Chiclana

Renovarse o morir

  • La crisis económica ha empujado a algunas empresas de la localidad a transformar sus negocios para iniciar otra aventura empresarial que les salve del cierre definitivo

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Salir a flote. Esa es la consigna de muchos comerciantes de la localidad que se ven acorralados ante estos malos tiempos que azota a pequeños y medianos industriales. Salir a flote y, a ser posible, obtener buenas ganancias con cualquier idea que atraiga el interés de los compradores, también víctimas de la crisis económica.

Un claro ejemplo de iniciativa empresarial es la que ha puesto en marcha los responsables del antiguo Mercadito, situado en el polígono Urbisur, quienes han optado por abandonar su antigua ocupación y transformar radicalmente sus instalaciones en otro negocio del que confían obtener resultados que les salve del cierre. En concreto, este establecimiento se dedicaba hasta hace muy poco tiempo a la venta de una amplia gama de artículos de segunda mano que estaban distribuidos en una nave del citado polígono comercial.

El declive paulatino de esta actividad, sumado a la acuciante crisis, ha obligado a dar un giro de 180 grados a los trabajadores del Mercadito y comenzar otra aventura empresarial. En este sentido, lo que era el Mercadito se ha convertido en un rastro donde se pueden hallar mercancías que van desde objetos de cerámicas hasta artesanales o ropa de ocasión. "Es un rastro de todos para todos", matizaba Arturo Pardo, gerente de este nuevo negocio.

Lo que era El Mercadito, que abrió en Urbisur hace casi 10 años, ya es El Rasttro, un nuevo nombre para una nueva etapa empresarial. Pardo explicó que su proyecto, que ya se ha puesto en marcha, consiste en montar módulos o stands en el interior de la nave donde otros pequeños comerciantes ponen a la venta sus artículos tras abonar una comisión. La nave puede albergar un total de 120 módulos, cada uno de ellos con medidas de 1,5 metros de ancho por un metro de fondo, aunque también los hay de 2,5 metros de ancho.

De momento, ya existen más de una veintena de módulos ocupados por esos pequeños comerciantes. Artesanía, prendas de temporada y deportivas, libros, muebles antiguos (algunos de importación), electrodomésticos, cuadros, artículos de decoración y un sinfín de géneros para todos los gustos.

"Antes del verano comenzamos a fraguar esta idea de transformar la nave en un rastro, porque nuestro negocio no salía adelante. Era necesario renovar nuestra actividad comercial con el objetivo de esquivar esta crisis que ya afecta a un gran y preocupante número de pequeños y medianos empresarios", decía Pardo.

Este empresario, al igual que otros colegas del sector, es testigo del cierre de establecimientos que no han podido eludir esta mala racha comercial, que se antoja larga y que, al parecer, irá a peor. Por ello, la creación de El Rasttro supone el arranque de un nuevo negocio en la localidad, que ya tiene sus antecedentes en otros países europeos con un notable éxito comercial.

"En Holanda hay polígonos con multitud de naves montadas a modo de rastros dedicadas a la venta de mercancías. También existen estas instalaciones en Finlandia donde un familiar me dijo que incluso había una lista de espera de comerciantes para hacerse con la concesión de un módulo para montar su negocio", manifestaba Arturo Pardo.

Al fin y al cabo, no queda más remedio que innovar para no colgar el temido cartel de 'liquidación por cierre definitivo'. Chiclana es una de las localidades más afectadas por esta crisis económica que ha pegado fuerte en los sectores de la construcción y servicios. Pero no hay que olvidar el goteo constante de desempleados que genera el sector del comercio ante la imposibilidad de mantener la plantilla, un continuo e imparable goteo que desangra el tejido empresarial de la ciudad.

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