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El día que se antepuso la televisión

Gilles Simon. Gilles Simon.

Gilles Simon. / NIC BOTHMA / efe

Saque directo. Resto a la red. Volea ganadora. Ace. Duración del juego: un minuto. Ese es, más o menos, un buen resumen de lo que fue Wimbledon hasta 2001, el último año que un sacador se llevó la copa dorada.

En 2002, el torneo sufrió uno de los cambios más radicales que se recuerdan en el All England Club. No se coloreó el tradicional blanco de las equipaciones, ni se agotaron las fresas con nata, ni se cerró la terraza Aorangi -conocida como Colina Henman-. El cambio estuvo en la pista. Se empezó a usar un tipo de hierba diferente, más lenta y más duradera. ¿El objetivo? Alargar los puntos para que los partidos fueran más interesantes, televisivamente hablando, y aumentar la resistencia de las briznas de hierba por el desgaste de las pisadas.

Los primeros beneficiados en el nuevo Wimbledon fueron Lleyton Hewitt y David Nalbandian, quienes disputaron la final de aquel año desde la línea de fondo.

La victoria del australiano terminó con años de reinado de los sacadores. En las ediciones anteriores Pete Sampras se había llevado sus siete títulos, el saque y volea de Richard Krajicek le había valido para levantar uno y Goran Ivanisevic pudo llevarse su primera copa tras una dramática final ante Patrick Rafter.

La aventura de Ivanisevic, que con una invitación y su poderoso servicio se llevó el título, fue superpuesta después por los entorchados de los cuatro grandes. Roger Federer, Novak Djokovic, Rafael Nadal y Andy Murray han reinado desde que lo hiciera Hewitt para dejar claro que a Wimbledon ya no se viene a sacar y a volear.

Aunque el estilo de saque y volea, o simplemente de saque, esté cada vez más en desuso en el circuito, fueron varios los que llegaron a Wimbledon con sus casi dos metros de estatura dispuestos a copar las clasificaciones de aces.

El que más papeletas tenía era Marin Cilic, finalista en 2017 y campeón este año en Queen's, pero que dijo adiós en segunda ronda ante un jugador de tierra batida como Guido Pella.

Lo acompañaron a las puertas del All England Club Ivo Karlovic (eliminado en segunda ronda), Sam Querrey (tercera ronda), Gilles Muller (segunda) y Feliciano López (segunda).

Sólo resisten como bombarderos puros Kevin Anderson, finalista en el Abierto de los Estados Unidos, y Milos Raonic, subcampeón en Wimbledon en 2016.

En sus raquetas queda la posibilidad de devolver al distrito SW19 los destellos de una época pasada en la que la volea de Stefan Edberg era más poderosa que los intercambios de fondo, y en la que las lágrimas de Ivanisevic, tras ganar a la cuarta bola de partido a Rafter, eran reclamo suficiente para estar horas pegado a la televisión. Sin importar que los puntos durasen diez segundos o un minuto.

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