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Por el cambio de estatus

  • Griezmann peleará por decidir una final que puede cambiar su historia y la de Francia

  • Si gana el título, pasará de estrella a jugador de leyenda

Antoine Griezmann se estira para alcanzar con la mano un balón durante el último entrenamiento de Francia, ayer. Antoine Griezmann se estira para alcanzar con la mano un balón durante el último entrenamiento de Francia, ayer.

Antoine Griezmann se estira para alcanzar con la mano un balón durante el último entrenamiento de Francia, ayer. / sergei ilnitsky / efe

Pasar de estrella del fútbol actual a jugador de época. Eso se juega básicamente Antoine Griezmann el domingo en el encuentro que Francia y Croacia librarán por la final del Mundial de Rusia.

"Está en camino de convertirse en una leyenda", sentenció sin vueltas su compañero Paul Pogba, que incluso se animó a comparar la trayectoria del "Principito" con la de Zinedine Zidane.

"Es una persona muy querida en Francia y sobre el terreno demuestra que es un grande. Deseo de todo corazón que marque un gol en la final del domingo", dijo el jugador del Manchester United.

Zinedine Zidane son palabras mayores, pero Griezmann está a 90 minutos (o 120) de alcanzar algo que sólo "Zizou" y otros 21 franceses lograron en 1998.

Ser campeón del mundo implicaría todo un cambio de estatus para Griezmann, un delantero de elite al que todavía le falta un gran título en su carrera. Ganó recientemente la Liga Europa con el Atlético de Madrid, pero en su vitrina no puede ofrecer mucho más: una Supercopa española en 2014 y un Europeo Sub 19 con Francia en 2010.

Griezmann brilló con dos goles en la final de la Europa League que el Atlético ganó al Olympique de Marsella en Lyon, pero no pudo ser todo lo decisivo que hubiera querido en los dos escenarios más importantes de su carrera. La final de la Liga de Campeones que el conjunto rojiblanco perdió por penaltis ante el Real Madrid en 2016 en Milán y, un par de meses después, el duelo por el título de la Eurocopa que Portugal ganó sorpresivamente a Francia en París. En aquella final de la Champions, el delantero falló incluso un penalti en la segunda mitad.

A sus 27 años, y tras haber confirmado su continuidad en el Atlético de Madrid después de meses de suspenso, Griezmann se encuentra en el momento justo de su carrera para dar un golpe sobre la mesa. Pero el atacante, el emblema de Francia más allá de le meteórica irrupción de Kylian Mbappe, prefiere asumir las cosas con naturalidad y disfrutar lo que está viviendo.

"Antes de empezar eran siete partidos y ahora nos queda uno. Queda una final para hacer todo más bonito. Estoy feliz", dijo tras la victoria ante Bélgica el martes.

Su Mundial no está siendo brillante, pero sí más que correcto en el contexto de una Francia que no ofrece precisamente un fútbol champagne. Griezmann aotó tres goles, brindó dos asistencias y está a un paso de alzar el título tras haber dejado en el camino a equipos como Argentina, Uruguay y Bélgica.

En semifinales, puso un centro en la cabeza de Samuel Umtiti para que el defensa anotara el gol de la victoria. En cuartos se valió de un error de Fernando Muslera para liquidar a Uruguay y en octavos conectó un penalti ante Argentina. Un gol en la final podría catapultarlo a otra dimensión.

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