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Nadal, eterno rey de París

  • El español, con molestias en la mano izquierda, agranda aún más su leyenda ante Thiem

  • El de Manacor iguala a Margaret Court, con 11 coronas en el Open de Australia

Nadal, eterno rey de París Nadal, eterno rey de París

Nadal, eterno rey de París

Rafael Nadal escribió una nueva página de su ya legendaria historia en Roland Garros al vencer a Dominic Thiem y alzar su undécimo título.

El austriaco, una de las últimas grandes apariciones en arcilla, no fue suficiente oposición para el campeón, que lo derrotó con parciales de 6-4, 6-3 y 6-2 en dos horas y 42 minutos y celebró así otra consagración en París.

"Jugué mi mejor partido del torneo", confesó Nadal, que consiguió su décimo séptimo Grand Slam y se queda a sólo tres de Roger Federer, máximo ganador histórico en el circuito masculino con 20 coronas.

"No es ni siquiera un sueño, porque era imposible pensar en ganar 11 veces aquí", señaló el balear. "La emoción es difícil de explicar", dijo un Nadal conmovido, que tuvo también elogios para Thiem.

"Seguro que ganarás aquí en los próximos años", le dijo al austriaco, que en palabras del mallorquín fue un "rival agresivo, difícil, con una gran derecha".

"Lo que estás haciendo es una de las cosas más increíbles en el deporte", le respondió Thiem, quien contó que vio por televisión, a los 11 años, la primera victoria de Nadal en 2005. "Espero tener otra posibilidad de jugar la final, incluso ante ti, sería un sueño", expresó el séptimo preclasificado, que prometió hablar francés si vuelve a meterse en la final.

Por lo pronto, París es el reino de Nadal. Número uno del mundo, el español se convirtió en el segundo jugador en levantar 11 veces el mismo grande e igualó así a Margaret Court, que reinó durante 11 ediciones en el Abierto de Australia.

Y es que después de ganar títulos consecutivos entre 2005-2008 y 2010-2014, el mallorquín defendió con éxito el trofeo que ganó el año pasado y demostró, en suma, que aún será muy difícil destronarlo en la Porte d'Auteuil.

La victoria de ayer es, además, una gran prueba de vigencia, ya que es el cuarto tenista en la historia del circuito ATP que gana tres o más grandes después de haber cumplido los 30 años.

Sin ser arrollador, Nadal fue sólido y aprovechó la falta de precisión de un Thiem errático y poco efectivo en los momentos definitivos.

Hubo paridad sólo al principio, cuando ambos se quebraron el servicio y parecían no sacarse demasiada ventaja. Pero Nadal, como siempre, abrió una grieta allí cuando hacía falta.

Thiem sacaba para ponerse 5-5. Sin embargo, dejó una primera pelota en la red. Otros dos fallos dieron una ocasión de oro a Nadal, que ganó el set y empezó a ser dueño del partido.

En el segundo set, Thiem se descentró. Errores propios en la red lo enervaron y lo sacaron del partido. Soltaba maldiciones en alemán y se lamentaba cuando su rival la colocaba justo en la esquina. Cedió de nuevo su saque en el comienzo y la ruta empezó a empinarse de verdad.

Aunque hubo un momento en el que se pudo meter de nuevo en el partido. Con 4-2 abajo, dispuso de una bola de ruptura. Se le desvaneció la ocasión. La remontada se antojaba cada vez más difícil.

En el tercer set se soltó algo el centroeuropeo, seguramente pensando que ya no tenía nada que perder. Salvó cuatro bolas de ruptura en el primer juego. Pero de nuevo Nadal retomó el control de los puntos. Hizo correr a su adversario, quien además estuvo poco preciso en su servicio, con cinco dobles faltas.

El tramo final tuvo susto incluido. Nadal se quejó en el cuarto juego de su dedo corazón. "No lo puedo mover", dijo en inglés. Recibió asistencia médica.

"Vamos, Rafa, que lo ganas sin manos", le gritó entonces un espectador. El de Manacor se olvidó del dolor y continuó aplicando el rodillo. El austriaco vendió cara su derrota. Salvó hasta cuatro bolas de partido en el último juego.

Nadal acertó a la quinta y lo celebró. El español no sabe lo que es la acomodarse. Nunca se cansa de ganar. Y en París, más que en ningún otro sitio, es infinito.

Rafael Nadal, en una ceremonia ya clásica en Roland Garros.

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