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Objetivo: recuperar el estado de Gracia

  • El Cádiz regresará de las vacaciones obligado a enmendar su lamentable partido en La Línea · Los jugadores amarillos decepcionaron a su técnico tras un arranque para enmarcar

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Un equipo con dos caras. Ese es el Cádiz. Un equipo con dos caras que provoca dos caras en el aficionado y dos caras en su entrenador. Un equipo capaz de hacer lo mejor y de rozar lo peor. Capaz de ganar a domicilio a dos gallitos como Betis B y Poli Ejido e incapaz de imponerse en el feudo de la Balona, colista del grupo IV que jugó toda la segunda parte contra los amarillos con un jugador menos. Ese es el Cádiz: un equipo con dos caras que provoca dos caras en el aficionado y dos caras en su entrenador.

La última palabra que dijo el técnico navarro antes de marcharse de vacaciones fue "cruel". Se marchó decepcionado, con la cara cambiada. Sus pupilos dieron una imagen lamentable en el último partido del año y dejaron en el paladar del cadismo el peor de los sabores. Lógico el enfado de Javi Gracia, porque todo el camino recorrido hasta entonces había sido para enmarcarlo en las paredes de la historia. Récord por aquí, récord por acá, golpe en la mesa por allí, golpe en la mesa por allá. Un camino para enmarcar, pero con alguna piedra sobre la que se tropieza una y otra vez. Son hombres.

La imagen fue lamentable en la La Línea por la actitud de los jugadores, pero hay que subrayar que el Cádiz de las últimas jornadas no es el Cádiz del arranque liguero. Es obvio que a estas alturas de temporada todos los equipos se conocen unos a otros y se sabe quién es el que baila y quién el que cojea, pero se ha perdido la personalidad y ya no se da al balón el trato al que este estaba acostumbrado. Y si no riegas, se muere el romance.

Dos caras ha ofrecido también el año en sí. Una primera mitad trágica, con el cruel descenso en el último segundo de la Liga, y un punto de inflexión en la raíz de la otra mitad apoyado en la ilusión que nació con la llegada del joven técnico, Javi Gracia, y de una plantilla prácticamente nueva, con estructura de Segunda A, que pronto se ganó el respeto de los aficionados. Muñoz delegó en Peguero, Peguero delegó en Gracia y Gracia delegó en sus pupilos, que decepcionaron a todos en la línea que separaba un año de otro. Tras haber cargado las pilas, los futbolistas deberán volver a ganarse el respeto del técnico para entre todos tratar de recuperar la chispa: el estado de Gracia.

El cuerpo técnico debe haber detectado dónde están las grietas de la plantilla. Y la secretaría técnica debe ser toda oídos. El aficionado silba, pero el silencio a veces es más llamativo. Las bandas no son las del principio. Juanma nunca desbordó por la izquierda, pero al menos tenía gol, algo que quiso recordar ante la Balona. Enrique, determinante en las primeras jornadas, no es el que era: se ha apagado. Incluso se ha llevado algunos pitos. Pitos injustos.

Las dudas entran en todas las parcelas menos en la portería, donde Kiko Casilla es un arma segura: bien por alto, seguro bajo palos y determinante en las salidas, como en el partido en Sevilla o ante el Lucena en casa. En la zaga, hay cal y arena, como en el campo. Sin Cristian y Raúl López en los laterales se sufre. Mucho. Huelga decir más. En la zaga, Mansilla y Fragoso se han hecho pareja de hecho, pero lo mismo dan seguridad como crean lagunas. Mansilla sustituyó a De la Cuesta, y aunque se muestra frágil, se ha afianzado en el titular. No hay que olvidar que en la fase de ascenso habrá expertos en buscar las espaldas.

Lo más negativo es el bajón de Carlos, el germen de la chispa. Más allá de los marcajes a los que se le somete, el madrileño no ha llegado bien a diciembre. Debe sacar partido de un merecido descanso. Lo más positivo es Ormazábal, en pleno crecimiento. También el banquillo: Fran Cortés , López Silva y Rubiato, sobre todo.

Del año pasado quedan cosas buenas: Cristian, Fleurquin, Raúl López, Enrique...

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