Sauvage | Crítica Vida de un chapero

Félix Maritaud interpreta al chapero protagonista de 'Sauvage', de Vidal-Naquet. Félix Maritaud interpreta al chapero protagonista de 'Sauvage', de Vidal-Naquet.

Félix Maritaud interpreta al chapero protagonista de 'Sauvage', de Vidal-Naquet.

No van desencaminados los colegas que han emparentado esta película con Pasolini, Fassbinder o Genet antes incluso que con otros cineastas franceses contemporáneos (Guiraudie, Ducastel, Martineau, Honoré) que se han acercado al mismo tema. Yo me atrevería incluso a sugerir, con las debidas distancias, al mismísmo Bresson como lejano eco en este retrato de la vida de un chapero de las calles y los parques duros de Estrasburgo. Un retrato que entra de lleno en el ámbito del cuerpo como campo de batalla, un cuerpo que sirve para ganarse la vida prostituyéndolo pero que también es objeto de golpes, vejaciones o exploraciones, un cuerpo vendido, castigado y explotado que, en definitiva, parece buscar en un abrazo o en un simple contacto con la tierra el descanso y el respiro ante el vacío de la existencia.

Es Sauvage una película con una cierta tosquedad, imprecisa en sus marcas gramaticales y estilísticas. Se nota, sobre todo, en su voluntad de querer epatar un poco más de la cuenta a propósito del sexo explícito y la violencia brutal, aunque por fortuna Camille Vidal-Naquet sabe modular y compensar esos coqueteos con el exceso en los repliegues de ternura e inocencia, en la manera de acompañar y mirar a ese veinteañero avejentado, sucio, herido y melancólico que Félix Maritaud construye proverbialmente desde el propio desconcierto de un cuerpo a la deriva.

Y decíamos Bresson porque no hay aquí demasiada psicología ni certeza, por esa extraña manera de abrir caminos o encuentros y cerrarlos sin más recorrido, por ese carácter episódico que hace la vida de este chapero una suerte de camino de revelación hacia la conciencia de aquello que, incluso en los márgenes de la sociedad, lejos del confort y la normalidad burguesa, se nos antoja esencial y primario, aquello irrenunciablemente humano bajo la superficie de la sordidez y el mercado de la carne.