Crónicas del retornado

Justicia creativa

Don Luis de Góngora y Argote, que era un clérigo algo atrabiliario, además de un excelso poeta, escribió: “Da bienes fortuna / que no están escritos / cuando pitos flautas, / cuando flautas pitos…/ Porque en una aldea / un pobre mancebo / hurtó solo un huevo / al sol bambolea / y otro se pasea / con cien mil delitos…

Claro que esas cosas sucedían en el siglo XVII; ahora no, porque, en primer lugar la pena de muerte fue abolida ya en la II República, aunque restaurada por Franco en 1934. La vigente Constitución Española volvió a abolirla, si bien el código militar la mantuvo hasta 1995. Así que el mancebo no sería ahorcado por tan poca cosa. El de los cien mil delitos… Bueno, eso es harina de otro costal.

Por otra parte, dicha Constitución en su artículo 14 garantiza la igualdad ante la ley de todos nosotros, lo que abunda en las anteriores afirmaciones.

Con todo y con eso, la ley no es algo lineal e inamovible, es aplicable con diversos criterios; incluso algunos muy imaginativos o creativos. Ya lo dijo Cicerón en su momento: “Summum ius, summa iniuria”, y, si Cicerón lo dijo, sus buenas razones tendría.

Por ejemplo, y comenzamos a divagar, si un fulano es beneficiario principal de un robo y se dedica por añadidura a blasonar de ello, puede quedar absuelto por falta de pruebas. Se castigará severamente a los dos pobres individuos que le ayudaron de un modo o de otro a lucrarse con el dicho delito. ¿O no?

Caballero, dirá el docto lector, usted está disparatando. Pues tal vez, pero es que aún estoy bajo el impacto tragicómico de la sentencia dictada en el caso de Doña Cristina Cifuentes, esa masterizada dama por arte de birlibirloque poseída de ligeras tendencias cleptómanas. Claro caso, en mi modesta opinión, de una justicia extraordinariamente imaginativa o creativa.

A la cárcel tiene que ir todo aquel que transgreda las leyes, como bien han dicho voces autorizadas de la política y el foro. ¿Qué la ley está obsoleta y todo el mundo ande liado en un intento de reformarla? ¿Y qué? Si esa ley está vigente, se aplica, y punto. El caso del rapero Hasel lo ha puesto de manifiesto con nitidez. El retornado no se había molestado nunca en escuchar las coplas de este señor, entre otras cosas porque el rap me parece bastante vulgar, un monumento al ripio y musicalmente nada interesante; pero, en vista de la que se ha liado, uno se molestó en ver qué diablos había dicho y la verdad es que me pareció que este hombre resulta bastante maleducado y faltón. Hasta ahí. Pero, hombre, si hubiera que mandar al talego a todas las personas maleducadas y faltonas que andan por España, iba a haber que multiplicar por mil los centros penitenciarios. Y no te digo nada si hubiera que enchiquerar a todos los malos poetas que adornan hoy nuestro parnaso. En suma: que encarcelar al rapero me parece injusto y, sobre todo, francamente estúpido.

Está bien que la Justicia sea estricta y meticulosa; incluso, y perdonen la vulgaridad, que se la coja con papel de fumar, pero no estaría mal que eso sucediera en todos los casos. Por ejemplo en el del mejor Ministro de Economía de todos los tiempos (Aznar dixit). Toda comparación es odiosa, pero de vez en cuando uno cede a la tentación de resultar odioso. Vemos, no sin cierto asombro, cómo esa prócer figura de la política y la banca, sale tan campante de prisión sin que se hayan cumplido los requisitos establecidos por la ley; incluso puede permitirse darse un paseíto por Trafalgar Square, si se le pone en los nitos. Verdad que aún tiene causas pendientes, como la nadería de los 6,8 millones de Euros que birló a Hacienda, es decir, a todos nosotros. Dura lex, sed lex.

Podríamos añadir que la dicha igualdad ante la ley viene viciada del propio texto constitucional, cuando en él se contempla la inviolabilidad de un español: el Rey. Cuenta en su libro sobre el Emérito doña Pilar Eyre, que fue el propio Juan Carlos de Borbón quien impuso esta inmunidad a los Constituyentes en conversación con Adolfo Suárez. No tengo por qué dudar de lo escrito por Pilar, que suele ser una persona bastante rigurosa. En cualquier caso, de aquellos polvos vienen estos lodos, porque todos los desafueros cometidos por el Borbón en su etapa inmune quedan automáticamente fuera de cualquier jurisdicción. Y ahí le tenemos tan fresco en su dorado exilio o fuga sin que nadie sepa a ciencia cierta qué piensa hacer en su caso nuestra muy creativa o imaginativa justicia.

Pues sí: igualdad ante la ley “secundum quid”, y ya me estoy pasando con los latinajos. Demasiadas excepciones, opino yo. Demasiados aforados y aforamientos, añado. El poder legislativo tiene la palabra.

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