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Cuando la desescalada es una cuesta arriba en el deporte

  • Un piragüista de El Puerto lamenta las dificultades que encuentra para retomar su actividad por las exigencias económicas del Real Club Náutico

Samuel Ibáñez, durante una competición. Samuel Ibáñez, durante una competición.

Samuel Ibáñez, durante una competición.

El progresivo regreso a la nueva normalidad en el deporte va por barrios. No tiene nada que ver el mundo profesional con el amateur, el federado con el aficionado. También depende, y mucho , de la disciplina de la que se trate. Los runners y ciclistas son, sin duda, grandes privilegiados en la desescalada de la crisis del coronavirus, un proceso que para otros, en cambio, se ha convertido en una auténtica cuesta arriba.

El caso de Samuel Ibáñez Estrade bien puede encuadrarse en el grupo de los especialmente damnificados por la pandemia. A este portuense, piragüista desde niño y con licencia por el Real Club Náutico de la localidad hasta que por motivos de estudio tuvo que marcharse a otra ciudad, el decreto del Estado de Alarma, el pasado 15 de marzo, le cogió en casa de sus padres, en El Puerto, en donde contribuyó a la lucha contra el Covid-19 respetando el necesario confinamiento.

Ahora, más de dos meses después, cuando lo peor parece que va quedando atrás y Sanidad ha abierto las puertas para la práctica del deporte, Samuel ha intentado darse de alta como socio en su club de toda la vida, el Náutico, para retomar los entrenos y seguir preparando los Campeonatos de España. Para su sorpresa, pese a que siempre ayudó al Náutico de forma voluntaria y desinteresada, impartiendo cursos e iniciando a personas en esta modalidad tras obtener el título de monitor, se ha encontrado con las puertas cerradas.

No es que el club no haya retomado la actividad, que sí que lo ha hecho. Lo que ocurre es que sólo le ofrecen soluciones económicamente inabarcables para él, que venía pagando 48 euros mensuales como socio deportivo en su anterior club, independientemente de estar federado y sin permanencia. La entidad portuense, en cambio, le plantea la posibilidad de pagar 75 euros mensuales para hacerse socio (no deportivo) y, además, la obligación de pagar esta mensualidad durante un año, lo que totalizaría 900 euros, un gasto inasumible para su economía familiar.

Samuel lamenta que “en estos momentos de crisis mundial, el club donde me he criado me ponga tantos problemas nuevos, que no había antes, con el único fin de sacarme dinero, sin una pizca de comprensión y solidaridad dada la situación".

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