Crónicas del retornado Fiestas nacionales

En todos o casi todos los países se celebra una fiesta nacional. Por favor, no se metan ustedes en complicaciones, ni se molesten en dilucidar las diferencias entre los conceptos de “estado” y “nación”, porque entonces nos liamos y no nos ponemos de acuerdo.

La fecha y el modo de celebrar esta fiesta varía mucho y, aún más, el grado de participación en el festejo por parte de ciudadanos y autoridades. Por ejemplo, en los Estados Unidos de América el Día de la Independencia se celebra el cuatro de julio, porque el cuatro de este mismo mes de 1776 los congresistas encabezados por Thomas Jefferson firmaron el documento que formalizaba la separación de trece colonias británicas de su antigua metrópolis, el Reino Unido.

A mi me gusta mucho el modo en que los norteamericanos celebran su fiesta nacional, porque nada de desfiles militares: partidos de beisbol, fuegos artificiales, carreras, animados desfiles cívicos con carrozas, majorettes, globos y musiquilla marchosa. Tengo la impresión de que la gente participa mucho en todas las celebraciones y no hace demasiado caso a los obligados e inevitables discursos políticos. A lo mejor desde nuestra absurda y pretenciosa perspectiva europea encontramos algo horteras este tipo de manifestaciones, pero deseo romper una lanza a favor de la horterada popular. Puntualizo: otros aspectos del “modo de vida americano” no acaban de convencerme.

En el Reino Unido tampoco hacen desfiles militares. El “Boxing Day” es el veintiséis de diciembre y antaño las iglesias abrían el cepillo de las limosnas para repartir dinero a los pobres. Por lo que me cuentan, ahora son los empresarios quienes dan una especie de aguinaldo a sus trabajadores. O sea, una fiesta de carácter económico, como no podía ser menos en unos países de considerable sentido comercial. Como también les gusta mucho el deporte, en esta fecha hay numerosos partidos, incluso de ese incomprensible deporte llamado “cricket”.

Para no aburrir, acabaremos con el catorce de julio en Francia, día en que se conmemora la toma de la Bastilla, símbolo del enterramiento del antiguo régimen y el teórico nacimiento de la igualdad, la libertad y la fraternidad. Aquí sí que hay desfile militar, porque en realidad se conmemora un hecho de armas protagonizado por el pueblo contra la monarquía absoluta de los Capeto.El grado de implicación ciudadana depende bastante de edad y orientación política, según he comprobado personalmente.

La gente de más edad y más conservadora se siente especialmente patriota en esas fechas, en tanto que los más jóvenes y progresistas se lo toman menos a pecho. El viejo y querido George Brassens cantaba que ese día se quedaba en la cama tranquilamente, porque las músicas militares se la traían floja, y perdonen la libertad en la traducción.

¿Y nosotros, los españoles? De sobra lo saben ustedes, porque hace una semana tuvo lugar una muy protocolaria celebración del doce de octubre. Por lo que puedo inferir a través de prensa y televisión aquello se parecía a esas odiosas celebraciones familiares obligadas, en las que miembros de la familia que se odian cordialmente se ven forzados a encontrarse bajo la presidencia de un paterfamilias más bien antipático. También una pequeña parada militar en el Patio de Armas, a falta del aparatoso desfile de los años no pandémicos.

Los auténticos patriotas, es decir, la derecha ultramontana, obligada a prescindir de tan buena ocasión para insultar al Presidente del Gobierno, hubieron de conformarse con echarse a la calle en manifestaciones completamente ilegales para vociferar a sus anchas de forma impune. Creo que la tolerancia gubernamental fue excesiva al no intervenir contra este modo de delincuencia organizada. Es que no aprendemos.Pero, pasando al fondo de la cuestión, no acabo de comprender cómo un hecho sólo parcialmente bélico, como es el del encuentro con América, hay que celebrarlo con desfiles militares. La parte positiva del evento es, desde mi punto de vista, el encuentro entre culturas, violento sólo en su parte menos agradable.Al otro lado del Atlántico hay quienes reclaman una petición de perdón por la conquista. Me parece bien, siempre que los aztecas se lo pidiesen a los otros pueblos mexicas por ellos sojuzgados y esclavizados. Los mitos indigenistas son tan estúpidos, como los mitos patrioteros españoles.

Personalmente preferiría unas celebraciones más civiles y menos militares, y eso que yo sí que hice la mili con todas las de la ley, y no como ciertos “patriotas”. Quiero decir que no tengo nada contra el Ejército, pero cada cosa a su tiempo.

De todos modos, y sin profundizar demasiado, ¿no es bastante grotesco eso de “el día de la raza”? Es un concepto por fortuna caído en desuso, pero que estuvo vigente durante toda la dictadura. ¿Qué raza? ¡Pero si nosotros mismos, los españoles, somos una especie de “mil leches”! ¿Y si, encima, metemos en el mismo saco a todos los amerindios? ¡Qué estupidez!

Tags

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios