Laurel y rosas

La guerra del fenicio (I)

Ha llamado la atención mediática la hipótesis del profesor de la Universidad de Córdoba Antonio Monterroso Checa sobre “La ubicación del santuario de Melqart en Gadir: aportación de los datos PNOA-Lidar” (Revista Spal, 2021). Y la tiene, porque al santuario, uno de los más importantes de la Antigüedad, no se le ha prestado desde el punto de vista de la investigación arqueológica –y la política cultural– toda la dimensión que tiene en la historia. Y eso es en el fondo lo que reclama Monterroso: arqueología para confirmar –o no– la hipótesis. Sumar, en definitiva, aunque sea a contracorriente de la historiografía, apuntando al Cerro de los Mártires, en el suroeste de la actual área militar de Camposoto.

En cualquier caso, el profesor de la Universidad de Cádiz Lázaro Lagóstena, que asume gran parte de la hipótesis de Monterroso, no está de acuerdo en descartar el islote de Sancti Petri y su contorno marítimo-costero, como sede del templo de Melkart. En términos arqueológicos hace ya décadas que cuando se escribe “islote de Sancti Petri” los investigadores no se refieren tanto al actual emplazamiento del castillo de Sancti Petri, sino a un contorno que en gran parte permanece bajo el mar e, incluso, entre el limo del Parque Natural de la Bahía de Cádiz. Y que se extiende desde la punta del Boquerón a Rompetimones, el propio istmo de Sancti Petri e, incluso, como ha resaltado estos días el profesor Lagóstena, al caño y salina de Carboneros. Un gran espacio virgen de la presencia de arqueólogos o, si acaso, no lo suficientemente sondeado, tampoco por la arqueología subacuática.

En cualquier caso, en la lectura del texto de Monterroso apenas nadie –Paco Vázquez Cañas, sí– ha señalado lo que refiere de la propia ciudad de Chiclana, que en gran parte se asienta en otra hipótesis, esta vez de José Luis Escacena, profesor de la Universidad de Sevilla. Monterroso cita a Escacena, y este sigue la línea investigadora de Paloma Bueno y sus excavaciones en el Cerro del Castillo. Lo que nos interesa es que Escacena señala a partir de la paleogeografía que la entrada más probable a la Bahía de Cádiz en época fenicia, especialmente de los barcos procedentes del Mediterráneo –la inmensa mayoría–, era “el estrecho comprendido entre el actual islote de Sancti Petri y la población de Chiclana”. Y lo describe: “Este brazo de mar era mucho más ancho en los momentos arcaicos de la colonización fenicia, con lo que no eran tan pronunciadas como hoy las corrientes de marea. Dicha vía de acceso a la rada sería fácil de utilizar por la navegación procedente de su flanco oriental en las jornadas en que predominara el Levante, que en Cádiz son numerosas”.

Como afirma el propio Escacena, “si esta premisa fuera correcta”, los enclaves a tener en cuenta “serían básicamente el templo de Melkart, al oeste de la entrada, y el yacimiento del Castillo de Chiclana”. Es decir, utilizando su propia descripción, esta sería “la puerta simbólica y más estratégica” hacia la actual Cádiz y los demás asentamientos de las islas Gadeira, como Doña Blanca. Escacena añade que “por eso se sacralizó su flanco oeste con el santuario de Melkart y se protegió el este con un asentamiento dotado de potentes defensas” en el Cerro del Castillo. Y es más, precisa, “en consecuencia, a este segundo punto correspondería en principio la más antigua aplicación del topónimo Gadir”.

Por tanto, Escacena asume en su investigación, “Huelva-Aljaraque y el patrón poblacional fenicio en la costa tartésica” (Diputación de Huelva, 2018), lo que ya ha venido Paloma Bueno afirmando años atrás: que el Cerro de Castillo podría ser la base arqueológica que apoye el significado del propio nombre de Gadir como sitio amurallado. Esto, dicho así, solo como un origen nominativo, no llama quizás la atención tanto como debiera. El propio Monterroso refiere mucho más claramente lo que significa este modelo Santuario-Emporio que expone Escacena: “Que el concepto del primer Gadir fuese en realidad el yacimiento chiclanero”.

Monterroso no entra a discutir la tesis de Escacena, lo único que hace es corregirle a medias, desarrollando su idea de que “para esa ‘puerta’ hay un borne mejor que Sancti Petri” y que es el Cerro de los Mártires. “Esta punta se sitúa justo frente al fortín fenicio de Chiclana, formando una “puerta fenicia”, efectivamente: pero con dos bornes acordes en protuberancia, pertinentes con el resto de ejemplos de emporio-santuario en la costa tartésica. Ese lugar de Camposoto se sitúa a unos 20-30 metros sobre el nivel del mar actual, es decir, a unos 18-27 m s.n.m en época fenicia arcaica”, escribe. Es decir, idéntica al yacimientos del Cerro del Castillo, y en lo que desde la Oficina de Proyectos Urbanísticos del Ayuntamiento de Chiclana se ha denominado “Plataforma +20”. Monterroso no duda por tanto de que ese otro borne de la “puerta simbólica” de las islas Gadeira era el cerro del Castillo. Y Escacena, por su parte, confirma incluso que la “primera fundación de ambos”, es decir, de templo y del asentamiento que dio origen a Chiclana, hay que situarlo en el siglo IX a. C., lo que coincide con la tesis de Paloma Bueno.

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