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La gran superproducción

  • En su última aventura, el botones de rojo se convierte en una de las caras más conocidas de la televisión y el cine y pondrá a prueba a su amigo

En toda buena tertulia de cómics que se precie, tarde o temprano surge el tema: Uno de los principales motivos por los cuales no hay una industria del cómic en nuestro país que pueda mantener a sus autores es por la falta de lectores, concretamente de los más jóvenes. Son los que ya rozan los cincuenta los que mantienen los débiles cimientos de estas editoriales, algunas con más suerte que otras a la hora de poder mantenerse en el mercado.

¿Qué ha ocurrido? Siempre le achacamos la culpa a los videojuegos, la televisión y las redes sociales, pero tampoco podemos pretender que los niños y chavales estén aislados en una imaginaria cueva. Y sí, es verdad que los anteriormente nombrados tienen su pequeña (o grande) parte de culpa, pero los directos responsables de la educación cultural de los niños somos los adultos. Tanto los padres, habituándolos desde la más tierna infancia, como la inclusión de la lectura de cómics en los colegios e institutos, pasando por la involucración de las instituciones, que piensan que con un premio nacional y una medallita es suficiente…

¿Y realmente que ocurre, no hay cómics para estas franjas de edad? Pues es curioso, porque la mayoría de las editoriales se han puesto las pilas y dentro de sus catálogos, rara es la que no posee una línea dedicada a los más jóvenes de la casa. Y una de las que más se "moja" en el tema (lleva haciéndolo ya desde hace años) es Dibbuks. Si tenéis alguna duda, tan sólo tenéis que acceder a su web y daros un virtual paseo por ella. No son una ni dos, sino muchos los tebeos que esta editorial viene publicando y que están especialmente dirigidos a esas franjas de edad que, en un futuro no muy lejano, será los que tengan que mantener este mercado, el del cómic español.

Bueno, os preguntaréis, a qué viene esta perorata si yo de los que habitualmente hablo de un tebeo o tebeos en concreto. Pues la verdad es que si tuviera que elaborar un listado de cómics que les pueden gustar y divertir a los más jóvenes, no me olvidaría de incluir las aventuras de cierto joven pelirrojo, que siempre va acompañado por su mejor amigo, el alopécico Fantasio y una, algunas veces, irritante ardillita.

Ya es el cuarto álbum de la serie Una aventura de Spirou por…, una colección de extrema calidad es la que la editorial madre, Dupuis, le da libertad absoluta a los autores para que creen "su" historia sobre Spirou: Con Schwartz y Yann hemos retrocedido, en un homenaje al genio Yves Chaland, a la Segunda Guerra Mundial; De ahí saltamos a bordo de un alocado crucero, de la mano de Fabrice Parme y Lewis Trondheim; Cambiando totalmente de tono y estilo, Frank Pé y Zidrou cogieron el relevo.

Y ahora llega a las tiendas La Mascarada, orquestada por un trío de autores, Tehem a los lápices, y Makyo y Toldac en el guión que, una vez más, cambian el tono y nos presentan, en forma de comedia, algunos de los males de esta desenfrenada sociedad moderna en la que vivimos. Y es que la fama cuesta, pero también pesa, y mucho.

Fantasio, periodista de pro, ha dejado un poco de lado la actualidad para centrarse en una actividad que, piensa él, le puede reportar más fama y dinero, la escritura de un libro de sus aventuras junto a Spirou. Pero hete aquí que, al contrario de lo que hacía el Doctor Watson con su compañero de fatigas, el celebérrimo Sherlock Holmes, una vez publicado el volumen, el pelirrojo botones contempla atónito que su, ejem, amigo, se ha colocado como el héroe de todas las aventuras, relegándolo a él a un papel secundario…

Por desgracia para el otrora rubio corresponsal, el libro no es un bestseller, más bien todo lo contrario, así que el pobre Fantasio no podrá cumplir uno de sus sueños, que era conocer íntimamente a la curvilínea presentadora Louis Garoin.

Menos mal que gracias a la resolutiva Seccotine, el dúo de amigos hará una adaptación del libro (ahora ya sí, dándole a cada uno el papel que le corresponde) en el teatro. Y todo con un fin de lo más loable, ayudar al pueblo de Bretzelburg, donde un golpe militar ha establecido una cruel dictadura alimenticia.

El azar hará que un director de cine, Paco Calente conozca a los muchachos y una cosa llevará a la otra, y de aquí el nombre de La Mascarada, una superproducción que llevará a Spirou al estrellato y, a la vez, pondrá a prueba la amistad de Fantasio, que se siente ninguneado.

Y ya no os cuento más, tan sólo deciros que además de infinidad de divertidos gags, los protagonistas se convertirán en verdaderos adalides de la revolución en Bretzelbrug, junto a los rebeldes F.A.R.C., mientras intentan mantener la línea después de atiborrarse del plato típico del lugar, el Chtoumpfell…

Una lectura genial para los más jóvenes de la casa y, claro está, para sus padres. ¡A leer tebeos, qué son dos días!

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