A las orillas del Ladoga | Crítica

Foxá en los confines

  • Renacimiento recupera los artículos que envió el autor madrileño desde su destino diplomático en Finlandia, escritos durante la invasión alemana de la URSS en la Segunda Guerra Mundial

Agustín de Foxá (Madrid, 1903-1959) durante una conferencia en Burgos, en 1938. Agustín de Foxá (Madrid, 1903-1959) durante una conferencia en Burgos, en 1938.

Agustín de Foxá (Madrid, 1903-1959) durante una conferencia en Burgos, en 1938.

De Agustín de Foxá se citan siempre las mismas anécdotas, muy divulgadas y ciertamente ingeniosas, que definen su personalidad expansiva, brillante, exquisitamente cínica, pero conviene leerlo porque se trata de un buen escritor –sobre todo, a nuestro juicio, de un excelente prosista– que no merece ser despachado con cuatro líneas de segunda mano. No es que su poesía no sea interesante, con su peculiar combinación de motivos tardorrománticos, estética modernista y audacias de la vanguardia, pero el mejor Foxá está en su gran novela Madrid, de Corte a Cheka, recientemente reeditada por Renacimiento con prólogo de Ignacio Ruiz Quintano, y asimismo en los artículos literarios. Como viera Umbral, los llamados prosistas de la Falange –en particular el propio Foxá, Sánchez Mazas o Eugenio Montes– destacaron en un género para el que estaban, por su vasta cultura y su afición a la evocación histórica, especialmente dotados. Que lo abordaran desde la fidelidad al ideario joseantoniano y el compromiso con la España franquista, donde fueron figuras celebradas pero hasta cierto punto excéntricas, no impide que podamos seguir disfrutando de la calidad de su escritura.

Integrantes de la División Azul camino del frente oriental. Integrantes de la División Azul camino del frente oriental.

Integrantes de la División Azul camino del frente oriental.

Los artículos, poemas y cartas (1941-1942) reunidos por Cristóbal Villalobos en A las orillas del Ladoga datan de los años en los que Foxá, después de haber ejercido misiones diplomáticas en Sofía, Bucarest y la Roma de Mussolini, de donde tuvo que ser trasladado por haber ofendido al todopoderoso conde Ciano, fue enviado en calidad de encargado de negocios a la Embajada de Helsinki, durante la invasión alemana de la URSS. El aristócrata madrileño coincidió allí con Curzio Malaparte, que recrearía el mismo periodo en las crónicas recogidas en El Volga nace en Europa (1943) y la novela Kaputt (1944), donde su amigo Foxá, a quien no gustaría el retrato, aparece como personaje. Tras la reciente Guerra de Invierno, las tropas finlandesas de Mannerheim participaban en la coalición de naciones que apoyaron a la Alemania nazi en la temeraria Operación Barbarroja: Italia, Rumanía y contingentes de países afines como la División Azul española, que combatió muy cerca, en el asedio de Leningrado. La antigua capital imperial, la región fronteriza de Carelia y el lago Ladoga, que al helarse permitió el abastecimiento y la heroica resistencia de los sitiados, son los escenarios bélicos visitados por Foxá, que no tenía madera de corresponsal de guerra, al contrario que Malaparte, pero supo aprovechar su estancia en aquellos remotos confines para escribir páginas espléndidas.

Dejando aparte el peaje ideológico, los artículos de Foxá adoptan la perspectiva del viajero costumbrista

Enviados a los diarios Arriba y ABC, los artículos pagan el previsible peaje ideológico, reflejan la inequívoca adscripción de Foxá a la Europa del Nuevo Orden y nada cuentan de los crímenes que acompañaron la ofensiva en el Este, cuya situación, por lo que se puede leer entre líneas, era ya preocupante antes de Stalingrado. Hay la consabida demonización de los rusos como bárbaros asiáticos, la denuncia de la brutalidad de las hordas marxistas y de su odio de la religión, los mismos argumentos, en definitiva, que habían servido para justificar la cruzada y fueron de nuevo esgrimidos por los falangistas a la hora de reclutar a los divisionarios, pero por fortuna el articulista no abunda en esa línea –abordada en sus desplazamientos al frente o en el episodio del rescate de los "niños de la guerra" que combatían en las filas soviéticas– y prefiere adoptar la perspectiva, ciertamente extemporánea, del viajero costumbrista. Cuando habla del modo de vida de los fineses o de la rigurosa geografía de los paisajes árticos, de los korsus o las saunas, de los lapones o los renos, la prosa de Foxá muestra la plasticidad y el lirismo –los poemas, en cambio, son poco memorables– de un finísimo estilista que comparece también en las estampas dedicadas a Ganivet, el aventurero Gustavo Bécker, el pintor Repin o el príncipe Luis Felipe de Orleans. Encontramos en ellas al nostálgico del mundo de ayer que se vio obligado a habitar una época en la que su oronda figura no podía hallar acomodo.

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