El misterio del faro | Crítica No abras el cofre

Fotograma de la cinta británica dirigida con sobriedad por Nyholm.

Fotograma de la cinta británica dirigida con sobriedad por Nyholm.

El hasta ahora realizador televisivo activo en su país, Suecia, Francia e Inglaterra Kistoffer Nyholm debuta en el largometraje con esta dura, sórdida y claustrofóbica historia ambientada en una desolada isla escocesa cuyos únicos habitantes son los tres hombres encargados de un faro. El mar escupe en la isla un náufrago medio muerto y un misterioso cofre. El farero jefe, sabiamente, decide que no se abra. Pero sucumbirán a la tentación. Y, como de la de Pandora, de la caja surgirá el mal en forma de ambición, desconfianza, violencia y muerte.

El guion parte de un hecho real: en diciembre de 1900, al efectuarse el relevo en el solitario faro de la isla escocesa Elian Mor, se descubrió que los tres encargados -Thomas Marshall, James Ducat y Donald MacArthur- habían desparecido. Todo estaba normal, en la cocina la mesa estaba puesta y nada extraordinario se había anotado en libro de registros. ¿Se habían ahogado durante una tormenta trabajando fuera del faro? ¿Uno de ellos había enloquecido, matando a los otros dos, arrojándolos al mar y después arrojándose él mismo? Nunca se supo que había pasado, lo que dio pábulo a no pocas fantasiosas interpretaciones.

Este buen guion de Joe Bone y Celyn Jones ofrece su propia solución que, lógicamente, no desvelaré aquí. Me remito a uno de los cortes de la banda sonora de El bueno, el feo y el malo: El éxtasis del oro. Y a la tradición inaugurada por Poe del misterio del asesinato en una habitación cerrada por dentro. La severa dirección de Nyholm, la austera fotografía de Jorgen Johansson y sobre todo las muy buenas interpretaciones de Peter Mullan, Gerard Butler y Connor Swindells como los tres fareros hacen de esta película un interesante y áspero ejercicio de estudio de personalidades en condiciones extremas, con una reflexión de fondo pesimista sobre la naturaleza humana en la que tal vez haya ecos de los trabajos de Nyholm en el universo Dogma y el entorno de Lars von Trier, en el que también se ha formado el director de fotografía.

La naturaleza espectacular pierde su belleza agreste para convertirse en desoladora. La amplitud del mar en vez de abrir horizontes convierte la isla en un claustrofóbico encierro. Socorrer a un naufrago es abrir la puerta a la muerte en vez de una acción positiva. Nadie resiste a la tentación porque la verdad del ser humano es el mal, la avaricia y la violencia que esperan dormidas dentro de él a que un estímulo las despierte. Buena y desesperanzada película que pese a su producción británica y sus atmósferas escocesas arrastra el conocido pesimismo nórdico.

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