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Con Piqué en el ojo del huracán

  • El central catalán acapara todo el protagonismo en la selección en una semana decisiva para la clasificación para el Mundial

  • Gritos y pancartas retiradas durante el entrenamiento

Piqué, junto a Rodrigo, en el entrenamiento de ayer en Las Rozas.

Piqué, junto a Rodrigo, en el entrenamiento de ayer en Las Rozas. / chema moya / efe

La selección española se concentró ayer con la misión de definir su clasificación para el Mundial de Rusia 2018, pero un hecho trascendente en el aspecto deportivo quedó en segundo plano porque el protagonista absoluto se llama Gerard Piqué. En los debates deportivos, nadie habló en España del camino del equipo nacional hacia el Mundial y del éxito que supondría para el combinado de Julen Lopetegui lograr el pase dentro de un grupo en el que también estaba Italia. El independentismo, y una figura tan notable como la de Piqué, le robaron el foco.

El jugador del Barcelona, en pleno shock por los incidentes del referéndum catalán, estalló el domingo entre lágrimas: "Si el míster o alguien de la Federación creen que soy un problema, daré un paso a un lado y dejaré la selección antes de 2018".

Pero no parece que Lopetegui quiera prescindir de Piqué, a tenor de lo que manifestó el viernes, cuando esquivó cualquier valoración sobre el supuesto independentismo del jugador del Barcelona para argumentar: "Se deja el alma en la selección y eso es lo único que me importa".

Y tampoco es probable que se manifieste en sentido contrario una Federación que tiene otros problemas internos más acuciantes que resolver. Por ejemplo, el de un presidente, Ángel Villar, investigado por corrupción, inhabilitado por el Gobierno y que todavía no renunció a su cargo. Los que están, su viejo grupo de colaboradores durante tantos años, tampoco parecen estar para tomar decisiones tan importantes como la salida de un campeón mundial. Así pues, da toda la sensación de que el equipo tendrá que convivir con Piqué y todo el ruido que éste generó y generará durante la concentración y los dos partidos que le quedan, ante Albania e Israel.

No hubo que esperar demasiado para comprobar esos efectos y Piqué fue saludado ayer con enormes abucheos de la hinchada española cuando saltó al campo para realizar el primer entrenamiento de la selección de Lopetegui. "Piqué, cabrón, fuera de la selección" y "Piqué, España es tu nación" fueron algunos de los gritos contra el jugador del Barcelona.

Tampoco escapó de los silbidos el propio Lopetegui por la convocatoria y defensa pública del polémico central. Además, miembros de la Guardia Civil retiraron pancartas contra Piqué y también otras antes de ser expuestas durante el entrenamiento. En una de ellas se podía leer: "Piqué no te vayas, quiero que te echen. Eres vomitivo".

Existe mucha expectación por ver qué ocurre durante el choque del viernes, en el que España jugará en casa, en Alicante, y con previsión de fuertes abucheos de quienes no lo quieren en la selección. No parece la forma más idónea de abordar una clasificación para el Mundial.

En el aspecto deportivo, Lopetegui se vio obligado a cambiar su hoja de ruta inicial por las bajas de Carvajal, con un virus, más Morata e Iniesta, ambos lesionados. De pronto de quedó sin tres titulares. Además, Busquets no podrá jugar ante Albania por sanción. Ante esta perspectiva, no le quedó otra que llamar a tres nuevos futbolistas: el veterano Aduriz, de 36 años, más el lateral de la Real Sociedad Odriozola y Jonathan Viera, de LasPalmas, ambos debutantes en una concentración con el combinado nacional.

A Lopetegui le disgusta hablar de cuestiones que vayan más allá del fútbol y está claro que el viernes, cuando detalló la lista de convocados, en su mente sólo existía prepararse para el éxito de clasificarse para un Mundial en un grupo en el que estaba Italia y después de haber regenerado la ilusión en la hinchada española tras los últimos años de decepciones.

Pero, a su pesar, todo ello quedará en un segundo plano. El gran protagonista no es el fútbol, sino Piqué y sus convicciones políticas. El central se ejercitó durante 23 minutos -el mismo tiempo que los futbolistas que jugaron el domingo- sobre el césped acompañado de insultos desde la grada por aficionados que portaron pancartas en su contra y mostraron su deseo de que abandone la selección. Por contra, el público ovacionó en varias ocasiones a Sergio Ramos y coreó el nombre de Isco. Un ejemplo más de la división que existe en la población española y que ayer quedó reflejado en el combinado nacional español.

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