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La altura vuelve al Tour

  • La carrera se decidirá por encima de los 2.000 metros, que por primera vez se superarán este año

Froome lidera el pelotón durante la etapa de ayer. Froome lidera el pelotón durante la etapa de ayer.

Froome lidera el pelotón durante la etapa de ayer. / Guillaume Horcajuelo / efe

Dos semanas y media después de su inicio en Düsseldorf, el Tour sube por encima de los 2.000 metros, altitudes en las que los organismos se ponen al límite y en las que los auténticos escaladores marcan las diferencias.

La ronda francesa reservó la alta montaña para su tramo final, tras haber puesto en su menú puertos más cortos y explosivos y con altitudes más moderadas. También es novedoso la apuesta por reducir las llegadas en alto, lo que dio como resultado que la recta final se decida con la clasificación general más apretada de la historia. Entre el maillot amarillo, el británico Chris Froome, y el cuarto, el colombiano Rigoberto Urán, hay apenas 29 segundos y hasta el séptimo de la general, el británico Simon Yates, las diferencias son de 2.02 minutos.

"Las elevadas altitudes ponen a prueba a los organismos y, con frecuencia, suelen dar como resultado desfallecimientos que suelen abrir más diferencias", asegura el director deportivo del Tour, Thierry Gouvenou. Ni en los Vosgos, ni en el Jura, ni en Pirineos, ni en el Macizo Central se superaron los 2.000 metros, altura que hoy y mañana se franqueará en varias ocasiones.

"Es un factor nuevo a tener en cuenta, sobre todo porque los corredores vienen ya con fatiga en las piernas", sostiene el director del Trek, Alain Gallopin. Los Alpes son la última ocasión para los escaladores de sacar tiempo a Froome, que a los 18 segundos que saca al italiano Fabio Aru y los 23 que tiene sobre el francés Romain Bardet suma la teórica diferencia que obtendrá en los 22,5 kilómetros de contrarreloj de la penúltima jornada el sábado en las calles de Marsella.

"Lo van a intentar. Tenemos que estar preparados para los ataques", indica el líder, que responde así a las declaraciones de Bardet y de Aru, que prometen guerra en cada kilómetro.

En las dos etapas alpinas el Tour acumula casi el 18% del desnivel total de la edición: 8.260 metros de los 46.450 totales, lo que añade el factor de la aclimatación al conjunto de dificultades. "Tener un mal día en estas etapas puede ser sinónimo de minutada en la meta", asegura el ex ciclista Jean-François Bernard, que considera "impensable" que no haya ataques. El ex corredor cree que la etapa de hoy, con la meta situada en el descenso del Galibier, "ofrece más terreno para hacer estrategias".

La jornada es un constante sube y baja que asciende a algunos de los puertos que han forjado la leyenda del Tour como la Croix de Fer, el Telegraphe y, sobre todo, el Galibier, la cima más elevada de esta edición a 2.642 metros sobre el nivel del mar.

Pero cuando superen esa cota, los ciclistas deberán descender 28 kilómetros más por la vertiente del Lautaret, una bajada técnica hacia Serre Chevalier, a 1.403 metros. "Éste es un Tour con pocas llegadas en alto, así que puede ganarse bajando", señala Bernard. El ex ciclista francés sostiene que Bardet es el mejor bajador y puede intentar un golpe de efecto en esa etapa. Los escaladores ya no tendrán más que otra oportunidad de recortar tiempo a Froome, mañana, última llegada en alto del Tour, en la estación de Izoard, un ascenso de 14,1 kilómetros con una pendiente media del 7,3%. Una etapa que se disputará el día de la fiesta nacional de Colombia, lo que puede dar ideas a los colombianos del pelotón.

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