De libros

Jesús Fernández Palacios, en su Orycorazón

  • 'Poemías'. Jesús Fernández Palacios. Ediciones en Huida. Sevilla, 2012. 87 páginas. 12 euros.

Poemías (Sevilla, Ediciones en Huida, 2012), la última entrega poética de Jesús Fernández Palacios (Cádiz, 1947), es una autoantología vertebrada en torno a su relación con Carlos Edmundo de Ory (Cádiz, 1923 - Thézy-Glimont, Francia, 2010), aquel genial heterodoxo que fundó el Postismo (1944), luego el Introrrealismo (1951) y finalmente el Atelier de Poésie Ouverte (APO, 1968). Andaba Ory ya en su época de hierofante hippy y pedagógico cuando un Jesús veinteañero le escribió a Amiens iniciando con aquella carta una amistad que se ha traducido de entonces hasta aquí en varios homenajes: el primero, un montaje del grupo gaditano Marejada que se tituló La Orygénesis; más recientemente, la edición en tres volúmenes del Diario 1944-2000 de Carlos Edmundo (Diputación Provincial de Cádiz, 2004), de su primer libro póstumo, La memoria amorosa (Visor, 2011), y de sus collages (Del Centro Editores, 2011).

En esta secuencia se inserta ahora Poemías, un compendio de 43 textos escritos o reescritos entre 1971 y 2010, algunos inéditos o dispersos en publicaciones inencontrables. Fernández Palacios reclama que Ory y César Vallejo son sus referentes totémicos. Por eso este libro se abre con un texto de Ory sobre Jesús ("Honra tu herencia herética, poeta"), contiene cuatro poemas dedicados a Ory, las composiciones que más le gustaban al maestro y otras que muestran distintos tipos de afinidad con él.

Entre la revolución y la vanguardia se sitúan varios poemas donde la escritura se plantea como acto cívico de expiación en textos donde se dinamita la lógica y la gramática. El discurso se fragmenta en imágenes que no aspiran a mimetizar lo real sino a sustituirlo por su impacto en el interior del poeta. Poemas de intensa acusación son Treinta monedas de pus o Réquiem en descomposición. La reflexión sobre los límites del lenguaje, característica de la neovanguardia del 68/70, asoma por ejemplo en Elucubraciones semanales: "Acaso describimos los vómitos del siglo, / y para no alarmar el rostro de la poesía:/ hacemos pan con la bicicleta del toreador/ y leche con la soledad del toro maltratado". La capacidad de destruir y crear, en la línea del postismo, sustenta las Coplas de Israel Sivo, ese correlato objetivo de Fernández Palacios que Ory interpretaba como suma de un elemento hebreo más la divinidad hindú de la creación y la destrucción, del movimiento perpetuo de lo creado. De Siva/Sivo son los misteriosos disparos/disparates rimados: el mantra de las Coplas para vivir físicamente ("Hoy jamás la vida puedo/ y nunca mi desaliento/ en la nostalgia mantengo"), el oficio de amistad ("Rim/allegro para el musi/poeta" José Ramón Ripoll), la traviesa Nana para ortopédicos y silenciosos, el lúdico canto erótico a la amada Sakina (Coplas para el espíritu), y el poema acaso más celebrado de todo este conjunto: Coplas para morir geométricamente: "Esta mano cerbatana/ equilátero cadáver/ de la noche a la mañana". TÚ VIVES PORQUE TE MUERES, dice el poeta: es la revelación de una poesía transida de conciencia existencialista, existencial.

Fernández Palacios ha dicho a menudo que lo suyo es un "realismo interior", lo que debe entenderse como herencia del "introrrealismo" oryano. Luis García Montero observaba en Jesús un vitalismo relacionado con la vanguardia. Más sabio, Carlos Edmundo hablaba de la pureza, de la inocencia de Jesús, habitado por "Una criatura al fondo de mi alma". Del Ory postista hereda Fernández Palacios la poesía como juego, como sonido, como homofonía inmódica, como don para ser y hacer feliz en un mundo donde cabe toda la risa, la alegría, la ternura: "Ser y amar servirte quiero oh sí", "venite oremus Sakina"/, "cuérpame tu cuerpecito/ piel de piélago bajito/ cascabel de la sardina/ que me suena en la cabeza".

De la retórica imaginativa, sincopada y vanguardista, a la poesía desnuda de todo lo que no sea música del alma: la elíptica elegía manriqueña Sucede que, el Vademécum en que el poeta, en la línea de Kavafis, encomienda al hijo la custodia de la luz en el camino de la vida. Vademécum, lo mismo que el homenaje último a Ory, Leucemia, ilustran la concepción oryana de la poesía como conjuro, como talismán.

Poemía es un libro hondo y muy bien construido donde, hoy como ayer, Jesús oficia el mismo papel que representó en La Orygénesis: el de Corazonóry. El Orycorazón.

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