Caminando sobre las aguas | Documental en Filmin Dejad que los niños se acerquen a Christo

Viendo este documental sobre Christo (Vladimirov Javacheff), el famoso, mediático y controvertido artista búlgaro fallecido ayer a los 84 años, conocido por sus proyectos gigantescos y megalómanos (recuerden su Reichstag envuelto en tela) encuadrados bajo la etiqueta del Land Art, muchos de ellos realizados junto a su esposa Jeanne-Claude Denat, uno recuerda inevitablemente y por contraste aquellas palabras de José Luis Guerin cuando decía que nunca se le ocurrían películas caras.

Más allá de la posible ingenuidad ética del comentario de uno de nuestros mejores cineastas, lo que sí queda en evidencia ante un tipo como Christo, que ya desde el propio nombre artístico revela su autopercepción mesiánica, es que si es caro, es grande y hace mucho ruido siempre es mejor, o lo que es lo mismo, son precisamente la escala, las dimensiones y el reclamo del proyecto los que lo convierten automáticamente en una pieza más de ese gran circo del arte contemporáneo entendido como espectáculo para las masas y en producto subsidiario para los bolsillos más exclusivos que siguen costeando la función.

Lejos del retrato hagiográfico, prolijo en mostrar roces, conflictos y tensiones, lo realmente interesante de este entretenido documental, que sigue el proceso de elaboración e inauguración de uno de sus proyectos más largamente ansiados, The Floating Piers, la pasarela sobre las aguas construida en 2016 en el lago Iseo, al pie de los Alpes italianos, es comprobar cómo toda posible sospecha de cinismo ante ciertos artistas contemporáneos queda totalmente probada en el caso del búlgaro y su amplio equipo de colaboradores, publicistas y asesores, a saber, un tipo que, ni siquiera en el previo pacto con los responsables de este documental, puede ocultar sus verdaderos intereses pecuniarios, su carácter autoritario y egocéntrico, su mal genio y la autoconciencia de su propia proyección mediática como pose de innegables efectos espectaculares para tiempos de relativismo, helicópteros, walkie-talkies y colas kilométricas.

Caminando sobre las aguas juega así a una suerte de lucha contra los elementos (la política, la burocracia, los permisos, los compradores ricos, la muchedumbre y los fans, etc.) que es en realidad la gran salsa en la que se han movido y se mueven tipos como él, la culminación consensuada de un macroevento de autopromoción que, con el pretexto de la intervención creativa del hombre en el paisaje y la naturaleza monumental e inmutable, envuelve toda una manera de entender ese nuevo y pornográfico pacto entre el arte y el mundo contemporáneo en el que nada, ni siquiera una tormenta de verano, puede dejarse al azar.