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Sólo respiran los isleños

Estaba cantado que de salir del derbi un ganador, éste respiraría, y que el rival perdedor se asfixiaría de manera letal. Pues el desenlace fue un equipo isleño reforzado, creyente en si mismo, repleto de ganas e ilusión. Y un conjunto sanluqueño hundido, preocupado y consciente de que la situación se le complica, a pessar de estar un punto por encima de los de La Isla.

Pero es que fueron dos imágenes distintas. Los de Masegosa van en progresión aritmética. Evolucionan y salen del hundimiento a pasos lentos pero firmes. Y los sanluqueños mostraron una cara diferente, sin confianza, sin crear peligro, lejos de su mejor nivel. Si comentamos que el Sanluqueño que vimos ayer es de los peores que hemos tenido oportunidad de ver en los últimos tiempos, no metimos para nada.

Y a esto un protagonista de excepción. Un no llamado a la fiesta que se pegó su homenaje. Un intruso en un partido que no necesitaba huéspedes. El colegiado jienense, Moya Baena expulsó, en un partido aparentemente repleto de deportividad, a cuatro efectivos y su asistente Vinuesa Sánchez, se unió sin ser llamado a la fiesta, al anular hasta tres goles a los isleños, a los que llegó a desesperar. Dos de ellos, mucho más que dudosos.

Así se desarrolló un derbi que no dejó más que lo que se esperaba, la necesidad con la que los dos equipos afrontaron el partido. Era vital el intentar ganar, y al menos no perder, y eso entraba de lleno en los planes de isleños y sanluqueños que no ofrecieron mucho más que una tremenda entrega, mucha pasión, y un orden desmesurado en los primeros cuarenta y cinco minutos de juego.

En ellos si algún equipo lo intentó, ese fue el San Fernando que ya avisó en el minuto 3 de juego con un remate de Pedro Carrión a la salida de un falta, en el 39 en un remate de un córner por parte de Pelegrina al que se cantó gol en las gradas y en el 42' con una jugada de Pedro Carrión que no tuvo culminación.

Los instantes postreros del primer acto del encuentro iban en aumento en intensidad por parte del cuadro local que vio como en un minuto mágico, el 43, Germán asestó un certero cabezado a las mallas a la salida, de nuevo, de un córner.

Era el uno a cero. Era el gol de la tranquilidad. Era la recompensa al trabajo. Era el aire para unos y la falta de oxígeno para otros. Era el marcharse al vestuario con los tintes de continuar con el orden establecido y tener muchos más espacios ante la necesidad del contrario de tener que arriesgar para igualar la contienda.

Y así fue, la segunda parte no brilló más que la primera. No fue mejor en el juego. Eso sí, el partido, por momentos, pareció romperse, situación que favorecía mucho más los intereses de los que venían a remolque, los sanluqueños, que los que estaban asentados, los isleños.

En esto, en el 23', 65' y 74', a Pedro Carrión, Ernesto y de nuevo a Pedro Carrión, se le anularon tres goles en posiciones más que dudosas y Mendoza, en el 51 era expulsado por una entrada por detrás a Eder, dejando a sus compañeros con diez casi toda la segunda mitad.

La intensidad se transformó en necesidad y una entrada de Iván Guerrero en el 61' era decretada con cartulina amarilla ante la incredulidad de los sanluqueños que ostigaban para que fuese roja. Eso alteró el choque y si los isleños buscaban la contra para sentenciar, una jugada desafortunada en la frontal del área, en el minuto 83' y después de que David Valle hiciese su habitual impresionante parada para salvar a su equipo de la quema, terminó con tres expulsados en una mini reyerta, dos isleños, Juanje y Cristian y uno exazulino ahora verdiblanco, Polaco.

Eso desordenó los minutos finales, eso terminó pasando facturas a unos y otros, eso hizo que el partido, prácticamente, se cerrara y que no se jugase mucho más al fútbol en lo que restaba de encuentro y de derbi.

Con la victoria, los de Masegosa encadenan dos triunfos consecutivos en casa y anoche durmieron en puestos de promoción, situación impensable hace algunas jornadas. Con los tres puntos, el San Fernando respira y toma oxígeno y afronta el futuro con trabajo y optimismo. El Sanluqueño por su parte, con la derrota, pierde fuelle y se ahoga.

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