Fútbol l Copas del Mundo 2018 y 2022

Un fiasco escrito en cirílico

  • Rusia organizará el Mundial de 2018 al superar a la candidatura ibérica en la segunda votación · Qatar se impone a Estados Unidos como sede para 2022

La FIFA llevó los Mundiales de fútbol a una nueva dimensión al darle la sede de 2018 a Rusia y la de 2002, a Qatar. "Entramos a nuevos territorios", dijo el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, tras anunciar las dos candidatas victoriosas, el país más grande del mundo y el más pequeño que jamás haya organizado un campeonato del mundo y el primer musulmán.

"Podemos prometer que nunca lo van a lamentar. ¡Hagamos historia juntos!", señaló Igor Shuvalov, viceprimer ministro ruso, a los 22 miembros del comité ejecutivo reunidos en Zúrich. "Gracias por darle a Qatar una posibilidad, por creer en el cambio. No les decepcionaremos", prometió a Blatter el jeque Mohammed bin Hamman al Thani, cabeza visible de la candidatura.

Los rusos se impusieron a las propuestas conjuntas de España y Portugal, y la de Bélgica y Holanda, así como a Inglaterra, que cayó de forma sorprendente en la primera votación. La candidatura árabe dejó en el camino a Australia, Japón, Corea del Sur y Estados Unidos. Desde el principio se confirmó el favoritismo qatarí, que contó ya con 11 votos en la primera ronda, en la que cayó Australia. En la segunda, la eliminada fue Japón y en la tercera, Corea.

Aquellos que conocen bien a Joseph Blatter no pueden estar sorprendidos con el doble salto mortal que da el fútbol, pues se trata, al fin y al cabo, de incorporar dos grandes mercados y culturas al negocio de la FIFA. Lo que hasta hace poco parecía impensable, es una realidad. Y es que el suizo aprovechó a la perfección la oportunidad que se dio a sí mismo de definir el futuro del fútbol hasta 2022. "Agradezco al comité ejecutivo de la FIFA, ya que en 2018 y 2022 llegaremos a nuevos territorios. El Mundial nunca estuvo en Europa del Este ni en el Cercano Oriente. Por eso soy un presidente feliz".

Cómo no serlo. Desde que en 1998 llegó a la presidencia de la FIFA, Blatter se empeñó en marcar hitos. No le gustó nada el obsequio que le dejó Joao Havelange, su predecesor, con la sede conjunta de Corea del Sur y Japón en 2002, que fue el primer Mundial de sede compartida en la historia. Pero aquella historia salió bien y Blatter pudo jactarse de organizar el primer campeonato de la historia en Asia.

Tras un desvío en los planes iniciales gracias al voto de un neozelandés rebelde que llevó el Mundial de 2006 a la tradicional Alemania, Blatter retomó el impulso: Sudáfrica 2010 marcó el primer Mundial en África, mientras que Brasil 2014 era un pedido a gritos. Ayer llegó el salto a dos estados en los que el dinero no es problema, con ingentes reservas de gas y petróleo.

La clave está en los millones, en todos los sentidos, que ya no ofrecen potencias del fútbol como Inglaterra, España y Holanda, o países por los que el negocio del fútbol ya pasó, como Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. Ninguno hizo nada especialmente mal. Quizás estar pasados de moda. Los Juegos de Londres 2012 fueron los últimos en designarse en escenarios tradicionales antes del peligroso salto a Río de Janeiro 2016, que retoma el camino marcado por Pekín 2008. La apuesta ahora es otra, relacionada con el cambio de la geopolítica y la economía mundial y el ascenso de nuevas potencias.

De poco sirvió el informe de la comisión evaluadora dirigida por el chileno Harold Mayne-Nicholls, en el que Rusia y Qatar figuraron últimas en cuanto a méritos técnicos. Influyen otras cosas. Quizá el el dinero. Y Blatter, al que se le escapa una sonrisa y nunca una negativa a la pregunta de si quiere el Premio Nobel de la Paz, es, definitivamente, un hombre al que mucha gente le debe muchas cosas. Y todos son poderosos, todos pisan bien fuerte en el nuevo orden en el que el poder de Estados Unidos y la vieja Europa declinan. China, que ya se postula como posible candidata para 2026, será su gran reto antes de que acabe en 2015, con 79 años, su regencia de la FIFA.

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