Crítica 'Bajo la misma estrella'

Falso naturalismo para Caldealágrimas

Bajo la misma estrella. Drama, romance, USA, 2014, 126 min. Título original: The Fault in Our Stars. Dirección: Josh Boone. Intérpretes: Shailene Woodley, Ansel Elgort, Willem Dafoe, Nat Wolf, Laura Dern, Sam Trammell, Mike Birbiglia. Guion: Scott Neustadter y Michael H. Weber; basado en la novela de John Green. Música: Mike Mogis y Nate Walcott.

En su divertido y ácido El testigo oidor (reeditado por Ediciones La Llave) Elías Canetti caracterizó, entre sus 50 caricaturas morales, al Caldealágrimas. Reproduzco su inicio porque sirve como crítica de Bajo la misma estrella: "El Caldealágrimas va cada día al cine. No tiene por qué ser siempre una novedad, también le atraen los programas viejos, lo importante es que cumplan su objetivo y le arranquen un profuso caudal de lágrimas. Ahí sentado en la oscuridad e inadvertido, espera su plenitud. Estamos en un mundo frío y cruel, y si no fuera por esa cálida humedad en las mejillas, las ganas de vivir nos abandonarían. En cuanto empieza la efusión de lágrimas se siente reconfortado; inmóvil y sin pestañear, evita a toda costa enjugarse con el pañuelo, cada lágrima ha de prodigar su sabor hasta el final, y ya llegue hasta la boca o el mentón, ya logre deslizarse por el cuello y siga hasta el pecho...".

Basada en el best-seller de ventas millonarias de John Green, esta película ha dado también millones de dólares en taquilla. Las lágrimas siguen siendo tan rentables como hace casi 200 años. Y si hay una cebolla de efecto inmediato para convocarlas es la enfermedad rompiendo el amor. Herencia, una más, de la novela y el teatro del XIX. En 1841 casi hubo inundaciones provocadas por las lágrimas derramadas por la muerte de la pequeña Nell de La tienda de antigüedades de Dickens. Siete años más tarde Alejandro Dumas hijo provocó cataratas de lágrimas con la tuberculosis de La dama de las camelias. El cine no desaprovechó el tirón de combinar amor y enfermedad. Además de las adaptaciones de los clásicos del melodrama del XIX, baste recordar Amarga victoria en el cine clásico, Love Story en el moderno o La fuerza del cariño en el posmoderno.

A este filón se apunta Bajo la misma estrella, disimulando bajo una naturalidad indie y tras el sincero rostro de Shailene Woodley -lo único sincero de la película- su carácter de melodrama a la antigua que refriega la cebolla de la enfermedad por los ojos. Una chica con un cáncer incurable se enamora de un chico en la misma situación. A partir de ahí pueden imaginarse lo mejor (para los Caldealágrimas) y lo peor (para quienes creen que la utilización sensiblera y comercial del dolor tiene límites éticos).

Narrada con la falsa naturalidad propia del cine indie la película recurre a todo el arsenal posible para provocar lágrimas. Pero lo más reprochable no es esto, sino que lleve su impostura al extremo de presentarse como la denuncia de las habituales manipulaciones sensibleras de la enfermedad. En su inicio la protagonista dice: "Nosotros decidimos como contar historias tristes. Puedes suavizarlas como en las películas y en las novelas románticas en las que bellas personas aprenden bellas lecciones, y por mal que estén las cosas todo tiene arreglo con una disculpa y una canción de Peter Gabriel. Estas versiones me gustan tanto como a cualquier chica, créanme. Pero no es la verdad. Ésta es la verdad. Lo siento". Pues no, señores míos. Ésta no es la verdad. Ésta es una interpretación sensiblera, que disimula que lo es bajo una apariencia de frescura y naturalidad que lo hace todo aún más engañoso. Lo siento. Esta película utiliza el dolor y la enfermedad, con su cortejo de esperanza y desesperación, para hacer caja. Y con muy malos modos cinematográficos: blandos, cursis, insinceros, emocionalmente chantajistas y facilones. Incluyendo la música -¿no quedamos en que no habría canciones?- y la cámara lenta. Por no hablar de las pompitas de wasap. O de la entrevista con el escritor maldito (Willem Dafoe haciendo de William Dafoe). O del beso (aplausos incluidos) en la casa de Ana Frank. O del funeral anticipado. Como Love story. Pero peor, por más hipócrita.

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