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Crónica | España no sabe matar a Alemania y respira incluso con el empate (1-1)

Morata golpea con calidad el balón para marcar el gol español.

Morata golpea con calidad el balón para marcar el gol español. / Juan Ignacio Roncoroni | Efe

Tablas con buenas vibraciones para España en un duelo de la fase de grupo con aroma a cita mucho más trascendente. El equipo de Luis Enrique no fue capaz de conservar el tanto inicial de Morata e incluso suspiró de alivio en la última jugada cuando Sané estuvo a punto de sacar provecho de un error de Nico Williams en la salida, como antes había hecho Füllkrug con otro fallo mucho más flagrante incluso de Laporte en un balón regalado. Pero todo se iba a quedar, afortunadamente, con el uno a uno para que España prácticamente dependa de sí misma para la clasificación para la segunda fase.

Fue un choque con mucho contenido, con tanto que incluso tuvo los miedos finales de las grandes citas. España había tenido todo a favor, pero le faltó creérselo en las salidas a la contra para haber cerrado el resultado. Porque lo pudo hacer, particularmente en un balón que Jordi Alba no supo colocarle en las mejores condiciones a Nico Williams cuando la ventaja era completamente de los hombres de rojo.

Pero el fútbol jamás es de lo que pudo ser, sino de lo que es y lo cierto es que Alemania fue capaz de empatarlo en una acción que debió ser mejor defendida, sobre todo en la salida del balón por parte de Laporte. Ahora las cábalas son muchas y lo más curioso es que los tetracampeones del mundo están en manos de los españoles, ya que todo lo que no sea robarle puntos a Japón en la última jornada los obligaría a una goleada de escándalo a Costa Rica para superar a la selección de Luis Enrique en un empate a puntos.

El partido, como era previsible, no iba a tener absolutamente nada que ver con el debut contra Costa Rica. El nivel de Alemania es muchos puntos superior a la selección centroamericana, sobre todo en lo referente al físico, y la selección de Hansi Flick fue capaz de ahogar a los principales generadores del fútbol del equipo de Luis Enrique. Gündogan, por ejemplo, ejerció de primer defensa para colocarse siempre junto a Busquets para abortar esa vía a la que tantas veces recurren los hombres de rojo, pero no sólo eso, era permanente una línea de cuatro por detrás del punta Thomas Müller.

Como, además, Luis Enrique había insistido en un plan de partido muy parecido al desarrollado contra Costa Rica, con la excepción de la presencia de Dani Carvajal en el lateral derecho, España tenía el problema de carecer de una referencia arriba para utilizar el pase a ese pivote que permitiera salir al equipo cuando se sentía demasiado agobiado con la presión.

Eso, al principio, no fue un problema mayor, España no rehuía al riesgo y casi siempre sabía hallar la salida adecuada por el medio a través de Pedri y también de Busquets, en menor medida por parte de un Gavi mucho más engullido por el juego de los alemanes. Eso posibilitaba que la pelota llegara finalmente hasta los tres puntos y gracias a ello se produjo una de las ocasiones más claras del litigio en un disparo de Dani Olmo que se estrelló en el larguero (7').

España había estado a punto de soltar el primer latigazo para frenar también el riesgo de los alemanes en su presión tan arriba, pero el rival siempre se ha caracterizado por no dar un paso atrás. Eso iba a provocar que el equipo de Luis Enrique llegara a sentirse agobiado, que pensara que los riesgos eran cada vez mayores y que en uno de esos balones podría sufrir un castigo mucho mayor.

Además, Alemania tampoco tenía ningún problema en entrar fuerte, tal vez demasiado, con la permisividad de un Makkelie que no quería cortar un espectáculo que para un espectador neutral era bastante potente. Y la mejor ocasión para los germanos llegó en una falta lateral. El centro le llegó como un caramelo a Rüdiger, que cabeceó absolutamente solo (39'). La jugada levanta sospechas desde el principio y el VAR se encargaría de demostrar que existía un fuera de juego.

España respiró aliviada, pero en esa fase del juego es cuando más asfixiada se sintió, entre otras cosas porque la única vía de salida que hallaba estaba en las penetraciones de Dani Olmo a las espaldas del lateral Kehrer. En una de ellas pudo marcar Ferran Torres (33'), esta vez más oscurecido en su labor por la derecha. Se pitó fuera de juego también, pero quedó la duda de qué hubiera decidido la maquinita en caso de haber entrado el balón.

Restaba aún un tiempo entero y la segunda mitad ya iba a tener más carga de emotividad, por encima del fútbol. Luis Enrique no tardaría en recurrir a Morata en busca de una referencia más clara arriba y para ello prescindía de su yerno, Ferran Torres. Le dio resultado porque el delantero del Atlético de Madrid no necesitó ni diez minutos en el campo para anotar su segundo gol del certamen mundialista. Un excelente pase de Jordi Alba lo hizo mejor aún el único delantero centro puro de la selección con su golpeo.

España había sido capaz de ponerse por delante en el marcador, pero restaba mucho por remar. Luis Enrique buscó velocidad con Nico Williams, pero esta vez el extremo del Athletic no estuvo acertado a la hora de darle esa salida al equipo. Flick, en cambio, apeló a las torres ofensivas y fue Füllkrug el encargado de igualar después de un paradón previo de Unai Simón a Musiala a bocajarro (73').

El jarro de agua fría afectó, claro que sí, porque España comenzó a pensar que todo el trabajo y la confianza se podía venir abajo. Pudo suceder, cierto, a través de Sané, pero hubiera sido muy injusto. No fue así y España depende de sí misma en la última jornada contra Japón para ser la primera de grupo. Toca volver a sentirse los mejores del mundo y Luis Enrique, como él mismo dijo, debe estar contento de tener trabajo en ese sentido.

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