Fútbol | Primera Andaluza

Indignación en el Chiclana Industrial con un árbitro “pasivo”

  • En el club rojinegro no se explican que ni siquiera amonestara a Gordo, del Tarifa, tras agredir a Johny.

Johny, delantero industrialista, durante un partido a principios de temporada. Johny, delantero industrialista, durante un partido a principios de temporada.

Johny, delantero industrialista, durante un partido a principios de temporada. / Chano Saucedo

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El arbitraje en ciertas categorías del fútbol se deteriora por momentos y no parece que el ente federativo tome cartas en el asunto. Las situaciones surrealistas que se viven prácticamente cada jornada en Primera Andaluza han llegado a tal punto que no solo repercuten en el resultado de los partidos, sino que la inacción por parte de quienes pueden estudiar y eliminar estos comportamientos condena sin remedio a los equipos de la parte baja de la tabla.

El último caso tuvo lugar el pasado domingo con ocasión del encuentro Tarifa-Chiclana Industrial. Mientras los jugadores se retiraban a vestuarios tras el pitido final, el zaguero local Francisco Javier Pinto Marín Gordo propinó un puñetazo al rojinegro Johny. El chiclanero se marchó a casa con el ojo hinchado y un gran moratón. Ese mismo jugador agredió también a Alberto Chust durante el encuentro, agarrándole de la camiseta y dándole un golpe en la espalda. En ninguna de las dos acciones hubo un posterior enfrentamiento mutuo ni intervención alguna del árbitro, Esteban Cabrera Noguera.

Los jugadores del Chiclana Industrial llevaron a su compañero al vestuario arbitral para que vieran cómo le había dejado el ojo. La respuesta fue "eso no es problema mío, nosotros no hemos visto nada". Al salir del mismo, uno de ellos alzó la voz diciendo: "Pitando seremos malos, pero escribiendo somos muy buenos".

Una cosa es que no lo vea y otra que no suceda, puesto que los colegiados median cuando se producen altercados entre los jugadores, sea en los vestuarios o en el transcurso del partido. Pero otra muy distinta es responder sin educación, sabiendo que se ha equivocado al no interceder para evitar acciones violentas como la del domingo. Con la RFAF ignorando este tipo de sucesos, se pone de manifiesto que existe un paraguas de inmunidad del que los colegiados tiran para justificar sus errores.

El director deportivo del Chiclana Industrial, Paco Cordero, lo tiene claro. "El árbitro no es que pitara bien o mal, es que directamente no pitó. En el descanso le comenté la pasividad que había tenido en la primera parte a la hora de pitar faltas y me contestó diciendo que ya estaba muy mayor para pitar esas cosas", cuenta. El caos en el que se convirtió el trabajo arbitral no radica únicamente en las manos o faltas que no vieron él ni los jueces de línea, sino que a Raúl le sacó una tarjeta amarilla y luego no la reflejó en el acta. Incomprensible de cabo a rabo.

Uno de los jueces de línea estaba presente cuando se produjo la agresión a Johny, pero misteriosamente se inhibió y tampoco vio nada, según sus palabras. El director deportivo entró al vestuario para decirle al colegiado que "tengo un jugador con un golpe en un ojo y dice que él no ha visto nada, haciendo caso omiso. Y el línea como si no estuviera. Yo se lo dije con la intención de que lo incluyera en el acta, por si necesitaba asistencia médica con los gastos que eso conlleva".

La conclusión de todo este asunto es que Gordo va a jugar la próxima jornada después de haber agredido a dos rivales el pasado domingo, pues no recibió amonestación alguna. Ni del árbitro ni de su propio club, pues en el partido no había nadie de la directiva del Tarifa. Mientras, hay un chaval de 19 años con un ojo morado, que aún no sabe si podrá ser de la partida con el Chiclana Industrial en el compromiso venidero.

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