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Arantxa enciende la llama de lo desconocido

  • La exjugadora acusa a sus padres de dejarla en la ruina y dice que no se habla con sus hermanos

Las cosas no son siempre lo que parecen: basta con ver el caso de la española Arantxa Sánchez Vicario, aquella número uno del mundo del tenis inseparable de su familia y que parecía ser feliz así. Nada de eso: según sus últimas confesiones, casi se podría decir que odió y odia a sus padres. "El mito de una familia Sánchez Vicario unida y feliz era eso: un mito", escribió la tricampeona de Roland Garros en un libro autobiográfico.

Marisa y Emilio, los padres, fueron omnipresentes en la carrera de Arantxa. Pero esa presencia sin pausas asfixiaba a la jugadora, confiesa ahora la española, que le dedica palabras muy duras a su madre. La principal acusación es que sus padres la dejaron en bancarrota, que de sus 45 millones de dólares en ganancias no queda prácticamente nada. "Me han dejado sin nada, estoy endeudada con Hacienda y mis propiedades son muy inferiores a las que tiene por ejemplo mi hermano Javier, que a lo largo de su carrera ganó mucho menos que yo", asegura. Tiene problemas con el fisco español por impuestos liquidados como residente en Andorra que involucran unos 3,5 millones de euros.

La madre no ha tardado en responder: "Quedará muy claro que nunca nos hemos aprovechado de Arantxa y que no está arruinada". La jugadora no coincide, añade que tiene cortadas las relaciones con sus hermanos y recuerda la soledad de su infancia, en la que el tenis y el éxito eran las obsesiones familiares.

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