Opinión Antes de la lluvia

Me permito el lujo de hacer este alegato precisamente porque no estoy en primera línea de la política. Si lo estuviera, diría cualquiera de ustedes que lo que estoy haciendo es justificar mi posición. Pero ahora lo puedo escribir, porque los Nadie no tenemos necesidad de justificarnos, y ese lujo, aunque cuesta aceptarlo, no deja de ser un alivio...

En este país se ha ido acrecentando a lo largo de los últimos años el desprecio a la actividad política y a toda aquella persona que la ejerce. En las últimas semanas, la cosa está llegando a puntos tan escalofriantes como pedir públicamente golpes de estado y barbaridades por el estilo. Es preocupante, muy preocupante.

Sin entrar a analizar los motivos que están haciendo crecer esta postura en la sociedad (que sería largo y complejo), sí creo importante destacar dos tipos de perfiles que comparten y se hacen eco de este tipo de mensajes: el primero es el de la persona asqueada que, ante la falta de entendimiento de la situación y sumida en necesidades sociales importantes a las que no encuentra respuesta, opta por la negación de todo y el miedo lo convierte en buscador de culpables. El segundo es el que sí tiene conocimiento, sus mensajes sí tienen un fin y el asqueo de personas como las primeras (que son la mayoría) sirven a su causa, por eso las jalean, las encienden y les dan carnaza.

Estas semanas de confinamiento me están sirviendo para volver a leer libros de historia, y no ha sido de manera fortuita. He vuelto a recorrer pasos ya recorridos para aprender sobre lo que nos está pasando. Porque la historia siempre se repite, nuestras reacciones no son originales, ni como personas ni como pueblo. Tras la Gran Depresión, a principios de los treinta fueron muy pocos los países de Europa que no sufrían el totalitarismo. A causa precisamente del gran asqueo que sentía la población ante la necesidad, el hambre y el miedo, personajes como Mussolini y Hitler consiguieron, contra todo pronóstico, hacerse con el liderazgo en sus países. Y paro de contar…

Y ahora, en pleno siglo XXI, en una democracia que se supone consolidada como España, hay cada vez más personajes pidiendo golpes de estado e intervenciones militares, y es cada vez mayor el número que les aplaude… Es para que se pongan los vellos de punta. Porque creemos que hay cosas que nunca van a volver a pasar, pero no… no estamos exentos de repetir la historia…

He estado algunos años ejerciendo cargos de representación política, y hace poco decidí dar un paso atrás y hacer otras cosas en mi vida. Pero nunca he dejado ni dejaré de hacer política. Ahora hago política participando de charlas, aprendiendo en coloquios, reuniones; hago política ofreciéndome a ayudar en situaciones como ésta, la hago intentando hacer algo de humilde pedagogía entre quien me rodea y combatiendo cara a cara a personajes como los descritos anteriormente. ¿Por qué? Porque hacer política no es más que participar y decidir cómo queremos llevarnos y cómo queremos organizarnos. Y porque si yo no hago política vendrán otros a hacerla por mí, y a lo peor, contra mí.

Es cierto que en los partidos políticos hay mucho sinvergüenza y gente aprovechada que busca el sitio (un secreto: desconfíen de los que siempre están de acuerdo con el Aparato; o piensan poco, o piensan más de la cuenta…) Yo he topado con gente con la que no me cruzaría ni la hora. Pero ésto no pasa sólo en los partidos políticos, pasa en cualquier grupo de personas, organización o empresa, aún más si esta organización tiene alguna posibilidad de alcanzar cotas de poder. Pero también es cierto que he visto a representantes públicos llorar de impotencia, dejarse las noches en vela y perderse mucho de su vida por estar ahí. Sigo viendo gente de la que aprendo mucho, gente que ejerce su labor de forma honesta y gente a la que le duele lo colectivo como propio. ¿Son los menos? NO. Son los más discretos, los que dan pasos atrás porque no tienen necesidad de dar codazos. Por eso la solución, lo gritaré cuantas veces pueda hacerlo allá donde me escuchen: la solución no es negar la política, ni quitarle al pueblo la soberanía nacional para dársela a un General. La solución pasa por que la gente honesta no se aparte, y dé pasos adelante, en cualquier ámbito, de cualquier forma y bajo la organización y las ideas que prefiera, pero AHORA, más que nunca, no podemos agachar la cabeza y mirar para otro lado.

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