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Cristiano es bueno hasta de baja

  • Mourinho readaptó el sistema por la ausencia del luso y de medios defensivos y afloró el Madrid más vistoso, con fútbol asociativo y Özil en figura. Los ataques fueron más pausados, pero se multiplicaron los llegadores.

A veces, los contratiempos contienen regalos. Claro que hay que descubrirlos. Y Mourinho, con todos sus defectos, es un extraordinario entrenador de fútbol, un tipo con una mirada tan hosca como aguda. Por eso lo vio claro, y en el serio contratiempo que para cualquier equipo debe suponer la ausencia de Cristiano Ronaldo, supo ver un regalo: sin el crack portugués, y sin pivotes defensivos, el Real Madrid puede abrir otro manual, "un 4-4-2 en rombo" -Mourinho dixit- tan eficaz como el que suele interpretar con el ejecutor de Madeira sobre la hierba (4-2-3-1), y que además es un manual más colorista, más vistoso. Así ocurrió en Santander, con lo que todo sigue igual con una jornada menos: siete puntos de ventaja para el Barcelona.

Y tan bien jugó el Madrid en El Sardinero, tan plástico, que no tardaron en brotar las comparaciones con el referente de referentes que es hoy su gran rival azulgrana. Xabi Alonso actuó como único medio centro -el vasco se hizo futbolista grande así- y por delante, junto a Di María y Özil, entró un jugador que no es mediapunta, ni extremo, ni medio centro, sino una mezcla de todo ello: Granero. Y el canterano, partiendo más desde la derecha, encajó en el juego asociativo que propuso Xabi Alonso más atrás, y Özil más adelante.

La ausencia obligada de Diarra por sanción y las de Gago y Khedira por lesión forzaron a Mourinho a alinear ante el Racing a Granero, quien sólo coincidió con Xabi Alonso como titular en una ocasión esta temporada. Fue en la Copa del Rey ante el Levante, en el Bernabéu (8-0). En Santander, Granero jugó "a uno o dos toques, pensando rápidamente y dando salida", según definió su entrenador. Esto es, el mismo lenguaje de Xabi Alonso y Özil.

A sus 22 años, Özil, por el que el Real Madrid pagó 15 millones de euros en junio al Werder Bremen, crece en personalidad y peso dentro del equipo con cada partido.

El alemán disfrutó e hizo disfrutar. Maniobró por todo lo ancho del campo y desarboló a todo el Racing con un amplio repertorio: desborda en velocidad, o en triangulaciones o con un arma cada vez más escasa, el regate. Este año, el Madrid tiene varios regateadores, y eso es un potosí en este fútbol de tanto rigor táctico: Özil, Di María, Marcelo, Benzema... y Cristiano.

Además, Benzema entró en ese divertido juego. Al tener a Adebayor a su lado acudió a los espacios libres que dejaba Özil al arrastrar a los defensores. Total, que al Madrid se le multiplicaron las líneas de pase... y los jugadores que podían acabar los ataques: la ventaja de disponer de dos puntas natos, más llegadores como Granero, Özil y Di María. Con Cristiano, muchos de los ataques desembocan en el portugués. Y él los suele acabar muy bien, pero aglutina tanto el juego que reduce las variantes. Y, además, el cariz del juego es otro: del juego rápido y de pocos toques del 4-2-3-1, a la pausa y la combinación bajo el 4-4-2.

Pero que nadie se llame a engaño: lo de Santander fue puntual. Cuando Mourinho recupere a sus medios defensivos y regrese Cristiano, retornará a su manual predilecto. Sobre todo cuando enfrente tenga a un rival de más fuste que el limitado Racing de Marcelino.

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