Premio Princesa de Asturias de las Letras 2020 Anne Carson, una verdad en llamas

  • Una mirada a 'La belleza del marido', el libro que consagró a la ganadora del Premio Princesa de Asturias de las Letras

Anne Carson (Toronto, 1950). Anne Carson (Toronto, 1950).

Anne Carson (Toronto, 1950). / Peter Smith / Efe

"Deberíamos quizás agudizar la mirada y cercar con más detalle la belleza del marido; / con cuidado, pues estaba en llamas. / El suelo a sus pies estaba en llamas, / el mundo estaba en llamas, / la verdad estaba en llamas", escribía Anne Carson, Premio Princesa de Asturias de las Letras 2020, en La belleza del marido, el poemario con el que su autora ganó el Premio T. S. Eliot y que dio a conocer a una voz dotada de una fiera imaginación que, como sus personajes, también parece presa de la combustión. Leerla es acercarse a una hoguera que purifica y devora al mismo tiempo.

"Hay algo afilado y ardiente en la primera infidelidad de un matrimonio", dice la canadiense, y esos mismos adjetivos podrían definir su obra: Carson noquea a sus lectores, y los subyuga, con su palabra encendida y sus desdoblamientos. Estamos ante una poeta reflexiva y violenta, la que se piensa y golpea, la clásica y la osada, la que reinventa los mitos y estructura el poemario con hechuras de ensayo. La que defiende que en los "estratos de ironía" habita la verdad, y es burlona en sus versos pero también honda y erudita –dialoga con Keats y cita a Duchamp, a Charlotte Brönte, a Proust y a Napoleón– y directa como sólo lo son los borrachos y los temerarios. Es simbólico que se esconda en sus libros tras una biografía casi telegráfica de escueta, "nació en Canadá y se gana la vida enseñando griego antiguo", no hace falta explayarse: Carson, esquiva y sabia, lo revela todo en su obra.

Portada de 'La belleza del marido', que en España edita Lumen. Portada de 'La belleza del marido', que en España edita Lumen.

Portada de 'La belleza del marido', que en España edita Lumen.

En ese matrimonio, el de La belleza del marido, que reproduce sin saberlo los juegos de guerra a los que él es aficionado –"es eso lo que veo / a mí como un piloto de combate / saltando al canal. Yo como muerte"–, una pareja abocada a la ruptura por las mentiras y las infidelidades de él, desigual por la devoción de ella –"no me avergüenza mucho", confiesa, "decir que le amé por su belleza"–, arde la vida con sus dualidades y sus contradicciones: "Tenemos esta profunda tristeza entre nosotros (…) que ya no la distingo del amor". Carson incendia una casa y consigue –la virtud de la buena poesía– que nos abrase a todos.

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