Laurel y rosas 207 años de la “desocupación” francesa de Chiclana…

De entre todas las víctimas de la Guerra de la Independencia y el asedio francés a Cádiz suele olvidarse –o, peor aún, tratarse con desdén– a las principales víctimas: las entonces villas, las ciudades ocupadas, que padecieron la furia napoleónica. El heroísmo de Cádiz y de la Isla de León, inexpugnables entre la marisma y el mar para el ejército francés, no debería haber restado el reconocimiento evidente de que Rota, El Puerto de Santa María o, especialmente, Puerto Real y Chiclana fueron “mártires” de la guerra. La expresión es, sin duda, acertada.

El Primer Cuerpo del Mediodía de las tropas imperiales francesas destacadas en Andalucía llegó el día 4 de febrero de 1810 a Puerto Real, el 5 al Puerto y el 7 a Chiclana. “Durante los treinta largos meses de ocupación, la villa de Chiclana sufriría la peor de sus catástrofes conocidas, pues nunca antes se había conocido algo semejante, a pesar de haber sufrido una terrible epidemia de peste amarilla en 1800”, afirma José Luis Aragón Panés en su imprescindible libro “Chiclana de la Frontera durante la ocupación francesa de la Independencia: Crónica municipal 1810-1812”.

Imprescindible como todo lo que escribe José Luis, pero también porque a través de las actas municipales retrata con rigor esa cruel ocupación: “El 25 de agosto de 1812, las tropas imperiales abandonan la villa de Chiclana –escribe– dejándola totalmente empobrecida, arruinada y esquilmada. Sin embargo, los chiclaneros tras más de treinta meses de humillación viviendo bajo el yugo del invasor, aquella noche pudieron al fin levantar la cabeza, mirar al cielo y ver las estrellas en libertad”. El próximo domingo se cumple, por tanto, 207 años de aquella humillación de la que, realmente, no somos plenamente consciente. Porque comenzó incluso antes de los franceses. Comenzó cuando Francisco de Venegas, en nombre de la Junta Superior de Gobierno de Cádiz, ordena al Cabildo de Chiclana el 3 de febrero, con las tropas imperiales ya en Jerez, que vare en tierra la Barca del caño Zurraque. Antes de eliminar el único puente hacia la Isla y Cádiz, la orden precisaba que se admitirán “solo a jóvenes y hombres robustos que estuviesen bien armados”.

Y, en concreto, añade que no se dará paso “ni a mujeres, ni niños, ni ancianos”. Son innumerables los episodios recogidos por Aragón Panés de aquella Chiclana obligada bajo las armas a mantener y dar cobijo al ejército napoleónico. Pero rescato una carta de la autobiografía del oficial británico Alexander Dallas que ha traducido y recuperado el profesor Fernando Durán López. Esa misiva la escribe el futuro escritor a su hermana tras dejar Cádiz una vez que los franceses desisten y abandonan la Bahía entre el 24 y el 25 de agosto. “Estoy encantado de haber tenido oportunidad de ver la totalidad de las fortificaciones francesas en el Trocadero antes de que nos ordenasen marchar. También fui a Chiclana, su cuartel general, y muy cerca del escenario de la gloriosa batalla de La Barrosa. Esta´ terriblemente destruida; las casas de las personas que se habían ido a Cádiz ya no tenían forma de casas; las de quienes se quedaron las habían tratado bien y algunas ni las tocaron. Fuimos allí con un grupo grande de señoras y caballeros y mientras descansábamos, me entretuve hablando con un chiquillo que nos había traído agua. Me dijo que los franceses habían ahorcado a su padre por no entregarles algo de trigo que tenían y poco después su madre había muerto de hambre. ¡Que´ situación más horrible! ¡Que´ atrocidades han cometido esos hombres!».

La Asociación Pro Fundación Batalla de La Barrosa este año, y dentro de su programación anual, ha decidido con acierto que —al igual que cada 5 de marzo recuerda la batalla de Chiclana y sus más de tres mil víctimas sobre la playa de La Barrosa– quizás sea hora de que en torno a cada 25 de agosto se evoque la “desocupación” de las tropas francesas y se reivindique aquella Chiclana que tardaría aún décadas en recuperarse de aquel drama. La fecha elegida es este próximo jueves, día 22 de agosto, a las 20,30 horas en el jardín romántico del Museo Municipal Francisco Montes “Paquiro”.

El propio José Luis Aragón Panés reivindicará que aquellos chiclaneros –mujeres, niños y ancianos– fueron mártires, pero también héroes. El joven pianista Juan José Sevilla Valencia, mención honorífica del Conservatorio Superior de Badajoz, nos deleitará con un concierto en el que estrenará, además, la “General Graham’s Grand March at the Battle of Barrosa”, una partitura para piano datada en 1811 y compuesta por David Lee que la Asociación Pro Fundación Batalla de La Barrosa ha rescatado.

En ese escenario –y con tan precisa música– hará entrega también de la I Estrella de Plata en memoria de la Batalla de 5 de marzo de 1811 a Beltrán Domecq Williams, un reconocimiento que, de algún modo, también es para su abuelo, don Guido Williams Humbert, quien recordó la Batalla cada 5 de marzo entre 1946 y 1959 –hasta su muerte– en “Villa Violeta” y en la Loma del Puerco. Hoy Beltrán es quien custodia esa memoria y su legado. Porque la historia no debe olvidarse.

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