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Flores para Greipel

  • El velocista emerge para ganar su segunda etapa de esta edición en un emotivo día por el recuerdo de la I Guerra Mundial y sin novedad en el frente

André Greipel (Lotto Soudal) volvió a mostrarse intratable al sprint con una exhibición de fuerza que lo condujo al doblete en la quinta etapa, disputada por escenarios de la I Gran Guerra, entre Arras y Amiens, en la que su compatriota Tony Martin (Etixx) retuvo el maillot amarillo.

Greipel es el rey de la velocidad. Dos ocasiones, dos victorias. En un día frenético, sin tregua desde el banderazo de salida, aún le sobraron fuerzas al de Rostock para desmoralizar a Peter Sagan y Mark Cavendish.

Tony Martin hizo de lanzador para Cavendish, pero el chico de la Isla de Man parece que no tiene el reprís de antaño. El germano conservó el liderato, con Froome a 12 segundos y Van Garderen a 25.

Las caídas, el viento y un ritmo endiablado no permitieron un día de vacaciones entre los favoritos. Hubo que dar pedales en cabeza para evitar más disgustos. Froome pasó una pagina más al frente de la alta jerarquía, en espera de que digan algo nuevo el Muro de Bretaña, la crono por equipos, o la montaña, escenario con el que sueñan Contador y Quintana. Madrileño y colombiano no ven la hora. Mientras, Froome vive 36 segundos por delante de Contador, 1.38 minutos respecto a Nibali y en la frontera de los dos minutos respecto a Valverde y Quintana.

Al quinto día tampoco llegó la tranquilidad al pelotón en un trayecto de recuerdo sobrecogedor, de escenarios donde se libraron las batallas más sangrientas de la historia. Desde Arras a Amiens se suceden los cementerios, los monumentos... La memoria. El Tour no fue ajeno, tres de sus campeones: Lapize, Faber y Petit Bretón, se dejaron la vida junto a medio millón de personas en el frente de La Somme.

La batalla en la carretera fue mucho más amable, pero de descanso, nada. De entrada, un solo combatiente, el francés Perichon, trató de rebelarse, pero no era día de aventuras en solitario con casi 200 kilómetros por delante, viento fuerte y, sobre todo, por la voluntad de facilitar una llegada al sprint que obligara a trabajar a los equipos interesados.

El grupo estuvo dividido en dos más de media etapa. Los favoritos no se descuidaron y sus equipos controlaron cualquier movimiento sospechoso. Tampoco se libraron los corredores de las caídas. Hubo varias. En una de ellas dejó la carrera en ambulancia el francés Bouhanni. Los gallos firmaron tablas de lejos. Mejor dejar actuar a los equipos de los velocistas para que por fin pudieran lucirse.

Amiens, la ciudad que honra en cada esquina a su ilustre vecino Julio Verne, el padre de la literatura de ciencia ficción, vivió un sprint de verdad, peleado desde lejos, con los actores principales en acción. Martin, un líder obrero, desbrozó la recta para Cavendish, pero el Giant tenía la opción de Degenkolb. El alemán encerró sus ilusiones contra la valla, y Kristoff, sin lanzadores, se buscó la vida, como muchas veces.

Ni uno ni otro. Apareció como un huracán Greipel con su maillot verde para demostrar quién es el guepardo más en forma y alargar la fiesta alemana. Era su octava victoria en el Tour. Para la memoria de las batallas ciclistas.

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