Nueve meses con los rojos en Madrid | Crítica Testimonio de un tiempo trágico

  • Guillermo Escolar recupera 'Nueve meses con los rojos en Madrid', en el que Ana María de Foronda narra su experiencia en una España en armas

Una fotografía tomada en Madrid durante la Guerra Civil.

Una fotografía tomada en Madrid durante la Guerra Civil.

"Todo lo relatado en este libro es auténtico y vivido por la autora". Con esta aclaración se publica, en 1937, Nueve meses con los rojos en Madrid, un texto híbrido, entre novela y reportaje periodístico, propio de la literatura española de principios del siglo XX. Carmen de Burgos, Sofía Casanova, Manuel Chaves Nogales, entre otros, hicieron brillar en las columnas de los diarios su visión de la realidad circundante con un estilo singular. Estos trabajos pasaron ocasionalmente al libro. El punto de vista del presente volumen es distinto al de los tres citados, pues se trata de un discurso de propaganda falangista sobre el "terror rojo" en Madrid durante la Guerra Civil, con claroscuros goyescos y tintes tremendistas que buscan difamar al enemigo. Se edita en una colección dedicada a Literatura y Guerra Civil en la que han ido apareciendo narraciones de Arturo Serrano Plaja, Tomás Borrás o José Herrera Petere, pero también las crónicas gráficas protagonizadas por Oselito, a favor de la causa republicana, suscritas por Andrés Martínez de León.

Al interés actual por este tipo de escritura, y por el rescate de obras olvidadas o de difícil acceso de la Edad de Plata, se suma ahora la personalidad excéntrica de Ana María de Foronda (Santa Cruz de Tenerife, 1910-Madrid, 1990), recuperada por Antonella Russo, editora de Nueve meses con los rojos en Madrid. Foronda era hija de Mercedes Pinto, compañera de Carmen de Burgos, reconocida feminista y autora de una novela singular titulada Él (1926), que llevó al cine Luis Buñuel, exiliada a Uruguay con su familia durante la dictadura de Primo de Rivera. En Montevideo, la joven Ana María comenzó a escribir para la prensa y se inició en la poesía y la narrativa; la familia pasó luego a Chile y Cuba. El protagonismo intelectual de su madre la llevó a conocer a Pablo Neruda, Juana de Ibarbourou, Gabriela Mistral, Alfonsina Storni… Decidió sin embargo seguir su propio rumbo y regresó sola a España, en 1934, cuando se relacionó con Ramón Gómez de la Serna en el café de Pombo. Allí conoció al que sería su marido, el médico Fernando Palos Yranzo. Al estallar la guerra, tomó partido por el bando sublevado. En este punto comienza la narración que hila en Nueve meses con los rojos, algunas de cuyas secciones vieron la luz antes, como reportajes, en el semanario vasco Domingo.

Este libro narra las experiencias de Foronda durante el tiempo en que vivió en el Madrid republicano, en una España en armas. Como subraya Russo en su excelente estudio introductorio, se adelanta a novelas más conocidas de ese tiempo desgarrado y oscuro, insertándose "en una verdadera moda entre los escritores e intelectuales del bando sublevado, con la peculiaridad de ser un texto temprano y el único de autoría femenina". Novelas que, publicadas como épicos testimonios de resistencia, eligieron fragmentos de la realidad, deformándola, convirtiéndola en ficción; entre ellas, Madrid de corte a checa (Agustín de Foxá), Checas de Madrid (Tomás Borrás), Frente de Madrid (Edgar Neville), Madridgrado (Francisco Camba), etc. Un "subgénero literario" a decir de José Carlos Mainer, autor del conocido Falange y literatura (1979, 1.ª edición), por su coincidente lenguaje y punto de vista, en el que caben novelas, memorias y textos periodísticos.

La autora, que escribe desde la propaganda, se adelantó a otras novelas de este periodo oscuro

Portada del libro. Portada del libro.

Portada del libro.

La educación y voluntad expresiva de Foronda la sitúan en el contexto de las mujeres españolas que opinaban en las tribunas de la prensa, escritoras con personalidad, ideología y experiencias dispares, desde Isabel Oyarzábal, Teresa de Escoriaza, Carmen de Icaza, Clara Campoamor, Carmen Velacoracho o Pilar Millán Astray, por citar solo algunas. Mujeres que cifraron en márgenes variados el comportamiento femenino y su función social, a veces estableciendo nexos difíciles entre su vida pública y la privada.En Nueve meses con los rojos en Madrid, Foronda deja comprobar su capacidad como escritora asumiendo una labor de propaganda. Hay párrafos de marcada violencia que buscan la complicidad del lector, al que se anima a oír y ver escenas de muerte y sangre. Siguen impresionando y desagradando hoy. Un rasgo original es la alternancia de voces narrativas entre la autora –madre de una niña de pocos meses– y su marido, detenido en la Cárcel Modelo. Las precisas anotaciones al pie descifran el contexto (por ejemplo, el papel desempeñado por la radio en la contienda). Russo aclara los objetivos de la edición del volumen, que "no es revindicar ni justificar su ideología, sino estudiarlo y presentarlo como un producto de una coyuntura histórica en la que se creó". La editora –profesora en la Universidad de Salerno (Italia)– conoce bien este periodo, sobre el que publicó Catálogo y estudio de la revista ‘Horizonte’. Arte, literatura y actualidades (Sevilla, 2016). En Horizonte, impresa entre Sevilla y Madrid, de 1938 a 1942, Foronda colaboró junto a Azorín, Ricardo Baroja, José Caballero, Concha Espina, Agustín de Foxá, Eduardo Marquina, Manuel Machado, Adriano del Valle… Ya en momentos de victoria para unos y exilio para otros, el mensaje se suaviza, apostando por la modernidad del cine y los aeroplanos.

Al contrario de lo que afirma el refrán, a las palabras no siempre se las lleva el viento. Es posible confrontar discursos en las hemerotecas y en la literatura. Y aunque nuestra historia reciente demuestra que los seres humanos tropezamos una y mil veces con la misma piedra, tengamos fe en nuestra capacidad de aprender. Este libro se ofrece al lector como documento de una época dolorosa y trágica. Es un texto de propaganda, muy marcado ideológicamente, cabe insistir. Para huir de maniqueísmos y torrentes verbales, para conocer los abismos de la ceguera y el odio, para fortalecer el propio juicio, nada mejor que leer.

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