Deportes

Prácticas ilegales con apoyo estatal

  • Un estudio revela que Alemania Occidental repartía sustancias prohibidas a sus deportistas en los años 70

Anabolizantes, testosterona, estrógenos, EPO... Desde principios de la década de los 70, la Alemania Occidental repartió sustancias dopantes entre sus deportistas gracias a la connivencia de los políticos y el encubrimiento de los funcionarios. Así lo asegura un estudio elaborado por la Universidad Humboldt de Berlín y publicado por el diario alemán Süddeutsche Zeitung.

Los investigadores detallan que el sistema de dopaje se desarrolló en Alemania desde los tiempos de la Guerra Fría, siempre financiado por el Estado. No se trató de una reacción a las prácticas existentes en la extinta República Democrática Alemana (RDA), sino de acciones paralelas. Las pruebas se remontan al Instituto Federal de Deportes (BISp), fundado en 1970 y hoy dependiente del Ministerio del Interior alemán.

El volumen concreto y los costes exactos de este dopaje no se pueden esclarecer por completo. Los autores de la investigación destacan que el BISp destinó diez millones de marcos alemanes (unos cinco millones de euros) a los centros de medicina deportiva de Freiburg, Colonia y Saarbrücken.

Los políticos no sólo lo toleraron sino que en algunos casos llegaron a promoverlo. La razón: que la República Federal Alemana obtuviera fama deportiva.

Por medio de diferentes estrategias, instituciones como el BISp, la Federación Alemana del Deporte o el Comité Olímpico Nacional evitaron que los atletas fueran desenmascarados. Los avisaban para que no tomaran anabolizantes justo antes de las competiciones y retrasaban los controles antidopaje en los entrenamientos.

Todas las modalidades deportivas se vieron salpicadas. Sólo en los Juegos Olímpicos de 1976 se inyectaron 1.200 dosis de Kolbe (llamado así por el remero Peter-Michael Kolbe). Además, se infringió la recomendación de los médicos de no dar sustancias ilegales a mujeres o menores de edad. Un informe refleja pruebas realizadas en un grupo de jóvenes de 16 años y en unos niños de 11, pues se quería comprobar el efecto del dopaje según la edad de los atletas.

El estudio concluyó en abril de 2013 tras tres años de trabajo en los que se revisaron archivos y se entrevistó a 50 testigos. Pero por el momento no ha visto la luz de forma oficial. La presión llevó a un portavoz del Ministerio del Interior a asegurar que el texto será publicado pronto. "Tenemos un gran interés en esclarecer por completo y analizar el pasado de dopaje en las dos partes de Alemania", aseguró.

El propio BISp habría promovido el estudio en 2008, a iniciativa de la Federación Deportiva Olímpica Alemana. Sin embargo, según el consejo asesor del BISp, los investigadores han violado la protección de datos en su informe, pues se desvelan los nombres de médicos, funcionarios, deportistas y políticos. Algunos aún continúan en activo. Quizá por ello se haya retrasado la difusión de estas averiguaciones, pues las mismas podrían desencadenar un buen número de demandas.

Los críticos acusan al Ministerio del Interior de querer evitar su publicación para no perjudicar a las personas que salen en él. Entre tanto, la presión ha alcanzado a las grandes esferas de la política del país. "No entiendo por qué el estudio sobre dopaje debe ser guardado en un cajón", declaró el secretario general de la fracción parlamentaria del Partido Socialdemócrata (SPD), Thomas Oppermann.

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