | Mundial de Francia

La niña que revolucionó el debut

  • Lucía García, la benjamina del grupo, fue clave ante Sudáfrica

  • Con 15 años se hacía más de tres horas en carretera para entrenar con el Oviedo

La niña que revolucionó el debut La niña que revolucionó el debut

La niña que revolucionó el debut

Lucía García estaba compartiendo café y confidencias con Erika Vázquez cuando se descubrió entre las 23 jugadoras convocadas para el Mundial de Francia. La charla entre novel y veterana se convirtió entonces en un encuentro entre mundialista y mundialista, entre una futbolista que lo ha vivido todo y otra a la que le queda todo por vivir. "Erika me dijo que un Mundial es una experiencia única y que hay que pasarlo bien. Que si no juego mucho no me amargue y, sobre todo, que lo disfrute todo", recuerda la benjamina de la selección española de fútbol.

En su peregrinaje en el mundo del fútbol le está saliendo bien. Con solo 20 años compite en su primer Mundial absoluto. Diez meses atrás, también en Francia, lo hizo con la sub-20 y en 2016 en Papúa Nueva Guinea. De la segunda experiencia mundialista con la sub-20, ya en 2018, también guarda una lección: "Yo justo me rompí el isquio y eso me sirvió para darme cuenta de que sí que puedo dar fuera del campo. Si das fuera del campo, para el equipo es bueno".

En su primer gran torneo con la absoluta sí es protagonista sobre el césped. Jorge Vilda le dio la alternativa en el descanso del partido ante Sudáfrica. Quitó a una de las capitanas, Amanda Sampedro, para colocarla a ella. y aprovechó la confianza revitalizando a La Roja desde el flanco derecho. Provocó un penalti y anotó un gol en el histórico triunfo de la selección española (3-1). "Jugar en mi posición te hace meter goles y la verdad es que estoy muy contenta y muy feliz de estar con el equipo y haber ayudado en la victoria", dijo.

Lucía García, quien se considera "algo despistadilla", veía "casi imposible" hace un año su desembarco en la selección. Por ser "pequeña" recibe algunos cuidados -"están pendientes de mí", dice-, muchos consejos y alguna reprimenda. Todo forma parte de su "aprendizaje". "Este Mundial me lo tomo así, pero sí que me veo con capacidad de hacer cosas. Si el técnico lo decide, yo voy a estar ahí para todo. Soy joven, quizás tengo más opciones por edad de regresar a un Mundial que una jugadora de 30 años, pero el fútbol me ha dado ya la oportunidad de demostrar que puedo sumar. Conmigo se demuestra que si trabajas y te esfuerzas puedes llegar", comenta.

"De pequeña jugaba contra una pared en mi pueblo (Pola del Pino), porque no había ni un campo. Jugaba yo sola, con tres chicos, contra una pared... Un profesor de educación física, cuando tenía 13 ó 14 años, me dijo que hiciese las pruebas para el Oviedo Moderno. Fui y empecé un año en el infantil, de ahí al C, con 15 años debuté en Primera División y a los 18 fiché por el Athletic", recuerda.

"¿Que cómo termina una chica de Asturias en el Athletic? Porque nací en Barakaldo. Soy cuatrilliza. El parto era de riesgo y Gijón no tenía esa unidad especializada. Mis hermanos y yo nacimos a los siete meses de embarazo. Estuvimos un tiempo en la incubadora y, cuando todo estuvo bien, nos volvimos a casa", reseña.

Crecer entre tres chicos, apostilla, le hizo "fuerte y guerrera", pero el fútbol le hizo crecer antes de tiempo. En su etapa en el Oviedo Moderno no dejó Pola del Pino. "El primer año me llevaban mis padres. Al año siguiente, ya iba yo sola en autobús. Tardaba en llegar una hora y 45 minutos. Otro tanto para volver a casa. Llegaba casi a las 12 de la noche y me despertaba a las 06:00 para ir al cole. Así hasta que me llamó el Athletic. Si hoy estoy aquí es por todo el esfuerzo que hicieron mis padres, llevándome para arriba y para abajo", explica emocionada.

También recuerda cómo se sentía en la primera concentración con la selección española. "Fue con la sub-16, para el torneo de desarrollo de Serbia. Yo era una mindundi, que acababa de empezar a jugar en la selección de Asturias. Cuando llegué a Primera División, con 15 años, en el Oviedo Moderno me llamaban cabra loca. ¡Ni siquiera sabía lo que era un fuera de juego! Pero lo presionaba todo. Siempre fui así. Doy mi 100%. Se me puede decir que no hago bien un regate, pero lo que es presionar o trabajar lo hago siempre. Soy así siempre. Intento dar siempre todo. Siempre doy lo que tengo hasta que no puedo más. Yo no soy como Jenni, que tiene una calidad de la hostia. Yo soy una jugadora simple, que lucha todo. Si estoy aquí es por mi trabajo, porque con los pies no soy Jenni Hermoso", razona.

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