De libros

Poesía consumada

  • En un libro que tiene algo de línea de meta, Javier Lostalé propone en 'Cielo', su nuevo poemario, hacer de la reflexión un fuego donde calentarse frente al fanatismo de lo real

El poeta y periodista Javier Lostalé (Madrid, 1942). El poeta y periodista Javier Lostalé (Madrid, 1942).

El poeta y periodista Javier Lostalé (Madrid, 1942). / césar toro

Javier Lostalé (Madrid, 1942) es un poeta que cree en la poesía. En el calambre de la poesía. En las preguntas que ensanchan la poesía. Y de estos, en realidad, no hay tantos. Trae siempre la cabeza pelada, los ojos azules y las dos cejas blancas como dos nieves tirando de un convoy de ideas propias y de una humildad rozada de gente y sabiduría. Pero él tiene claro el camino. Y lo anda con esa claridad del que sólo encuentra razón, verdad y sentido en la duda: "De todo lo vivido / ya no te queda / sino su engaño".

Lostalé es un poeta obsesivo, de mano lenta, entretenido como ha andado siempre en la información cultural desde los micrófonos de RNE. Cumplidos los 75 años, acaba de entregar su octavo libro de poemas, Cielo, donde propone, frente al fanatismo de lo real, hacer de la reflexión un fuego donde calentarse. Podría decirse que estos poemas no vienen a contar nada, sino a expresar lo no contado, aquello que aún queda por decir, lo que sucede en las poderosas regiones del rechazo, del estupor, del asombro, del amor.

El autor quiere concretar lo que no se ve en aquello que estamos mirando o sintiendo

Es exactamente esa emoción navegable la que recorre esta obra, que suena incesante y sin prisa. No describe la tempestad, sino lo que por dentro del pecho la desata. Hay una luz en ella que insiste sujetando el amor (y el dolor) con una mano y escribiendo con la otra. Ésa es la meta o condición de esta última poesía de Lostalé, que regresa con Cielo a la escudería de los poetas de la colección Vandalia de la Fundación José Manuel Lara, donde ya estuvo a cargo en 2003 de la antología Edad presente, Poesía cordobesa para el siglo XXI.

Pero, como todos esos poetas que lanzan las palabras más lejos que la vida, Lostalé no admite de antemano que las cosas son como son. El viaje que él propone aquí es el opuesto: concretar lo que no se ve en aquello que estamos mirando. O sintiendo. O doliendo. O gozando. "He intentado desaparecer, dejar de ser el protagonista, para empezar a vivir en los otros", señala el poeta, quien ha armado estos poemas con voluntad de orfebre, golpeándolos, depurándolos obsesivamente hasta llegar a la forma más pura.

Así, el lector no asiste a una sucesión explícita de episodios más o menos biográficos, sino que todos los elementos están sometidos a un proceso de despojamiento, de esencialidad. Esa fórmula eleva la anécdota a símbolo. Y, como consecuencia, el amor, la muerte, el tiempo, la soledad, la vida que se vivió y la que no se vivió, están descritos con un lenguaje tenso y bello, de enorme carga emocional: "Aunque nadie ya te espere, / tu única verdad es saber / que en amor, aun sin rosa, todo es inmortal".

Cielo es, además, un viaje de regreso hasta el lugar en el que los demás le asestan a uno su gramo de sentido. Y de ahí que esta expedición contenga un baúl lleno de gente. Un álbum de escritores, de poetas, de lecturas. Su tribu. De admiraciones, complicidades y confesiones. Un intensísimo trabajo de evocación sin nostalgia por el que pasean muchos poetas amigos ya desaparecidos. Entre ellos, Pablo García Baena, Juan de Loxa y Eduardo García, a quien va dedicado el libro.

Enclavijado a modo de tríptico con Tormenta transparente (2010) y El pulso de las nubes (2014), sus dos libros anteriores con los que comparte ese rastreo por lo esencial, Cielo puede leerse también a modo de ajuste de cuentas o de testamento. "Eres el que desnudo y sin nombre / pasa por la vida / como un secreto/ nunca pronunciado", anota al mirarse, con resignación, en el espejo de los años el poeta, quien apareció por primera vez en el circo literario de la mano de Vicente Aleixandre en la antología Espejo del amor y de la muerte (1971).

Tienen, en este sentido, los poemas del libro algo de línea de meta, como confiesa el propio autor en las palabras que abren el volumen: "Consumación ha sido para mí la escritura de Cielo, no en su significado de acabamiento sino en el de abrazar el sentido total de cada latido, de modo que hasta la mayor pérdida puede engendrar serenidad. Este cansancio luminoso me hace ahora preguntarme qué nuevo horizonte me espera en el porvenir, qué palabras en comunión o destrucción darán a la luz nuevos poemas".

Como apunta acertadamente el crítico y escritor Diego Doncel en el epílogo, Lostalé "pretende crear en sus libros una aventura espiritual, lo que en él significa una aventura de sentido y de sensación. Su poesía nunca opera de manera abstracta, sino yendo a beber de lo real, haciendo de lo real el punto de partida y de llegada de cualquier reflexión. Es cierto que, en ella, todo lo que se siente está pensado, pero lo que prima es la emoción".

Por esta vía, Doncel lanza una piedra a la foto-fija de la generación de los 70, a la que pertenecería el autor de Cielo: "Lostalé amplía los límites de esa generación, desafía los tópicos, las miradas críticas profundamente fosilizadas con que vienen trabajando los estudiosos de este período y aporta un universo y una palabra poética de indudable valor". Y remata: "El olvido al que se lo ha sometido tiene que ver más con la pereza de la crítica que con la calidad de sus libros".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios