De libros

Evelyn Waugh y la última cruzada

  • Villar Flor completa su excelente traducción de la trilogía en la que el británico reflejó sus experiencias durante la II Guerra Mundial

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Rendición incondicional. Evelyn Waugh. Edición de Carlos Villar Flor. Trad. Carlos Villar Flor y Gabriel Insausti. Cátedra. Madrid, 2011. 424 páginas. 18 euros.

No era ni mucho menos un desconocido, pues la mayor parte de sus novelas hace décadas que están disponibles entre nosotros, pero en los últimos años se están publicando traducciones que nos acercan sus libros de viajes, sus relatos y biografías o títulos menos frecuentados de su obra narrativa. El caso de Espada de honor, la gran trilogía en la que Waugh recogió sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial, era en cierto modo una anomalía, pues se trata de una obra fundamental que había permanecido hasta ahora inédita en España. El ejemplar trabajo de Carlos Villar Flor, editor y traductor de la trilogía en castellano, ha hecho posible que podamos acceder en su integridad a la que fue considerada por el perspicaz Cyril Connolly como la mejor novela sobre la contienda en lengua inglesa. Las extensas introducciones de Villar Flor a las ediciones anotadas de Cátedra -Hombres en armas (2003), Oficiales y caballeros (2010) y Rendición incondicional (2011)- valen por una monografía de imprescindible lectura para los aficionados al autor británico, que se movía con igual soltura en los terrenos de la tragedia, la comedia, el melodrama o la sátira.

Como el también novelista Anthony Powell y otros miembros de la Brideshead Generation, Waugh se alistó en el ejército a una edad avanzada. Tenía 36 años y se había convertido al catolicismo después de su desastroso primer matrimonio. Era visceralmente anticomunista y no se recuperó nunca -como el protagonista de Espada de honor, en muchos aspectos su alter ego- de la alianza entre Gran Bretaña y la Unión Soviética, que echaba al traste su visión de la guerra como una lucha por la libertad y la democracia. "Por fin el enemigo estaba a la vista, enorme y odioso, sin disfraz alguno. Era la Edad Moderna quien se alzaba en armas. Cualquiera que fuese el desenlace, había un lugar para él en la batalla". Pero este entusiasmo inicial, reflejado en la primera parte de la trilogía, se desvanece conforme avanza la acción, cuando el idealismo romántico con el que se embarcó en la milicia deja paso a una visión cada vez más desencantada, respecto de las consignas de los aliados en la dirección de la guerra y respecto de la vida moderna en general, que el narrador contempla desde una perspectiva pesimista y conservadora, nostálgica de los valores de un mundo que desaparece.

En lo que se refiere a los episodios de la contienda, Men in Arms (1952) recoge el periodo de instrucción del protagonista, Guy Croachback, en los Alabarderos (trasunto de los Royal Marines) y el frustrado asalto a la costa francesa de Dakar. La segunda parte, Officers and Gentlemen (1955), relata la participación del oficial en los famosos comandos británicos, con los que interviene en la batalla de Creta y presencia la caída de Grecia. En la tercera, Unconditional Surrender (1961), Waugh cierra el ciclo con el relato de la campaña de Italia y la liberación y pérdida de Yugoslavia en manos de los comunistas. Pero no se trata de una narración histórica en sentido estricto, ni menos aún de un repertorio de hazañas bélicas. Como apunta Villar Flor, hay pocas escenas de combate en Espada de honor. Waugh prescinde y en ocasiones se burla de la épica patriótica para plantear un relato de formación, no exento de impagables momentos cómicos, a lo largo del cual el protagonista comprende que su causa no coincide con la del bando del que forma parte.

Miembro de una antigua familia católica, Croachback vio en el estallido de la guerra la posibilidad de salir de la depresión en que lo había sumido el divorcio de su esposa, Virginia, animado por la perspectiva de combatir sobre el terreno la doble amenaza del totalitarismo. Lo guiaba el ejemplo medieval de sir Roger de Waybroke, il Santo Inglese, cuya "espada de honor" da nombre a la trilogía y se opone a la infamante Espada de Stalingrado con la que Gran Bretaña -al comienzo de la tercera parte- sella su nueva alianza con los soviéticos, que traerá consigo, como constata Crouchback con amargura, el "desmembramiento de la Cristiandad" en Polonia y los Balcanes. Esta noción de moderna cruzada ya fue invocada por los nacionales en la Guerra Civil española, pero las simpatías de Waugh -que los había apoyado sin reservas- excluían cualquier tipo de contemporización con el paganismo nazi.

Es imposible dejar aquí constancia de todos los personajes y subtramas que comparecen en este ciclo monumental, pero cabe mencionar las estrechas relaciones -impecablemente analizadas por Villar Flor- entre el cierre de la trilogía y la celebrada Retorno a Brideshead (1945), donde el objetivo declarado del novelista era describir la "acción de la gracia divina". Ya antes de la guerra, Evelyn Waugh se había entregado a la búsqueda de un sentido trascendente y encontró en la religión un refugio desde el que afrontar su incurable nostalgia del paraíso. Fue después cuando comprendió, como temía, que el nuevo orden surgido tras la victoria no le interesaba en absoluto.

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