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Sagan, del arcoíris al amarillo

  • El eslovaco se salva del caos de una caída en el último kilómetro

El eslovaco Peter Sagan disputa el sprint con el francés Demare. El eslovaco Peter Sagan disputa el sprint con el francés Demare.

El eslovaco Peter Sagan disputa el sprint con el francés Demare. / KIM LUDBROOK / Efe

Peter Sagan (Bora), triple campeón mundial, impuso su ley ante un reducido numero de velocistas que se salvaron de una caída que afectó al colombiano Fernando Gaviria (Quick Step) y se llevó la etapa y el maillot amarillo en La Roche-Sur-Yon. Una veintena de afortunados aspirantes a la victoria esquivaron una montonera en una curva a menos de un kilómetro de meta. Allí quedó atrapado el líder Gaviria, que se despidió del doblete soñado y del jersey de líder. Y emergió Sagan implacable en un largo sprint en el que ganó la partida al italiano Sonny Colbrelli (Bahrain) y al campeón francés Arnaud Demare (Groupama).

Dentro del grupo elegido por la fortuna estaba Alejandro Valverde, pero el murciano poco pudo hacer, pues allí estaban los Greipel, Kristoff y Degenkolb. Un séptimo puesto para el Bala y evitar problemas fue lo mejor que sacó.

El maillot amarillo cambió de Gaviria a las espaldas del maillot arcoíris, un hombre carismático de 28 años que ya fue líder tres días en 2016 y que posee cinco títulos del jersey verde por puntos en el Tour. Beneficiado por la caída de Gaviria, el ciclista de Zilina alzó los brazos por quinta vez en la ronda gala y sexta en una temporada triunfal, en la que se apuntó nada menos que la París-Roubaix.

Sagan III, apodo en honor a sus tres títulos mundiales, subió al podio a enfundarse la prenda dorada que arrebató a Gaviria, ahora segundo en la general a seis segundos por las bonificaciones, mientras que la tercera plaza es del italiano Colbrelli a 10. Los favoritos siguieron en sus marcas sin consecuencias en forma de tiempo, aunque sustos no faltaron.

Cien años después del final de la I Guerra Mundial el pelotón acudió a la tierra del llamado Padre de la victoria en aquel conflicto bélico, Georges Clemenceau, para una jornada íntegra por la Vandee que comenzó con una fuga inicial de tres corredores que quedó en uno. Nada menos que con uno de los abuelos del pelotón, el ilustre francés Sylvain Chavanel. Un hombre ya legendario, de 39 años, no por sus triunfos, aunque ha ganado tres etapas, sino porque posee el récord de participaciones desde el pasado sábado con 18. La escapada la protagonizó en su etapa número 350. Cuando pase los Pirineos aumentará su leyenda al superar los 365 días de competición del holandés Joop Zoetemelk.

Cabalgó en solitario con una ventaja superior a los cuatro minutos, por delante de un pelotón que rodaba al ritmo del Quick Step, en espera de que sonaran las alarmas para ponerse serios. Tim Declercq, el Tractor no paraba de afilar un pelotón que volaba en busca de Chavanel, quien fue neutralizado a 14 kilómetros de meta. Muy pronto. Surgieron los nervios y con la inquietud las caídas y averías. Se fueron al suelo Adam Yates y Jesús Herrada, que pudieron subirse de nuevo a la bicicleta, al contrario que Luis León Sánchez.

Cosas que pasan en la primera semana del Tour, en la que los nervios y las fuerzas son proporcionales. Algunos tomaron nota de los incidentes de la víspera y el Sky asomó en cabeza avisado por unos últimos kilómetros peligrosos por las curvas y la cuesta de un kilómetro que apuntaba a meta. La Roche-Sur-Yon, la ciudad que Napoleón I decidió convertir en la prefectura de la Vendee, iba a ser tomada por las tropas de Gaviria. El Quick Step ya había puesto en marcha su tren con destino a la victoria cuando una curva a la derecha se convirtió en un amasijo de bicicletas y hombres. Resaltaba el jersey amarillo de Gaviria.

Huyeron de la quema 18 corredores, entre ellos un puñado de velocistas que iban a pelear la victoria en una llegada complicada en ligero ascenso. Entre ellos Valverde. El rival a batir era Sagan, segundo el primer día. El eslovaco se agazapó en espera de ver las cartas de sus rivales. Atacó Demare, luego Degenkolb y surgió la figura del maillot arcoíris para iluminar el cielo con una nueva victoria.

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