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Hay motivos para creer

  • El juego colectivo, media temporada en las alturas, partido en casa...

Jona y Álex Fernández celebran un gol del Cádiz. Jona y Álex Fernández celebran un gol del Cádiz.

Jona y Álex Fernández celebran un gol del Cádiz. / fito carreto

El Cádiz juega hoy su particular final de la Champions. Es ahora o nunca, un partido a vida o muerte sin penesar en que pasará después. La victoria abre la puerta del éxito y la derrota, la de la decepción aunque el objetivo inicial de la temporada era el de la permanencia. La misión es complicada pero hay motivos más que suficientes para creer en el triunfo de un equipo que confía en sus posibilidades.

Más de media Liga en la zona noble: El equipo acumula méritos de sobra en la parte alta de la clasificación. Pese al recorrido irregular que dibuja en la segunda vuelta, ha sido capaz de aguantar y llegar al tramo decisivo con la ventaja que supone depender de sí mismo para acceder a la fase de ascenso. Hace menos de dos años estaba en Segunda División B y es el segundo año consecutivo que se mete de lleno en la batalla por el ascenso a Primera. El cambio de vida en tan poco tiempo es una invitación a disfrutar del presente.

Solidez: La pésima imagen que ofreció hace siete días en el Mini Estadi no es la habitual de un equipo que se ha caracterizado por su eficiencia defensiva que le hacer ser con diferencia el menos goleado de la Liga. La derrota en el terreno del Barcelona B fue un inoportuno accidente que no puede repetir. Mantener la portería a cero es la clave de la buena marcha en general del Cádiz, aunque hoy también debe perforar la del rival porque ahora sí que necesita los tres puntos. Uno quizás sería insuficiente.

El bloque: La filosofía que impera en el vestuario es que el bien colectivo está por encima del individual. El Cádiz cuenta hoy con tres bajas de peso -Garrido, Salvi y Barral- pero con fidelidad a su idea de que el trabajo en equipo es el camino para encontrar los resultados. Álvaro Cervera no podrá alinear su once de gala, pero juegue quien juegue por encima de todos el que está representado sobre el césped es el conjunto amarillo.

Juega en casa: El Cádiz se juega en el Carranza buena parte de sus posibilidades de clasificarse para el play-off. Las entradas se agotaron a mediodía del miércoles y se prevé la mayor afluencia de público de la temporada. La afición va a apoyar más que nunca a un equipo que en su feudo suele mostrarse fuerte. La referencia es el último partido como local, resuelto con victoria frente al Real Zaragoza con una solvencia que es la que hoy debe sacar a relucir para quedarse con los tres puntos ante un potente adversario.

Ocasión de oro: La llama de la ilusión permanece intacta. El Cádiz sigue muy vivo y tiene la oportunidad de volver a pelear por dar el salto a la élite. La necesidad de ganar conlleva una presión, un elemento consustancial al deporte profesional. En el caso de los amarillos no es la misma presión que tienen que soportar otros rivales que sí están obligados a ascender (Sporting de Gijón, Real Zaragoza, Osasuna…). La presión del Cádiz es sinónimo de ilusión, la de un equipo y una afición que sueñan con volver a Primera 13 años después. Si consigue entrar en el play-off, será un hueso muy duro de roer.

El destino: El calendario, caprichoso, depara un enfrentamiento contra el rival que la pasada temporada frenó la carrera del Cádiz hacia el ascenso. El Tenerife esta vez está -casi- apartado de la batalla y le toca avanzar al conjunto amarillo, que debe ganar la recompensa sobre el terreno de juego.

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