A sangrefría

Los pulsos al Falla

EL Concurso del Falla está acostumbrado a los pulsos. No son nuevos. A lo largo de su historia han sido muchos los autores que, desengañados, han proclamado el ahí te quedas. Algunos han vuelto luego y otros no. En una fiesta tan pasional, en un certamen capaz de romper amistades y hasta familias, la ira y la soberbia son pecados capitales totalmente perdonables. Por eso nadie se debe llevar las manos a la cabeza porque diferentes grupos estrenen sus coplas lejos de Cádiz. No sólo tienen derecho a hacerlo, sino que si son capaces de ganarse la vida cantando Carnaval benditos sean. Otra cosa bien distinta es ser capaces de mantener durante años esa devoción sin pasar por las tablas del Falla, del centro del universo carnavalesco, donde se ganan y se pierden razones. Porque Juan Carlos, los Carapapa, Martín, Martínez Ares, hasta Paco Alba si quieren, se granjearon su fama en el Concurso. Es cierto que a veces obtuvieron el respaldo popular sin ganar, no creo que sea necesario llevarse el Primero para despertar admiración, pero someterse a esa presión, a esa tensión competitiva, a un jurado, el medirse a los mejores del mundo en su especialidad, siempre hay que valorarlo. 

 

El Concurso ha empezado y lloverán las coplas a los ausentes. Todas serán aplaudidas. Las que les dan la razón por valientes y las que los critican por traidores de no se sabe qué. Este año seguirán siendo protagonistas indudables a pesar de no estar. Mi duda es saber ¿qué pasará en el futuro?, ¿qué ocurrirá cuando otro grupo pegue un pelotazo en Cádiz? ¿habrá indemnización a los cantantes despedidos por el autor?, ¿quién manda en una compañía carnavalesca de gira por media España pero donde todos ponen el mismo dinero para el montaje, la caracterización, el maquillaje? Y lo mejor, o lo peor de todo, es que en el Concurso todos son necesarios pero nadie imprescindible. Y cuando un pasodoble levanta el vello y el gallinero truena recuerdo eso de a rey muerto, rey puesto.

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