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La entrevista de la Semana | Elisa Ferrer "Esta novela nace de mi disgusto con la situación laboral que vivía"

  • La autora, hasta ahora guionista de profesión, debuta en la literatura con 'Temporada de avispas', novela que recibió el espaldarazo del Premio Tusquets

Elisa Ferrer cuenta la historia de una mujer que tras ser despedida de su empleo empieza a indagar en su pasado familiar. Elisa Ferrer cuenta la historia de una mujer que tras ser despedida de su empleo empieza a indagar en su pasado familiar.

Elisa Ferrer cuenta la historia de una mujer que tras ser despedida de su empleo empieza a indagar en su pasado familiar. / juan carlos muñoz

Elisa Ferrer (Alcudia de Crespins, Valencia, 1983) ha regresado de un Máster de Escritura Creativa en la Universidad de Iowa con novela y premio bajo el brazo. Diplomada en guión en la Escuela de Cine de Madrid, ha cambiado los diálogos y acotaciones por la literatura en Temporada de avispas, su ópera prima galardonada con el premio Tusquets. Se prepara para ser profesora, por aquello del Plan B que pague las facturas, pero tiene claro que necesita escribir.

-Lo suyo ha sido llegar y besar el santo, un éxito que contrasta con el fracaso de su protagonista, ilustradora que sobrevive haciendo viñetas en una revista y la despiden...

Empecé a pensar en esta historia para imaginar cómo habría sido mi vida sin tanto apoyo familiar"No me pesa el premio a la hora de escribir un nuevo libro. Por ahora tengo una idea y unos personajes"

-Aunque la novela es puramente ficción, en el momento en que empecé a escribir esto yo estaba en un trabajo que no me gustaba nada, pensaba que sería mejor que me despidieran. Venía de estar trabajando de guionista muchos años y de repente me llega la crisis y me meto a trabajar como administrativa para llegar a fin de mes. En realidad nace de ahí, de ese disgusto personal con la situación laboral que estaba viviendo.

-Admita que es curioso irse a Iowa a estudiar un máster para escribir en español...

-No hay nada aquí que te ofrezca dos años de beca para estar escribiendo. En Estados Unidos tienes la Universidad de El Paso, la de Iowa y la de Nueva York. Estar dos años en los que a cambio de impartir clases de español te pagan un sueldo y tú te dedicas a ir a talleres literarios, a escribir y a leer, es un sueño para cualquiera que se quiera dedicar a la literatura. Y aunque en un primer momento pensé qué hago yo en Iowa rodeada de campos de maíz y de nieve, luego un sitio así es supermágico para escribir. Es una especie de burbuja de creación maravillosa.

-La novela no es autobiográfica. Usted viene de una familia estructurada mientras que el padre de Nuria la abandona estando su madre embarazada de su hermano y años después sabe de él, ingresado en la UCI de un hospital. ¿Por qué esa necesidad de contar tal shock familiar?

-Justo cuando yo estaba en ese trabajo que no me llenaba, cuando estaba angustiada yo tenía el apoyo brutal de mi familia, y me planteé: ¿si no tuviera eso, si no tuviera una figura importante en mi vida como es mi padre, cómo me habría portado con mi madre? Pensé en la persona que se queda en un drama así para una niña con esa falta de información, con esa figura que ella tenía idealizada que de repente desaparece. Empecé a pensar en esta historia para hablar un poco de esos miedos, para plantearme qué sería de mi vida si yo no tuviera este apoyo.

-Se centra en la siempre difícil relación madre-hija.

-También surge del momento en el que me planteo ser madre. Quiero tener hijos y pienso: qué te va a exigir un hijo, qué le he exigido yo a mi madre o qué le exigimos en realidad a las madres en general en la sociedad. Empiezas a pensar en qué carga social tiene ser madre. Yo quiero escribir, cómo lo voy a hacer con niños, si me voy a una residencia literaria dos meses y dejo a los niños con el padre, ¿soy una mala madre? Piensas qué complicado es para nosotras. Más que para un hombre todavía.

-En la novela se alternan dos voces de Nuria, de niña y ahora.

-Pienso mucho en mí de niña y a veces como otra persona, como si no fuera yo, y me interesaba el juego de la memoria, analizar la infancia, qué pasaría si recordáramos todo, como justificaríamos los berrinches, las ideas equivocadas que teníamos, o la ingenuidad y la inocencia.

-La pequeña Nuria tiene tal imaginación que en clase es imposible captar su atención. Usted que se prepara ahora para ser profesora, ¿cree que el sistema educativo mata la creatividad?

-Estoy pensando mucho en eso ahora y veo que hay una especie de ranciedad en las aulas que me preocupa, por ejemplo en la manera en que se enseña literatura, desde un canon inamovible. ¿Cómo vamos a hacer que la gente quiera leer y escribir? Si no te adaptas al sistema parece que no sirvas. Es un esquema en el que te ajustas o no, pero no creo que por eso no seas válido. Es verdad que hay un intento por innovar pero estamos a años luz de hacer que los niños saquen a relucir la creatividad o el talento que tengan.

-Hay un personaje clave, Laura, cuya aparición sacude lo que Nuria cree que pasó con su padre. Su discurso es brusco y directo...

-He intentado que en todo momento se viera que son personajes de carne y hueso, que no se juzgara a nadie, hacen lo que pueden, cada uno ha tenido su drama.

-Siendo guionista, ¿se ha imaginado su historia en cine?

-Cuando estoy escribiendo tengo mucho cuidado en que se vea el espacio en el que se mueven, cómo se mueven. Es verdad que ahora mucha gente me está diciendo que ve una peli pero yo no me la imagino. Yo desde luego no haría el guión.

-¿Da miedo seguir cuando la primera novela gana un premio como el Tusquets?

-La verdad es que no, hasta que todos habéis empezado a preguntármelo, pero no necesito un premio para angustiarme. Uno de mis profesores, Horacio Castellanos, me dijo: cuando estés acabando esto, ten pensado lo siguiente porque cuando acabas una novela te queda un vacío tan grande. Y tengo una idea y unos personajes.

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