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Modric, el último defensor del estilo

Luka Modric es uno de los últimos estrategas de Rusia 2018. Tras el hundimiento del tiquitaca y en un Mundial revolucionado por los contraataques veloces y los goles a balón parado, el volante que dirigirá mañana a Croacia en los cuartos de final ante Rusia en Sochi encarna aún a los futbolistas que marcaron escuela en la década pasada.

El puesto parece ya un rara avis en Rusia 2018, el Mundial que está enterrando el dogma de la posesión de pelota. Modric, el 10 de Croacia, es uno de los últimos defensores del estilo. Tres de los equipos que más control tuvieron en sus partidos España, Alemania y Argentina se despidieron hace tiempo del torneo.

La selección ibérica incluso con un triste récord: completaron 1.029 pases en su partido de octavos, un despliegue estéril de toque y control que no pudo evitar la eliminación a manos de la modesta Rusia.

Entre los ocho equipos sobrevivientes quedan volantes talentosos. Kevin De Bruyne en Bélgica, por ejemplo, o el brasileño Philippe Coutinho. Ambos juegan, sin embargo, en equipos que brillan sobre todo por sus potentes ataques -Coutinho juega de mediapunta y se suele retrasar a la creación--, mientras que el juego de los croatas depende en mucho mayor medida de lo que pueda hacer Modric en la medular.

El pequeño centrocampista del Real Madrid completó hasta ahora 211 pases en los cuatro partidos que jugó, en los que tocó la pelota 255 veces. El brasileño Casemiro y el francés N'Golo Kanté hicieron más pases, aunque ambos juegan en posiciones más defensivas.

Modric, el cerebro croata, lidera ahora un equipo que aspira a hacer historia emulando a la única selección del país balcánico que llegó a las semifinales de un Mundial: el equipo liderado por el mítico artillero Davor Suker, que tumbó a Alemania en cuartos de final de Francia 1998 y se quedó con el tercer puesto.

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