Crítica 'Ai Weiwei: never sorry'

Retrato del artista desafiante

Ai Weiwei: never sorry. Documental, EEUU, 2012, 92 min. Dirección, guión y fotografía: Alison Klayman. Música: Ilan Isakov. Con: Ai Weiwei, Chen Danqing, Gao Ying, Gu Changwei, Hsieh Tehching, Hung Huang, Liu Yanping, Evan Osnos.

En un momento de este documental, Ai Weiwei se enfrenta, una vez más, a los policías que vigilan sus movimientos y filman sus actividades en plena calle. El artista chino les desafía haciendo que algunos de los miembros de su equipo filmen también a los policías que lo filman a él, estableciendo así una "guerra de imágenes": las de la Policía, de uso interno, no verán nunca la luz; las suyas darán pronto la vuelta al mundo a través de internet o las redes sociales, sus nuevas herramientas y armas de trabajo.

Ai Weiwei: never sorry nos trae el retrato de un artista en acción, pero no exactamente en la acción creativa, como hemos visto no hace mucho en El cuaderno de barro, de Isaki Lacuesta, sobre Miguel Barceló, o como veremos pronto en Marina Abramovic: the artist is present, sobre la genial y controvertida performer. Las acciones de Weiwei son hoy más bien de carácter político y reivindicativo, y van dirigidas a las autoridades chinas y a la opinión pública internacional, desafiando las limitaciones de libertad de las primeras, y llamando la atención del mundo para que se sepa que, a pesar de la supuesta apertura democrática, China sigue siendo un país de tremendas carencias y desigualdades.

A lo largo de tres años, con un leve repaso a su trayectoria artística desde los días de formación y su periplo neoyorquino hasta el éxito en los principales centros de arte de Londres, Nueva York o Múnich, Ai Weiwei: never sorry sigue al artista en su cruzada por dar voz a los silenciados (tras el terremoto en la provincia de Sichuan), en su juego del gato y el ratón con las autoridades, en su persecución y denuncia de aquellos que lo golpearon brutalmente o, in absentia, en su cautiverio final de 81 días en 2011, punto de inflexión definitivo que lo mantiene hoy prácticamente recluido en su casa-búnker de Pekín con serias limitaciones de movilidad, las mismas que, por ejemplo, han impedido que viaje a Rotterdam para ser miembro del jurado de su festival de cine o a Sevilla para inaugurar su primera exposición antológica en España.

Ocasionalmente, el documental de Klayman también se acerca a la intimidad de Weiwei, a la historia de su padre, el gran poeta Ai Qing, a los miedos de su madre, a su esposa, a su hermano o incluso a la relación con su hijo de apenas dos años, nacido de la relación con otra mujer, pero son las actividades combativas del artista, su indomable, excesiva y festiva actitud protestona y reivindicativa, su labor como bloguero y tuitero incansable, lo que queda esencialmente de este retrato de uno de los creadores más importantes y mediáticos de nuestro tiempo.

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