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Viena, Johannesburgo, Kiev: las escalas del viaje que cambió España

  • No hay selección que haya logrado lo que la española, encadenar tres grandes títulos consecutivamente, Eurocopa, Mundial y Eurocopa. Lo que no logró Alemania, lo que no alcanzó Brasil, lo que le quedó lejos a Francia, lo hizo España.

Tres ciudades en cuatro años cambiaron para siempre la imagen de los españoles de sí mismos y del mundo sobre los españoles: entre el 29 de junio de 2008 en Viena y el 1 de julio de 2012 en Kiev, España y su fútbol saltaron al más alto de los escalones. Porque no hay selección que haya logrado lo que la española, encadenar tres grandes títulos consecutivamente, Eurocopa, Mundial y Eurocopa. Lo que no logró Alemania, lo que no alcanzó Brasil, lo que le quedó lejos a Francia, lo hizo España.

La primera piedra la puso Luis Aragonés con esa inolvidable Eurocopa de Austria/Suiza 2008 en la que los españoles se sacudieron un estigma histórico: por fin ganaban un gran título en el deporte que más aman, por fin reinaban en la Europa moderna después de aquella lejana Eurocopa de 1964 ganada en blanco y negro. Fernando Torres, con su gol en el primer tiempo ante Alemania en Viena, fue la imagen de esa final en el estadio Ernst-Happel. Ganaron aquella Eurocopa jugando un fútbol brillante.

Llegó Vicente del Bosque para asumir un desafío aún mayor, el del título mundial, una quimera para generaciones enteras de españoles, que veían llegar a sus clubes a lo más alto pero sufrían humillaciones con la selección. La derrota inicial ante Suiza asustó a muchos, pero el gol de Andrés Iniesta en el minuto 116 de la final en el Soccer City de Johannesburgo tumbó a Holanda y elevó aún más la autoestima española, aunque el fútbol exhibido no fuera el mismo de dos años antes.

Eran épocas de economía boyante y de optimismo en el país, todo un contraste con el panorama del viaje a Polonia y Ucrania, con la economía europea en una profunda crisis. Con goles de David Silva, Jordi Alba, Fernando Torres y Juan Mata, España demostró que puede ganar en todas las condiciones, que su fútbol podrá sufrir bajones, pero resurge cuando más lo necesita. Italia, en la noche del Estadio Olímpico de Kiev, bien puede dar fe de ello. Fue el segundo gran título para Del Bosque al frente de la selección. Sólo él y el alemán Helmut Schön hilaron Mundial y Eurocopa en dos años.

"Masturbación táctica", ironizó el diario italiano La Gazzetta dello Sport acerca de la España sin delantero centro a la que Del Bosque apeló predominantemente en la Eurocopa. Iniesta respondió inapelablemente: "Jugar así cambió la historia de España".

Y del fútbol, porque la Alemania de Franz Beckenbauer tropezó en la final de la Eurocopa 1976 ante la entonces Checoslovaquia. Así, no pudo sumar el tercer eslabón a la cadena iniciada con la Eurocopa de 1972 y el Mundial de 1974. Brasil, que coleccionó cinco grandes finales seguidas con la ventaja de que la Copa América se disputaba cada dos años, nunca sumó tres trofeos al hilo: fue campeón del mundo en 1994, subcampeón de América en 1995, campeón continental en 1997, subcampeón del mundo en 1998 y ganador de la Copa América en 1999. Años después, el gigante suramericano tuvo de nuevo el hito en su mano: campeona del mundo en 2002 y de América en 2004. Se estrelló en los cuartos de final de Alemania 2006. La Francia de Zinedine Zidane, campeona del mundo en 1998 y de Europa en 2000, estuvo más lejos al fracasar de forma clara en la primera fase de Corea/Japón 2002.

"Esperemos que la gente nos recuerde de por vida, ¿quién nos iba a decir que en cuatro años estaríamos haciendo tantas cosas por el fútbol español?", dijo días atrás el capitán del equipo, Iker Casillas, guardián de un arco que lleva invicto diez partidos de fase de eliminatorias en Mundial y Eurocopa.  El diario The Wall Street Journal se preguntó al comienzo del torneo si España era el mejor equipo de la historia. Ése es otro debate, un asunto discutido y discutible. Pero las estadísticas son innegables.

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