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El desafío de poder igualarse

  • El potencial croata reta a la anfitriona y espera poder repetir su mejor resultado histórico

  • El portero Akinfeev, erigido en el líder ruso, se las verá con Mandzukic, Perisic y compañía

El portero ruso Igor Akinfeev se ejercita durante el entrenamiento de su selección previo al partido frente a Croacia. El portero ruso Igor Akinfeev se ejercita durante el entrenamiento de su selección previo al partido frente a Croacia.

El portero ruso Igor Akinfeev se ejercita durante el entrenamiento de su selección previo al partido frente a Croacia. / mohamed messara / efe

El fútbol de Luka Modric e Ivan Rakitic contra la euforia de los anfitriones de Rusia 2018. Croacia, uno de los aspirantes tapados al título, buscará hacer historia y volver a las semifinales de un Mundial de fútbol, echando del torneo a la sorprendente Sbornaya rusa.

Los balcánicos llegan como favoritos al duelo con Rusia en el estadio Fisht de Sochi, a orillas del Mar Negro, aunque tendrán enfrente el poderío de la hinchada local y a unos anfitriones que sueñan en grande tras mandar a casa en octavos nada menos que a España, una de las favoritas, a priori, para el Mundial.

Con un triunfo en los cuartos de final, el equipo formado alrededor del talentoso centrocampista del Real Madrid Luka Modric igualaría el mayor logro mundialista de su país, las semifinales de Francia 1998, a las que avanzó la Croacia de Davor Suker. Desde entonces, los balcánicos no habían vuelto a superar la primera ronda de un Mundial.

"Tenemos la oportunidad de volver a hacer algo así", consideró el central Dejan Lovren en alusión a 1998. Encuadrados en la que es supuestamente el lado fácil de la fase eliminatoria, Croacia sueña incluso con la final en Moscú.

Si derrota a Rusia, el equipo balcánico se mediría en la ronda de los cuatro mejores a Inglaterra o Suecia, tras evitar por el otro sector a potencias como Brasil, Bélgica y Francia.

Pero pese a mostrar un buen fútbol, el equipo que desmontó con un 3-0 a la Argentina de Lionel Messi en la fase de grupos no goza de la mejor imagen en el Mundial. Un vídeo que circuló tras el triunfo sobre la albiceleste volvió a poner estos días en la mira a Croacia, un país de pasado político convulso.

En la grabación difundida por Lovren se ve a varios jugadores en los vestuarios entonando el Bojna Cavoglave, un cántico de una banda de ultraderecha que suele hacer apología del régimen fascista croata de la Ustacha, de los años de la Segunda Guerra Mundial.

No es la primera vez que Croacia genera críticas por incidentes de ese tipo. La selección tuvo que disputar en 2015 un partido de las eliminatorias para la Eurocopa sin público debido a un castigo a los insultos racistas de sus aficionados.

Rusia, en cambio, podrá contar con el apoyo masivo de sus hinchas. Con recursos limitados en la cancha, pero envalentonada en su Mundial, la Sbornaya quiere volver a dar la sorpresa en el Fisht.

Gran parte de sus opciones pasan por volver a armar un muro en torno al fiable portero Igor Akinfeev y confiar en una contra veloz de Alexander Golovin o Denis Cheryshev. O, llegado el caso, otra vez en Akinfeev, héroe nacional ruso tras pararle dos penaltis a los españoles Koke y Iago Aspas en los octavos.

Para impulsar el sueño de las semifinales, la federación rusa movilizó en trenes a miles de aficionados desde Moscú o San Petersburgo hacia Sochi, el balneario emblema de la nueva Rusia de Vladimir Putin.

Una derrota en el templo deportivo erigido para los Juegos Olímpicos de invierno de 2014 tendría por otro lado un simbolismo amargo. Sochi representa, como pocos lugares, las acusaciones de dopaje sistemático que pesan desde hace años sobre el deporte ruso.

El poder del fútbol, sin embargo, puede cambiarlo ahora todo.

Con un triunfo, la sorprendente Sbornaya dirigido por Stanislav Cherchesov igualaría también el mayor logro ruso en los Mundiales de fútbol, las semifinales de 1966, a las que llegó la entonces Unión Soviética.

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