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Inagotable capacidad de reacción (2-1)

  • El equipo amarillo se repone de un tempranero gol en contra y encuentra el premio de los tres puntos gracias a su persistencia. Abdullah, autor de un tanto, dirige con maestría y Ortuño culmina la remontada.

Instante en que Abdullah marca el gol del empate en la primera mitad. Instante en que Abdullah marca el gol del empate en la primera mitad.

Instante en que Abdullah marca el gol del empate en la primera mitad. / fito carreto

La bendita realidad sitúa al Cádiz en una feliz escenario que no varía con el paso de las semanas y si cambia es a mejor. La permanencia sigue el objetivo ajustado al guión milimétrico trazado por el club pero la única verdad indiscutible a día de hoy, números en mano, es que el equipo amarillo está metido hasta el cuello en la batalla por la promoción de ascenso gracias a su capacidad para sacar adelante partidos que se enredan más de la cuenta. Contra el Mirandés no fue una excepción pese al revés inicial y a un arbitraje ni mucho menos casero. Da igual las circunstancias. La capacidad de reacción es tal que se sobrepone a lo que sea y siempre se agarra algún recurso para prolongar su estado de prosperidad.

Es un hecho objetivo que el equipo amarillo alimenta la ilusión semana a semana con su permanente producción de puntos. Ya son 40 los que atesora recién iniciada la segunda vuelta, con un amplio recorrido para superar con creces los 50 que en teoría aseguran la salvación.

El sufrimiento es fiel aliado de un equipo acostumbrado a la igualdad de los combates. Cuando el partido contra el Mirandés se encaminaba hacia el empate de modo casi inevitable, se agigantó la figura de Ortuño, que no pudo elegir mejor día para reconciliarse con el gol para marcar uno de esos de auténtico matador del área. Lanzó todo su cuerpo al suelo para rematar un centro raso de Aitor. Empujó el balón con el pecho, con su estómago, hambriento del gol que se le había resistido en las tres jornadas anteriores. Fue con todo. Con el corazón, el que puso todo el equipo para levantar el tanto inicial del equipo castellano leonés. El Cádiz encontró el premio de la victoria gracias a su persistencia, sobre todo en una segunda parte en la que se hizo con el control del balón e hizo daños por las bandas. Antes del descanso había igualado Abdullah, convertido en brillante director de orquesta.

El Cádiz tuvo que remangarse para doblegar a un Mirandés, que se puso por delante con un gol tempranero de Guarrotxena (en el minuto 5). No pintaba bien la cosa. Le costó un mundo al equipo amarillo superar al penúltimo clasificado, pero una vez más se las supo arreglar para sacar adelante un partido y consolidarse en la tercera posición.

La solución a la baja de Garrido fue la primera titularidad de José Mari después de su operación de hernia inguinal. El roteño no está al cien por cien pero no había más medios para afrontar el choque y dio un paso al frente en una demostración de compromiso que llevó a estar los 90 minutos a buen nivel.

El tanto de los rojillos llegó como jarro de agua fría en el ejemplo más palpable de los problemas que ayer sufrieron los gaditanos en la defensa de las acciones a balón parado. Guarrotxena cabeceó a placer a la salida de un córner y dejó helado a un equipo amarillo que muy pronto, en los instantes de tanteo, se vio cuesta arriba.

Le costó entrar en materia a un Cádiz encomendado a un hiperactivo Salvi, que poco antes del 0-1 había protagonizado una peligrosa internada y después firmó el primer disparo a puerta, atrapado por Roberto.

Los hombres de Cervera tenían todo el encuentro por delante para dar la vuelta a la tortilla pero tardaron en descifrar la clave para escapar de la presión de un rival valiente que acumuló hombres en el centro del campo y arriba y dejó una defensa de tres, fiel a su estilo. Álvaro García empezó a aparecer por la izquierda y el equipo, que además se hizo más amigo del esférico, lo notó.

Las primeras ocasiones llegaron a balón parado, como el testarazo de Ortuño (minuto 17) que se marchó por encima del larguero tras un córner. El duelo se desarrollaba como le interesaba a un Mirandés demasiado cómodo sobre el césped hasta que los anfitriones apretaron el acelerador en la recta final antes del descanso. En el 32, Álvaro García llegó a un balón imposible en la línea de fondo y sirvió en bandeja para que Salvi sólo tuviera que empujar a puerta vacía a un metro de la línea de gol, sin que nadie le molestase. De manera inexplicable, el sanluqueño remató al larguero cuando sólo tenía que poner la bota para dirigir la pelota al fondo de la portería. Falló el gol más fácil de su vida en una oportunidad que le causará más de una pesadilla.

Dos minutos después quien no falló fue Abdullah, al que le bastó una floja definición cruzada para aprovechar el pase de Salvi, que de ese modo enmendó su error anterior. El Cádiz consiguió equilibrar el partido antes del descanso aunque sufrió algún susto. En el 37, Cifuentes se tuvo que emplear a fondo para mandar a córner un centro chut de Provencio y en el 42, el cancerbero taponó un remate a bocajarro de Maikel Mesa tras ese saque de esquina.

Cervera no quiso arriesgar con Sankaré, que arrastraba una tarjeta, y en el descanso dejó al senegalés en el vestuario, sustituido por Servando, para evitar que se expusiera una expulsión como en el choque contra el Almería.

Los locales, liderados por un entonado Abdullah, tocaban el cuero con criterio y llegaron al área con incursiones por las bandas. Sólo les faltaba culminar las jugadas. En el 50, Ortuño dejó escapar una ocasión de oro al hacerse un lío de espaldas a la portería en lugar de pasar el balón. El dueño absoluto de la pelota era el Cádiz y las llegadas en ataque era continuas. Sólo faltaba el bien preciado del gol. En el 53, Roberto desvió un centro de Salvi y a la salida del córner Brian estuvo a punto de marcar con un zurdazo lejano que lamió un poste.

El acecho a la portería contraria fue creciendo con el paso del tiempo pero no había manera de salir del atasco y el partido quedó abocado a un desenlace incierto, como tantas otras veces. Los segundos volaban y Cervera se jugaba la carta de Aitor, revulsivo en citas anteriores. El onubense, relevo de Rubén Cruz, se colocaba en tres cuartos a la caza de un balón franco.

Llegó la hora de la verdad, del apretón final, y el árbitro se convirtió en un rival más al no señaló un claro penalti cometido sobre Brian en el minuto 77 cuando el lateral se disponía a rematar en una posición inmejorable. Los gaditanos siguieron a lo suyo y dos minutos después, en el 79, Ortuño culminó la remontada al rematar un centro de Aitor. El murciano, que llevaba tres jornadas sin ver puerta, apareció justo a tiempo con un remate en boca de gol, con el pecho, suficiente para que la pelota entrara llorando.

En el último suspiro, Cifuentes evitó el empate con paradón a lanzamiento de Usera que iba a la escuadra. Cinco minutos antes había debutado Iván Malón y Carpio acabó en la media con un trivote junto con Abdullah y José Mari.

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